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19-05-2020

Archivo AISGE (2017)



Carmen Balagué


“El que se dedica a esto es actor o actriz hasta el fin de sus días”


Cuando le alcanzó la fama con ‘Aquí no hay quien viva’ ya llevaba cubiertas muchas etapas de su carrera en el teatro, el cine y la televisión. Aún sigue en ella, sin meta en el horizonte


PEDRO PÉREZ HINOJOS

Cuando los abuelos de Carmen Balagué (Barcelona, 1952) discutían, en algún momento se decían uno a otro: “Pero tú que te crees, ¿una artista o qué?”. Y no en tono encomiástico, precisamente. Quién les iba a decir que su nieta acabaría convirtiéndose en “una artista”, pero no como fruto del capricho y la indolencia, sino como el premio a una singladura vital jalonada de trabajo duro y tenacidad, pies siempre en la tierra y sueños invencibles. Su largo camino en cine, teatro y televisión disfruta ahora de una estación especialmente placentera.


- Grabando Tiempos de guerra y Cuéntame y de gira con la obra Los universos paralelos. ¿Cómo se las arregla para llegar a todo?

- Con mucha energía y también con mucha ayuda de la gente con la que trabajo. Me hace especial ilusión seguir con la gira de Los universos paralelos. Es un verdadero regalo, una función preciosa que disfruto muchísimo junto a Malena Alterio, Belén Cuesta, Daniel Grao e Itzan Escamilla. Nos dirige David Serrano, al que adoro. Nos conocimos en Buena gente y fue como un amor a primera vista.


- Solo le faltaba una película para quedarse sin respiro del todo…

- Precisamente tuve que decir que no con todo el dolor de mi corazón a una oferta para trabajar con el director iraní Asghar Farhadi, que ha rodado en España su última película [Todos lo saben] con un reparto espectacular. Pero ya estaba comprometida y me era imposible llegar a todo.


- Repasando su carrera, llama la atención su regularidad. Casi nunca le ha faltado trabajo. ¿Eso cómo se hace?

- Digamos que siempre me planteé mi trabajo de actriz sin fijar expectativas desorbitadas y aceptando aquellos papeles que me gustan y para los que me siento capacitada. Y la verdad es que no me ha faltado trabajo ni en Madrid ni en Barcelona, en televisión, teatro y cine.



- Un montaje de Oficio de tinieblas es el primer hito de su carrera a finales de los setenta. ¿Qué hubo antes de llegar a ese momento?

- Pues… mucho trabajo y distintas ocupaciones [risas]. Estudié hasta cuarto de Bachillerato e hice secretariado, y luego me puse a trabajar en una oficina. Paralelamente coincidí con gente que hacía teatro amateur y me uní a ellos. Me picó el gusanillo de la interpretación, pues en mi familia no hay antecedentes ni yo puedo decir que tuviera una vocación temprana. Uno de aquellos amigos tenía una cámara Super 8, comprábamos película y rodábamos cortos los fines de semana para nosotros y nuestro círculo. Luego hicimos el montaje de Oficio de tinieblas, con gira los fines de semana. A continuación me surgió una oportunidad con una productora de televisión alemana que rodó un telefilme en Barcelona: tras pasar un casting me escogieron como protagonista. La rodé aprovechando las vacaciones en mi empresa. Porque yo seguía trabajando en la oficina...

 

   Una persona crucial en la vida y en el compromiso profesional de Carmen Balagué es su marido, Joaquín Oristrell, director y guionista. Junto a él ha trabajado en películas y series, y ha sido también el compañero que le anima a seguir adelante, con una perseverancia y una complicidad que tiene mucho del espíritu de La La Land, según lo narra la actriz.


- ¿Cómo fue ese momento en que decidió que lo suyo era ser actriz?

- No fue de ninguna manera especial. Hacia 1979, Joaquín y yo decidimos viajar a Madrid porque era donde se encontraba la verdadera industria y donde se podía hacer una  auténtica carrera. Y estuvimos aproximadamente un año y medio, alternando trabajos de actor con otros más alimenticios. Buscándonos la vida, vaya. Pero no cuajó. Regresamos a Barcelona y, tras otra estancia larga allí, volvimos a Madrid. Ya no nos movimos.


- A la segunda fue la vencida.

- Eso es. Joaquín es tenaz y tenía claro que, si se resiste, se gana. Su vida es escribir. Llevamos juntos 41 años y no deja de sorprenderme. El secreto de una convivencia tan larga es la admiración por el que está a tu lado, tanto por lo profesional como por la persona. Eso se da, no se busca.

 

- ¿Hubiera sido su carrera igual de no haber tenido a Joaquín a su lado?

- Claro que no. He trabajado varias veces con él, me he nutrido mucho de él. Y él de mí también. 



- ¿Con qué trabajo se dio cuenta de que ya no había marcha atrás?

- Digamos que desde que hice la serie Platos rotos [1985], con María José Alfonso, Verónica Forqué o Jesús Bonilla, que fue mi primer papel importante en televisión, ya no he dejado de encadenar trabajos. Aunque si tuviera que recordar uno que me marcó y que para mí es inolvidable, mencionaría una serie que hice en los primeros noventa, Hasta luego cocodrilo, que dirigía Alfonso Ungría y que escribió junto a Oristrell. Fue una experiencia única, cinco capítulos como cinco películas, una superproducción de las que apenas se han hecho en España. Era la historia de un grupo de amigos y su evolución. Allí coincidí con Carlos Hipólito, Helio Pedregal, Chema Muñoz, Jesús Castejón, Cristina Marcos…  Con algunos he coincidido después en el trabajo y con otros no, pero con todos conecto enseguida al verlos. Es una relación maravillosa.

 

   Más de medio centenar de películas y series acumula desde entonces Balagué, que puede presumir de haber trabajado a las órdenes de cineastas de la talla de Pedro Almodóvar, Manuel Gómez Pereira, Manuel Iborra, Chus Gutiérrez o Mariano Barroso. Y lo mismo podríamos decir de sus pasos encima de los escenarios, con montajes conducidos por eminencias como Ernesto Caballero, John Strasberg, Natalia Menéndez o Cristina Rota. Ello es prueba evidente de la ductilidad de una actriz que, sin embargo, para el gran público sigue y va a seguir siendo una de las vecinas locuelas en la disparatada comunidad de Aquí no hay quien viva.

 

- Hace años que dio vida a 'la Chunga', pero aún no se ha librado de ese personaje en la calle. ¿Cómo lo lleva?

- No me cansa, me lo pasé muy bien en aquella serie, aunque fuera todo un poco caótico. Trabajábamos muchas horas, a veces sobre la marcha, pero tuve el honor inmenso de conocer a Mariví Bilbao (una mujer excepcional), Emma Penella, Fernando Tejero, José Luis Gil… La verdad es que apenas he sufrido experiencias negativas en el trabajo. En ese sentido también me ha acompañado mucho la suerte.

 

- ¿Ha lamentado no haber encarnado un papel protagonista?

- Yo soy secundaria y lo digo con todo el orgullo del mundo. No me las quiero dar de humilde: es que estoy a gusto. La vida me lo ha puesto así y yo también me lo he buscado en parte. Es lo que me toca: disfruto muchísimo y me pagan por ello. Me siento una privilegiada. Echo la vista atrás y compruebo que ha sido una vida muy buena.



- ¿Le hubiera gustado hacer más teatro que cine o televisión?

- Está muy bien como ha ido. Y me siento cómoda, o incómoda, por igual en los tres. El teatro es muy exigente; no hay nada más duro que los ensayos. Será por inseguridad o porque siempre es complicado el proceso de búsqueda del personaje, pero lo cierto es que es un trabajo agotador, respiras con alivio cuando lo pasas. En el cine y en la televisión eso no ocurre porque todo es más inmediato, se ensaya muchísimo menos.


- ¿Es muy rigurosa a la hora de elegir sus trabajos? 

- Especialmente en el teatro. Me gusta saber cómo son los ensayos, qué  director y qué compañeros voy a tener, qué tipo de función es. Eso es muy importante porque, si no escoges bien, un trabajo donde te expones tanto te pasa factura. Se puede pasar muy mal.

 

- En su repertorio aparece más comedia que drama. ¿Ha sido algo elegido?

- Siempre me han ofrecido más personajes de comedia que de drama. Creo que estoy dotada para dicho género, pero el drama se me da también de maravilla. En Los universos paralelos, por ejemplo, que gira en torno a una tragedia terrible, el autor del texto hace hincapié en que no se abuse de las lágrimas en los momentos dramáticos, porque ya lo son en sí, pero sí aconseja aprovechar los momentos de humor y distensión.

 

- ¿Y hasta cuándo durará esto para usted?

- No me pongo límites. Si tengo salud, siempre hará falta una abuela, una vecina o una señora mayor. Me hizo gracia cuando fui a hacerme una revisión médica y la doctora me dijo: “Me alegro de conocerla, me han dicho que usted fue actriz”. Y yo me sorprendí y le dije: “No fui actriz, soy actriz” [risas]. Soy de las que piensa que, el que se dedica a esto, es actor y actriz hasta el fin de sus días.

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