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El anecdotario de Javier Ocaña

Había culminado Basilio Martín Patino sus 'Canciones para después de una guerra' en 1971 y consiguió autorización para estrenar la cinta ese año. Pero debido a su contenido, a base de imágentes documentales de la posguerra, Luis Carrero Blanco presionó hasta anular su exhibición. La condición de vicepresidente del Gobierno le otorgaba superioridad frente a la Junta de Censura y Apreciación de Películas. Se prohibió también la exportación y hubo intentos de incautación del negativo. Y no fue hasta después de la muerte de Franco cuando llegó por fin a las salas. Era 1976.

José Luis Gómez. Carlos Saura. Elías Querejeta. Actor, director y productor encumbraron al cine español en el Festival de Cannes de 1976 con dos películas distintas. Gómez se impuso a estrellas internacionales de la talla de Robert de Niro o Alain Delon al levantar el trofeo a la interpretación masculina por 'Pascual Duarte'. Saura conseguía el Premio Especial del Jurado por su 'Cría cuervos'. Y Querejeta se colaba en la historia del certamen como el primer productor con dos cintas suyas compitiendo en la sección oficial de una misma edición. ¡Año redondo! 

Hay veces en las que el cine le toma la delantera a la realidad. Ocurrió en el caso del delincuente Santiago Corella, apodado 'El Nani', desaparecido tras morir por las torturas de un grupo de policías. Los hechos se remontan a 1984, después de que le detuvieran por robar una joería, pero la condena a los culpables llegó en septiembre de 1988. Pocos meses antes de ese mismo año se había estrenado el largometraje de Roberto Bodegas 'Matar al Nani', que se servía de la exhaustiva investigación de un periodista de 'Diario 16' para anticiparle al público los delitos finalmente juzgados. Corella fue víctima de una red mafiosa que incluía a policías y gente de las cloacas del Estado con ganas de enriquecerse mediante asaltos a joyerías y aprovechando el vacío de poder en la España de entonces.   

Auqella llegada al largometraje con 'El milagro de P. Tinto' en 1998 marcó a toda una generación. Pero se trataba solo del eslabón más grande de una delirante cadena que empezó con los cortos ''Aquel ritmillo' y 'El secdleto de la tlompeta'. En ellos el cineasta ya daba muestra de su ingenio, inspirado tanto por los tebeos españoles como por los dibujos animados americanos y capaz de crear desternillantes personajes y situaciones para el recuerdo.

Fue uno de los grandes cineastas españoles durante cinco décadas. Se movió la parte más conocida de su filmografía a caballo entre el género histórico y el melodrama, con títulos tan emblemáticos como 'Locura de amor', 'Pequeñeces', 'Agustina de Aragón', 'Alba de América', 'El último cuplé', 'La tonta del bote'... Pero menor renombre tienen, y no por falta de mérito, sus incursiones de los años cuarenta en la comedia. Buena fe de ello da 'Ella, él y sus millones', que imitaba a la cinta americana de Ernst Lubitsch 'La octava mujer de Barba Azul'. Era la primera vez en España que una productora (en este caso, Cifesa) dedicaba a una historia de humor el mismo despliegue que a un drama. Y la cosa funcinó tan bien que permaneció en cartel desde 1944 a 1946.     

Aunque 'El sacerdote' se estrenó en 1978, su acción se sitúa en 1966. No se vislumbraba por entonces el fin de la dictaura en España, pero la Iglesia ya se modernizaba un poco. Eso sí, no lo suficiente como para que la tentación de la carne constituyera un calvaro casi insoportable para el protagonista, un cura interpetado por Simón Andreu. Memorable en ese papel, medio millón de espectadores le vieron en las salas, acompañado por Esperanza Roy o Emilio Gutiérrez Caba. Además de interesantes reflexiones planteadas sin filtro, la película contiene una de las imágenes más impactantes de nuestro cine. ¿De qué se trata?     

Año 1977. El debutante Jordi Cadena lleva a la gran pantalla la novela de Juan Marsé 'La oscura historia de la prima Montse', con Ana Belén en el papel protagonista, el de una burguesa dispuesta a luchar por su relación con un delincuente encarcelado. Ese personaje lo interpreta en su debut cinematográfico Gabriel Renom, que se pierde el estreno de la película precisamente por culpa de la cárcel. Y es que en su vida real cumple condena como preso político por el proceso abierto contra los miembros de Els Joglars tras la polémica representación de la obra 'La torna'. Aquello ya había desatado una campaña nacional e internacional a favor de la libertad de expresión. Algo increíble en tiempos de incipiente democracia...    

15 noches seguidas de verla bailar desde la primera fila de un teatro madrileño. Eso es lo que le costó al más alabado director de nuestro cine mudo convencer a la actriz para que protagonizase 'La hermana San Sulpicio'. La primera de sus versiones, ya que durante la trepidante década de idilio entre ellos irrumpiría el sonido y rodarían la película con voz, en el mismo año de su boda. Habían comenzado ya los años treinta, época en la que ella brillaría a las órdenes de él en títulos tan míticos como 'Nobleza baturra' o 'Morena clara', y ni siquiera la guerra pudo eclipsar el porvenir de la famosa pareja: en 1937 emprendieron un viaje que hoy suena algo siniestro, pues contaban con la admiración de Hitler, para filmar en Berlín españoladas del estilo de 'Carmen la de Triana'. Sí, la aventura que inspiraría a Trueba a la hora de gestar la exitosa 'La niña de tus ojos'.

Había rodado ya la comedia 'Los energéticos' después de que se hubiera producido un accidente en una central nuclear estadounidense. Siempre atento de posibles filones, el hiperactivo Mariano Ozores no perdió la oportunidad de parodiar la exitosa película 'Rocky'. Lo logró con 'Yo hice a Roque III', de la que se cumplen ahora 40 años, donde Andrés Pajares daba vida a la versión española del boxeador. A ese Roque Tercero González le acompañaba el personaje de Fernando Esteso, y por ahí pululaba también Antonio Ozores, dando forma al triángulo protagonista de una historia salpicada de guiños cómicos al filme original. 1,2 millones de espectadores la vieron en salas.

Se le vincula siempre con grandes películas de los primeros tiempos del celuloide, algunas de ellas incluso mudas. Pero cuando el prolífico Perojo dejó la dirección, allá por 1950, no se quedó de brazos cruzados: mantuvo su productora con más penas que glorias hasta 1973. Ese año se cuzaría en su camino el transgresor Eloy de la Iglesia, que afrontaba ya su sexto largometraje bajo el título 'Nadie oyó gritar' y a caballo entre el erotismo y el terror, sin empañar ello el interés del anciano productor. Más allá de sus géneros, lo peculiar de la cinta radicaba en la pareja protagonista que formaban Carmen Sevilla y Vicente Parra, ambos en busca de un cambio en sus respectivas carreras. Ella quería alejarse de su imagen de estrella; él, de la de galán.     

En la década de los sesenta Fernando Fernán Gómez y Analía Gadé formaron una pareja artística y sentimental memorable. De ello queda constancia en la película de 1966 'Mayores con reparos', protagonizada por ambos bajo la dirección de él y basada en la obra de teatro homónima, cuyo estreno sobre los escenarios se remontaba al año anterior. El montaje se había representado sin problemas, y eso que relataba historias de un cabaré, pero uno de sus tres episodios acabó siendo eliminado por la censura en la adaptación cinematográfica. ¡Después de rodado! Inexplicable. Descubre aquí la solución que improvisó Fernán Gómez para que su cinta llegara a la gran pantalla.

Tuvo la fortuna Almudena Grandes de que su primera novela se llevara al cine solo un año después de su publicación. Era 1990. El productor Andrés Vicente Gómez buscaba un éxito y encargó a Bigas Luna la conversión de ese texto en imágenes. Y el éxito llegó en las salas, pero no exento de contratiempos, desde el temor del director ante una historia casi monopolizada por el sexo hasta la espantada de Ángela Molina como protagonista pasando por el azote de la crítica. Nombres de la talla de Javier Bardem, María Barranco, Fernando Guillén Cuervo o Rosana Pastor formaron parte del reparto.

Quiso Carlos Saura dotar del máximo realismo a esa película clave del cine quinqui. Por eso trasladó el 'casting' a la periferia marginal de Madrid en busca de delincuentes para algunos de los papeles protagonistas. Así consiguió dar con José Antonio Valdelomar o Jesús Arias, que arrastrarían sus propias vidas hasta la ficción y contribuirían decisivamente a ese retrato sociológico. 'Deprisa, deprisa' ya ganó en la Berlinale antes de su llegada a las salas, pero Valdelomar se perdería el estreno por culpa de un robo con posterior persecución policial. Su compañero Arias correría la misma suerte unos meses después. Ni uno ni otro dieron portazo a su turbulenta supervivencia pese a gozar de éxito cinematográfico. Y ambos tuvieron penosos desenlaces.

Dos atracadores roban las joyas de un rey de un país exótico. Son Dory y Mike, los protagonistas de 'La dinamita está servida', la comedia con la que el productor y guionista José Luis Dibildos parodió en 1968 el éxito hollywoodense 'Bonnie & Clyde'. El subgénero paródico, frecuente en nuestro cine en aquella época, logró anotarse un nuevo tanto con este título: 2,3 millones de espectadores siguieron los pasos de esos cacos que presentaban una apariencia idéntica a la de Faye Dunaway y Warren Beatty en la película de Arthur Penn. Fue precisamente durante la promoción de este proyecto cuando Valenzuela anunció su relación con Dibildos.     

Han trascurrido 50 años desde el estreno de la película y el personaje de Lina Morgan sigue siendo inolvidable. Hasta el punto de que sus recientes pases por televisión han atrapado a un millón de espectadores. La hazaña se hace aún más grande si se tiene encuenta que era la tercera vez que esa historia se llevaba a la gran pantalla. Y que la dirigía un Juan de Orduña en el ocaso de su carrera, aunque fue un titán del cine español. El caso es que el éxito cosechado catapultó definitivamente a Morgan a la categoría de estrella.     

En España ya tuvimos nuestro propio relato de frenesí destructivo 20 años antes de que el fenómeno literario y cinematográfico de Christian Grey y Anastasia Steele sacudiera el mundo entero. Salió de la pluma de Antonio Gala bajo el título 'La pasión turca' y llegó a la gran pantalla con Vicente Aranda como director en 1994. Aunque en principio Victoria Abril iba a ser la protagonista, fue Ana Belén quien finalmente lidió con un guion lleno de secuencias tórridas, las de una española entregada por completo a los deseos de un turco encarnado por George Corraface. Los profundos cambios que Aranda introdujo en la esencia y en el desenlace de la novela no agradaron a Gala.     

 

Que un personaje se quite la vida es algo que siempre ha estado en el cine. Incluso en tiempos del mudo. Ante esa realidad, la influencia de la iglesia en España hizo que en 1913 Alfonso XIII contemplara el suicidio en las películas como uno de los motivos  para censurarlas. Los tijeretazos por tal razón fueron implacables durante la posguerra y los suicidios se conviertieron ante el espectador en muertes repentinas o accidentales. Tampoco se escapó de los cortes la emblemática historia de 'Romeo y Julieta', en una adaptación de mediados de los años cincuenta, con los planos de la protagonista apuñalándose a sí misma borrados del metraje. Si semejante desenlace se producía, que se mostrase de forma sugerida. ¡Qué menos!    

'La naranja mecánica' se había estrenado en 1971 y al cabo de dos años después seguía estando censurada por la dictadura franquista. Con el propósito de aprovechar el revuelo, el productor José Frade ofreció a De la Iglesia una película con guiños a Kubrick. Así se gestó 'Una gota de sangre para morir amando', a la que el cineasta vasco llamaba 'La mandarina mecánica'. ¿El resultado? Un pastiche de subgéneros donde confluían el futurismo, la violencia y el erotismo, cuyo estreno tuvo éxito también en el extranjero. Las referencias a Kubrick se evidenciaron en el planteamiento de ciertas secencias o en la elección como protagonista de Sue Lyon, que actuó precisamente para el genio neoyorquino en 'Lolita' y que aquí aparece ¡con el libro de Nabokov entre manos! En la escritura coral del guion intervino también José Luis Garci.    

En 1961 'Psicosis' llegaba a los cines españoles después de que la censura cercenara un metraje original que no se vería hasta 1971. Sí, con Franco aún vivo, sorprendentemente. Muy detallado resultó el ensañamiento con el pasaje de la ducha, motivado sobre todo por las imágenes de la protagonista sin ropa, pero otras partes de esta película de Hitchcock también perdieron planos. Hasta el punto de restar sentido a la historia a ojos del espectador. Un atentado contra la libertad y contra el arte. 

En 1995 había saltado a la dirección de largometrajes con 'Hola, ¿estás sola?'. Solo cuatro años después su segunda película competía ya en la Semana de la Crítica del mismísimo Festival de Cannes. Y ganaba. Hablamos de 'Flores de otro mundo', sobre las caravanas de mujeres organizadas para emparejar a hombres solteros de los pueblos. Ese brusco choque de sexos y culturas ocurría entre el recelo y las habladurías propios de la España rural. Impresiona hoy el reparto de esta cinta previa al aldabonazo de 'Te doy mis ojos': Pepe Sancho, Elena Irureta, Luis Tosar, Chiqui Fernández, Rubén Ochandiano, Maite Sandoval, Antonio de la Torre...

Van a cumplirse 20 años desde que este actor convertido en director irrumpiera en las salas para relatarnos la cruda historia de aquel chaval encarnado por Juan José Ballesta. Cuatro Goyas se llevaría esa ópera prima, 'El Bola', pero Mañas obtuvo antes el galardón de la Academia en calidad de cortometrajista. Fue gracias a 'Cazadores', donde daba muestras de dos destrezas luego desarrolladas en su llegada al largo: su buena mano para dirigir a actores en plena infancia y para crear ambientes brutales pero verosímiles.

Hay que hilar muy fino para concluir que la corpulencia de tan emblemático personaje puede turbar la natural (ejem) inclinación sexual de los varones adolescentes hacia el género femenino. E incluso dañarlos psicológicamente. Pues de esas consideraciones dejó constancia un miembro de la Junta de Calificación y Censura en el informe sobre la película 'La gran aventura de Tarzán', que se estrenaría en España en 1960 sin numerosas secuencias de su metraje. ¿El culpable? El imponente físico del actor estadounidense que encarnaba al protagonista, Gordon Scott, que encabezó otras cinco producciones sobre el rey de la selva.

 

Año 1956. El cineasta Juan de Orduña y la actriz Sara Montiel necesitan un éxito. Él lleva dos años sin rodar una película pese a su prolífica trayectoria. Ella ha metido cabeza en Hollywood tras su buena racha en México, pero no termina de despegar. En mayo de 1957 uno y otra estrenan un melodrama con canciones titulado 'El último cuplé' sin imaginar la magnitud del fenómeno: consigue permanecer durante 325 días en el cine Rialto de Madrid, una circunstancia nunca vista antes. Esa acogida de la película trasciende las fronteras españolas y se programa en salas de 30 países de Europa y América. ¡Llega incluso a Japón! 

Hoy nadie duda de lo magistral de la obra de Benito Pérez Galdós, aunque en la dictadura de Franco no se veía con buenos ojos. Discurso anticlerical, denuncia social... Hasta tal punto temía el régimen los textos del autor canario que en 1942 la censura echó por tierra un proyecto de la poderosa productora Cifesa por culpa del adulterio. Y una película inspirada en la novela 'El abuelo', donde un anciano busca a su nieta bastarda, se torna imposible sin abordar ese tema. Pero la historia ha saltado del papel a la gran pantalla en tres ocasiones: la exitosa versión de Garci en 1998, la de Rafael Gil en 1972, la película muda de José Buchs en 1925.   

Año 1967. El cineasta aragonés gana el León de Oro en Venecia y permanece meses en las carteleras de las principales ciudades de Europa gracias a 'Belle de jour', la historia de una mujer que se prostituye durante las horas en que su marido trabaja. Y eso que no tiene necesidad porque es burguesa. Lo hace por placer. La protagonista es Catherine Deneuve. "Fue quizá el mayor éxito comercial de mi vida, lo que atribuyo a las putas de la película más que a mi trabajo", admitía Buñuel. Otros sí supieron apreciar lo decisivo de su aportación desde detrás la cámara. Es el caso de Martin Scorsese, que calificó la cinta de “embelesadora, perversa, hilarante y poética". Muestra de su valor cinematográfico fue la magnífica acogida entre el público estadounidense con motivo de su reposición en 1995.