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20-07-2026

 

La Fundación AISGE supera los 200 alumnos en sus programas de salud mental para artistas

 

Los encuentros, que empezaron hace dos años en Madrid y se han extendido a otras cinco ciudades, superan ya las 300 horas de formación

 

 

NANO AMENEDO (@aisge)

Lo que comenzó en marzo de 2024 como una experiencia piloto y puntual de psicoeducación aplicada a las artes escénicas se ha convertido, apenas dos años después, en uno de los programas de formación en salud mental más ambiciosos y consolidados de la actividad asistencial que la Fundación AISGE desarrolla para sus socios y socias, la inmensa mayoría de los actores, actrices, bailarinas y bailarines afincados en España. La iniciativa, pionera en su empeño por impartir nociones de salud mental específicas para artistas audiovisuales, ha superado ya la cifra de 230 profesionales de la interpretación que han participado en estos encuentros, charlas, cursos y talleres. La cifra seguirá creciendo a la vuelta de verano puesto que la Fundación, en vista de la gran acogida de estas actividades, ha decidido redoblar sus esfuerzos en esta novedosa línea de actuación.

 



 

La iniciativa tomó forma ante el convencimiento de que el colectivo profesional se encuentra muy expuesto a episodios vinculados con el miedo, la frustración o la incertidumbre. En un contexto profesional muy marcado por los altibajos laborales, la exposición permanente a la evaluación, la intermitencia, la intensa implicación emocional de los procesos creativos y la dificultad para encontrar espacios donde compartir estas experiencias, la Fundación AISGE decidió impulsar un proyecto específico para responder a las necesidades psicológicas de actores y actrices desde una perspectiva científica, preventiva y adaptada a la realidad de la profesión. Comprender sus propios procesos de incertidumbre e implicación emocional está dotando a los artistas de herramientas diversas para desarrollar un mayor conocimiento, flexibilidad y bienestar.

 

Los cursos y formaciones están corriendo a cargo del tándem profesional Pan Paniscus Psicología, que integran los psicólogos Juan Hernández y Helena Arpa, y hasta la fecha contemplan un total de 15 acciones formativas de distinta naturaleza, entre cursos de larga duración, seminarios intensivos y clases magistrales. Esas más de 300 horas de formación especializada han tenido lugar en las sedes de la entidad en Madrid, Barcelona, Santiago de Compostela, València y Donostia, y en breve se sumará también la de Sevilla. Los más de 230 alumnos y alumnas que han pasado por estas actividades tienen edades comprendidas entre los 18 y los 83 años, con un reparto por géneros de un 60 por ciento de mujeres y un 40 por ciento de hombres.

 



 

La evolución del proyecto refleja también el creciente interés del sector por incorporar la salud mental como una dimensión fundamental del desarrollo profesional. Lo que comenzó con el curso Introducción a la Psicoeducación y Regulación Emocional en Artes Escénicas ha ido ampliándose progresivamente con nuevas propuestas como Psicoeducación Avanzada: Comunicación, Memoria y Duelo en Artes Escénicas, Corporalidad, Frustración y Psicología de la Dirección Artística y distintas clases magistrales sobre salud mental aplicada a la profesión artística.

 



 

Lejos de plantearse como un espacio terapéutico, el programa ofrece herramientas de psicoeducación basadas en la evidencia científica para comprender mejor los procesos psicológicos que atraviesan los intérpretes a lo largo de su carrera. Ansiedad, regulación emocional, memoria, duelo, trauma, comunicación, frustración, creatividad, corporalidad o relaciones profesionales forman parte de unos contenidos específicamente diseñados para responder a las particularidades del trabajo artístico.

 

“Sin embargo”, anotan los propios Hernández y Arpa, “uno de los principales aprendizajes del proyecto ha surgido precisamente de la escucha continuada del propio alumnado. Gracias a la diversidad generacional y profesional de los participantes, hemos descubierto que sus inquietudes más recurrentes resultan sorprendentemente coincidentes”. Y añaden: “Existe un profundo deseo de comprender mejor las propias emociones, los procesos psicológicos que acompañan al trabajo creativo dentro y fuera del escenario y las consecuencias que la incertidumbre, el rechazo, la exposición pública o la inestabilidad laboral tienen sobre la vida personal y profesional”.

 



Espacio seguro y nuevos contenidos

Las evaluaciones realizadas durante estos dos años muestran además otra necesidad especialmente significativa: la de recuperar espacios de encuentro entre compañeros y compañeras de profesión. En un ámbito donde la competencia y la intermitencia favorecen trayectorias muy individualizadas, y hasta competitivas, estas formaciones se han convertido, según sus impulsores, “en un espacio seguro donde compartir experiencias, expresar dudas sin temor al juicio, construir relaciones profesionales desde la colaboración y fortalecer el sentimiento de pertenencia a una comunidad”. Más que buscar respuestas cerradas, los y las participantes están descubriendo “un lenguaje con el que comprender aquello que durante años habían vivido únicamente desde la intuición”. Y encontrar una explicación científica a experiencias comunes supone, para muchos de ellos, una forma de aliviar la culpa, reducir el aislamiento y normalizar procesos que forman parte de la condición humana y del ejercicio de una profesión exigente.

 



 

La escucha activa de los participantes ha impulsado, de hecho, el desarrollo de nuevas líneas formativas que comenzarán a incorporarse en próximas ediciones. Entre ellas destacan el entrenamiento específico de la memoria aplicada a la interpretación, el fortalecimiento de la colaboración intergeneracional entre profesionales, la profundización en la psicología de la relación entre intérpretes y equipos de dirección o el estudio de los procesos cognitivos y emocionales implicados en la creación artística.

 

Juan Hernández, psicólogo sanitario y terapeuta, y Helena Arpa, experta en evolución y conducta; han desarrollado así un temario junto a la Fundación AISGE para integrar la salud mental como una parte esencial de la formación continua de los profesionales de las artes escénicas y audiovisuales. No se trata solo de prevenir el malestar psicológico, explican, sino de “proporcionar herramientas que permitan desarrollar carreras más sostenibles, fortalecer la creatividad y fomentar una cultura profesional basada también en el cuidado mutuo”.

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