¡Qué éxito el de aquella película!
Dormir y ligar, la imposible fusión
La gran eclosión popular del prolífico Mariano Ozores llegó con un guion disparatado a seis manos que lo confiaba todo a la vis cómica de un Alfredo Landa en su apogeo. 1,1 millones de espectadores pasaron por taquilla en 1974 para descacharrarse
JAVIER OCAÑA (@ocanajavier)
La contraportada del libro de memorias de Mariano Ozores, titulado Respetable público: Cómo hice casi 100 películas, no llama a engaño: “Yo supongo que el que haya comprado este libro —si no lo ha hecho porque su grosor es el indicado para calzar la pata de esa mesa que siempre ha cojeado— es porque tiene curiosidad por saber cómo hay un tipo que ha podido hacer casi cien películas, teniendo en contra a casi toda la crítica cinematográfica y a un nutrido grupo de los llamados estudiosos del séptimo arte, a los que se han unido en su desprecio todas las administraciones públicas que han existido desde 1959 hasta la fecha. No tengo más que una posible respuesta a este enigma: esas películas han gustado a esa masa compacta, caprichosa e incomprensible llamada público”.
Ozores (1926-2025) pocas veces hizo un cine joven, pero sí popular. Goya de Honor en 2016, durante muchos años encontró al público. De un modo u otro, el director y guionista, Fernando Esteso y Andrés Pajares conformaron una idea de la sociedad española, y en cada época se puede rastrear cómo era este país, con su ocio y sus risas, a través de lo que triunfaba. No nos engañemos: ahora también. Sin embargo, antes de que llegara esa serie de éxitos, cuando tras el descomunal triunfo de Los bingueros (1979) Ozores encadenó un ritmo de producción con seis películas anuales entre 1980 y 1982, el madrileño ya logró la gloria con títulos muchas veces descacharrantes. Y ahí Dormir y ligar: todo es empezar, de 1974, se lleva la palma.
La película estaba basada en una idea de Juan José Alonso Millán que después habían trabajado tres guionistas muy distintos: Juan Antonio Porto, colaborador de Pilar Miró y Pedro Olea, con merecida fama de intelectual; Alfonso Paso, exitoso dramaturgo de teatro (y cine) popular, y Rafael Romero Marchent, hombre de cine de cualquier género, sobre todo de wésterns, posterior cocreador de Curro Jiménez. “A pesar de tantos autores de prestigio, el guion, para qué nos vamos a engañar, era muy malo. Yo trabajé en él con entusiasmo y, después de muchos esfuerzos, seguía siendo muy malo”, afirmó Ozores. Pero habían contratado a Alfredo Landa, había que rodar deprisa porque el actor tenía múltiples compromisos, y se metieron a ello “con ilusión”.
El argumento de Dormir y ligar… va atado al título. Saturnino, el ñapas del pueblo, el que todo lo arregla, el que lo mismo trabaja para el Ayuntamiento que para la ciudadanía, dedica sus días a la gente y, a la hora del crepúsculo, lo único que quiere es descansar en su cama. Su esposa, en cambio, anda desesperada e intenta sin éxito mil y un trucos para que se fije en ella para las necesarias labores nocturnas en la vida de las parejas. Por entonces ya existían los cameos, y Kiko Ledgard (presentador del Un, dos tres… responda otra vez, en antena desde dos años antes), además de Concha Velasco, Carmen Sevilla, Paco Rabal y el propio Paso, coguionista, intervienen haciendo de sí mismos en una elección de Miss España que se convierte en enredo y en redención para el trabajador que interpreta Landa. 1,1 millones de espectadores vieron la película.