– ¿Le censuraron en la gala del año pasado por llevar un lazo naranja en apoyo a los trabajadores de RTVE?
– Observo con tristeza cómo ha cambiado la gala desde los tiempos en que la presentaba Animalario hasta el año pasado, cuando se nos empieza a pedir que firmemos un papel en el que nos comprometemos a no saltarnos el guion para que supuestamente no se vayan los tiempos. Un papel que, por cierto, muchísima gente no firmó. Solo a mí se me pidió que lo firmara en el último momento, justo antes de entrar en la alfombra roja y poco después de que apareciera en Twitter una foto mía en la que llevo el lazo naranja. Tú imagínate: hay un momento de cierta violencia porque te han hecho llegar hasta allí, perder el tiempo con ensayos y luego, en el último momento, te dicen que o firmas o no sales. Yo reacciono muy mal a los chantajes. No fue problema del guion. En los ensayos ya nos habíamos saltado el guion y a nadie le importó.
– ¿Va a acudir a la próxima gala?
– No creo que esté invitado, porque el productor ejecutivo [Emiliano Otegui] creo que va a ser el mismo. Hay una cierta intención de que no se diga en la gala nada que moleste, aunque sea cierto.
– ¿Y si le nominan?
– Sería muy bonito de comprobar [risas]. Pero realmente, ¿cuántos personajes de comedia son premiados? Lo de Carmen Machi y Karra Elejalde del año pasado es anecdótico. Tradicionalmente, todo lo humorístico, lo popular, lo mundano, lo dionisíaco está mucho peor visto que lo elevado, lo que tiene que ver con los dioses. Por eso los grandes actores multipremiados se pegan por hacer papeles de discapacitados. Quieren hacer el papel megadramático, el ultradramático, el supradramático… Cuantas más discapacidades tenga el personaje, mejor.