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20-04-2026

 

Azcona y Ferreri en Italia: tragicomedia y meditación

 

Después de ‘El pisito’ (1958) y ‘El cochecito’ (1960), la pareja creativa integrada por el guionista riojano y el director italiano se prolongó durante años con abundantes ‘commedie all’italiana’ apenas vistas y valoradas en España

 

 

SANTIAGO LOMAS

Universidad de Salamanca (@usal)

Dentro de la historia del cine español, El pisito (1958) y El cochecito (1960) no solo representan las dos primeras películas firmadas por Marco Ferreri como director y Rafael Azcona como guionista. Ambas encarnan lo que estudiosos como Santos Zunzunegui o José Luis Castro de Paz han dado en llamar un “cine del esperpento”, que se nutre de la propuesta estética planteada por Valle Inclán con la deformación grotesca como vía ideal para indagar en profundidad en lo español. En esa genealogía de títulos se suelen citar otros dirigidos por Luis García Berlanga y muchas veces coescritos por el propio Azcona, como Plácido (1961) o El verdugo (1963), pero también El extraño viaje (1964), de Fernando Fernán Gómez, e incluso la filmografía contemporánea de Álex de la Iglesia. Todos ellos presentan un marcado humor negro y vitriólicas miradas a problemas existentes en la sociedad y la cultura española.

 

Sin embargo, muy poco se suele decir sobre la prolongación en Italia de la colaboración creativa entre Marco y Rafael. Puede que sea por la circulación más limitada de esas películas en España, o quizás porque el énfasis en los vínculos entre la estética grotesca y la identidad nacional lleva a cierto cortocircuito a críticos y académicos españoles cuando esas propuestas estéticas se desarrollan en otro contexto nacional.

 

 

De hecho, el cine italiano tiene su propia tradición de cine que combina la comedia con la sátira social profunda, muchas veces con marcados humor negro y pesimismo: la commedia all’italiana. Curiosamente, en diversas monografías italianas Ferreri y Azcona aparecen citados como integrantes de esta tradición, donde destacaban cineastas como Mario Monicelli, Dino Risi o Pietro Germi. Más allá de lo nacional, se aprecian afinidades estéticas, narrativas, formales, temáticas… que apuntan a múltiples puntos de contacto entre las culturas española e italiana, con sus respectivas censuras cinematográficas, herencias católicas y conservadurismos. No es este el lugar para abordar estas cuestiones en profundidad, pero sí para animar a explorar y revisar el cine de Ferreri y Azcona en Italia.

 

Humor incómodo y grotesco

Una de las primeras intervenciones en pareja del binomio Ferreri-Azcona en Italia es el proyecto Mafioso (1962), que acabaría dirigiendo Alberto Lattuada y protagonizando Alberto Sordi. Se suele decir que Ferreri iba a dirigirlo, pero que no quiso asumirlo cuando le impusieron a Sordi en el papel principal. Fuera o no cierto, la trama nos presenta a un siciliano que ha logrado prosperar y formar familia en la rica e industrial Italia del norte. Durante unas vacaciones en su isla, deberá agradecer las ayudas del pasado para mejorar la vida de Don Vincenzo, el mafioso local, que le encarga el asesinato de un hombre como pago. Carcomido por el miedo, Antonio tiene que afrontar el asesinato de una persona que no conoce para poder continuar con su vida, satisfecha de necesidades materiales. La combinación de comedia y tragedia se lleva así al límite en un relato que guarda bastantes puntos de contacto con la narrativa posterior de El verdugo (1963), con ese padre de familia que debe ejecutar a otro ser humano para salir adelante. La película italiana, titulada en España El poder de la mafia, obtuvo la Concha de Oro del Festival de San Sebastián.

 

Entre las que sí dirigió Ferreri en esos años, resultan especialmente emblemáticas L’ape regina (La abeja reina, 1963) y La donna scimmia (1964, traducida a saber por qué como Se acabó el negocio). En la primera se presenta a un comercial que conoce a una joven virgen de una familia muy católica que, tras el matrimonio, agota sexual y vitalmente a su marido hasta quedar embarazada. En la segunda, un buscavidas que descubre a una joven repleta de pelo decide explotarla comercialmente como atracción principal de un espectáculo donde es presentada como mujer primate. En ambos títulos figura como protagonista el gran Ugo Tognazzi, uno de los principales actores de la commedia all’italiana, y se exploran temas como la conflictiva relación entre sexualidad y catolicismo o la explotación de la mujer en la cultura popular. En la última, Ferreri y Azcona llevan lo grotesco especialmente lejos, con momentos tan delirantes e incómodos como la boda de sus protagonistas, en la que él pone a cantar por la calle a ella, micrófono en mano entre la gente, “Blanca y radiante va la novia”… mientras llora.

 

 

Hacia la abstracción

Las siguientes películas de la pareja creativa evidencian un distanciamiento respecto a la comedia y se orientan hacia coordenadas más abstractas. Aunque la mirada es satírica y se mantienen ciertas dosis de negrura y crueldad con los personajes, las temáticas exploran inquietudes y angustias humanas de manera más frontal. L’uomo dei cinque palloni (1965) presentaba a Marcello Mastroianni como un industrial que entraba en crisis al empezar a preguntarse cuánto aire puede caber en el interior de un globo. El productor, Carlo Ponti, contempló con recelo el desarrollo del filme (difícil rentabilidad, posible daño a la imagen de su estrella) y decidió recortarlo para incluirlo, ya abreviado, en una película compuesta por tres episodios. Sin embargo, Ferreri conseguiría estrenarlo como largometraje años después, renombrado entonces como Break-up. Otro ejemplo posterior es L’udienza (La audiencia, 1972), con un argumento de la pareja que reformula el de El castillo, de Franz Kafka, pero en el contexto de El Vaticano, con un protagonista empeñado en hablar con el Papa y las barreras burocráticas e institucionales que se lo impiden.

 

De esta etapa el título más conocido es La grande bouffe (La gran comilona, 1973), que presenta a cuatro hombres (Mastroianni, Philippe Noiret, Michel Piccoli, Tognazzi) cansados de la vida que deciden encerrarse en una casa a ingerir comida (mucha comida) y practicar sexo hasta morir. La película es una de las reflexiones más explícitas y agresivas de Ferreri sobre la sociedad de consumo y sus lógicas (valga la redundancia) consumistas, basadas en la ingesta/adquisición acumulativa de bienes materiales con la promesa de conseguir la felicidad si seguimos esas dinámicas. El pesimismo y la radicalidad de la cinta se vieron acompañados de escándalo en su estreno en el Festival de Cannes.

 

El cine de Ferreri fue potenciando cada vez más esa línea más abstracta y simbólica, y las colaboraciones con Azcona se fueron espaciando en el tiempo. Ferreri trabaja con otros y otras guionistas en películas donde reaparecen temas como la masculinidad en crisis en el mundo contemporáneo. El realizador concibe a las mujeres como más capaces de afrontar y liderar el futuro, a partir de visiones del presente más o menos pesimistas o apocalípticas.

 

Un último reencuentro de la pareja (con cierta voluntad de retornar a la comedia) fue la tardía Come sono buoni i bianchi (1988), cuyo título (¡Qué buenos son/están los blancos!) fue traducido inexplicablemente como Los negros también comen. Con un reparto internacional que mezcla a Michele Placido con Michel Piccoli o Juan Diego, presentaba en clave satírica la travesía de un grupo de europeos con una misión aparentemente humanitaria en África que acabarán siendo devorados por algunos de aquellos a los que en principio querían ayudar.

 

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