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El anecdotario de Javier Ocaña

Han trascurrido 50 años desde el estreno de la película y el personaje de Lina Morgan sigue siendo inolvidable. Hasta el punto de que sus recientes pases por televisión han atrapado a un millón de espectadores. La hazaña se hace aún más grande si se tiene encuenta que era la tercera vez que esa historia se llevaba a la gran pantalla. Y que la dirigía un Juan de Orduña en el ocaso de su carrera, aunque fue un titán del cine español. El caso es que el éxito cosechado catapultó definitivamente a Morgan a la categoría de estrella.     

En España ya tuvimos nuestro propio relato de frenesí destructivo 20 años antes de que el fenómeno literario y cinematográfico de Christian Grey y Anastasia Steele sacudiera el mundo entero. Salió de la pluma de Antonio Gala bajo el título 'La pasión turca' y llegó a la gran pantalla con Vicente Aranda como director en 1994. Aunque en principio Victoria Abril iba a ser la protagonista, fue Ana Belén quien finalmente lidió con un guion lleno de secuencias tórridas, las de una española entregada por completo a los deseos de un turco encarnado por George Corraface. Los profundos cambios que Aranda introdujo en la esencia y en el desenlace de la novela no agradaron a Gala.     

 

Que un personaje se quite la vida es algo que siempre ha estado en el cine. Incluso en tiempos del mudo. Ante esa realidad, la influencia de la iglesia en España hizo que en 1913 Alfonso XIII contemplara el suicidio en las películas como uno de los motivos  para censurarlas. Los tijeretazos por tal razón fueron implacables durante la posguerra y los suicidios se conviertieron ante el espectador en muertes repentinas o accidentales. Tampoco se escapó de los cortes la emblemática historia de 'Romeo y Julieta', en una adaptación de mediados de los años cincuenta, con los planos de la protagonista apuñalándose a sí misma borrados del metraje. Si semejante desenlace se producía, que se mostrase de forma sugerida. ¡Qué menos!    

'La naranja mecánica' se había estrenado en 1971 y al cabo de dos años después seguía estando censurada por la dictadura franquista. Con el propósito de aprovechar el revuelo, el productor José Frade ofreció a De la Iglesia una película con guiños a Kubrick. Así se gestó 'Una gota de sangre para morir amando', a la que el cineasta vasco llamaba 'La mandarina mecánica'. ¿El resultado? Un pastiche de subgéneros donde confluían el futurismo, la violencia y el erotismo, cuyo estreno tuvo éxito también en el extranjero. Las referencias a Kubrick se evidenciaron en el planteamiento de ciertas secencias o en la elección como protagonista de Sue Lyon, que actuó precisamente para el genio neoyorquino en 'Lolita' y que aquí aparece ¡con el libro de Nabokov entre manos! En la escritura coral del guion intervino también José Luis Garci.    

En 1961 'Psicosis' llegaba a los cines españoles después de que la censura cercenara un metraje original que no se vería hasta 1971. Sí, con Franco aún vivo, sorprendentemente. Muy detallado resultó el ensañamiento con el pasaje de la ducha, motivado sobre todo por las imágenes de la protagonista sin ropa, pero otras partes de esta película de Hitchcock también perdieron planos. Hasta el punto de restar sentido a la historia a ojos del espectador. Un atentado contra la libertad y contra el arte. 

En 1995 había saltado a la dirección de largometrajes con 'Hola, ¿estás sola?'. Solo cuatro años después su segunda película competía ya en la Semana de la Crítica del mismísimo Festival de Cannes. Y ganaba. Hablamos de 'Flores de otro mundo', sobre las caravanas de mujeres organizadas para emparejar a hombres solteros de los pueblos. Ese brusco choque de sexos y culturas ocurría entre el recelo y las habladurías propios de la España rural. Impresiona hoy el reparto de esta cinta previa al aldabonazo de 'Te doy mis ojos': Pepe Sancho, Elena Irureta, Luis Tosar, Chiqui Fernández, Rubén Ochandiano, Maite Sandoval, Antonio de la Torre...

Van a cumplirse 20 años desde que este actor convertido en director irrumpiera en las salas para relatarnos la cruda historia de aquel chaval encarnado por Juan José Ballesta. Cuatro Goyas se llevaría esa ópera prima, 'El Bola', pero Mañas obtuvo antes el galardón de la Academia en calidad de cortometrajista. Fue gracias a 'Cazadores', donde daba muestras de dos destrezas luego desarrolladas en su llegada al largo: su buena mano para dirigir a actores en plena infancia y para crear ambientes brutales pero verosímiles.

Hay que hilar muy fino para concluir que la corpulencia de tan emblemático personaje puede turbar la natural (ejem) inclinación sexual de los varones adolescentes hacia el género femenino. E incluso dañarlos psicológicamente. Pues de esas consideraciones dejó constancia un miembro de la Junta de Calificación y Censura en el informe sobre la película 'La gran aventura de Tarzán', que se estrenaría en España en 1960 sin numerosas secuencias de su metraje. ¿El culpable? El imponente físico del actor estadounidense que encarnaba al protagonista, Gordon Scott, que encabezó otras cinco producciones sobre el rey de la selva.

 

Año 1956. El cineasta Juan de Orduña y la actriz Sara Montiel necesitan un éxito. Él lleva dos años sin rodar una película pese a su prolífica trayectoria. Ella ha metido cabeza en Hollywood tras su buena racha en México, pero no termina de despegar. En mayo de 1957 uno y otra estrenan un melodrama con canciones titulado 'El último cuplé' sin imaginar la magnitud del fenómeno: consigue permanecer durante 325 días en el cine Rialto de Madrid, una circunstancia nunca vista antes. Esa acogida de la película trasciende las fronteras españolas y se programa en salas de 30 países de Europa y América. ¡Llega incluso a Japón! 

Hoy nadie duda de lo magistral de la obra de Benito Pérez Galdós, aunque en la dictadura de Franco no se veía con buenos ojos. Discurso anticlerical, denuncia social... Hasta tal punto temía el régimen los textos del autor canario que en 1942 la censura echó por tierra un proyecto de la poderosa productora Cifesa por culpa del adulterio. Y una película inspirada en la novela 'El abuelo', donde un anciano busca a su nieta bastarda, se torna imposible sin abordar ese tema. Pero la historia ha saltado del papel a la gran pantalla en tres ocasiones: la exitosa versión de Garci en 1998, la de Rafael Gil en 1972, la película muda de José Buchs en 1925.   

Año 1967. El cineasta aragonés gana el León de Oro en Venecia y permanece meses en las carteleras de las principales ciudades de Europa gracias a 'Belle de jour', la historia de una mujer que se prostituye durante las horas en que su marido trabaja. Y eso que no tiene necesidad porque es burguesa. Lo hace por placer. La protagonista es Catherine Deneuve. "Fue quizá el mayor éxito comercial de mi vida, lo que atribuyo a las putas de la película más que a mi trabajo", admitía Buñuel. Otros sí supieron apreciar lo decisivo de su aportación desde detrás la cámara. Es el caso de Martin Scorsese, que calificó la cinta de “embelesadora, perversa, hilarante y poética". Muestra de su valor cinematográfico fue la magnífica acogida entre el público estadounidense con motivo de su reposición en 1995.     

Año 1965. Al productor Armando Moreno se le ocurre convocar para una misma película a los tres cineastas más brillantes de España en tiempos de la dictadura franquista: Luis Buñuel, Juan Antonio Bardem y Luis García Berlanga Berlanga. El proyecto se titula 'Mañana es tarde'. Los tres han tenido problemas con la censura, pero Bardem decide trazar sin cortapisas las líneas maestras de la historia: una comedia sobre el adulterio ambientada en la Semana Santa cordobesa... ¡e incluso con procesiones de por medio! Julia Gutiérrez Caba y Antonio Casas darían vida a los infieles cónyuges del matrimonio protagonista. Con semejantes mimbres, el régimen prohibió radicalmente el rodaje.

Parece que tanto el escritor como su Don Quijote se resisten a que directores foráneos les lleven a la pantalla. Lo consiguió con éxito, en la grande y en la pequeña, Manuel Gutiérrez Aragón. Y muchas décadas antes lo había hecho Rafael Gil. Pero la nómina de muy insignes cineastas estadounidenses que zozobraron en medio de sus singladuras quijotescas o cervantinas incluye desde Orson Welles a King Vidor, quien en los años sesenta enterró el proyecto 'A man called Cervantes' y nunca más dirigió un largometraje hasta su muerte en 1982. Terry Gilliam no se dio por vencido ni después de la riada que desbarató una de sus intentonas de rodaje de 'El hombre que mató a Don Quijote', puesto que esa película acabó llegando a las salas por fin en 2018.  

Allá por febrero de 2005 la cinta de Amenábar brindaba a España su cuarto Óscar en el apartado de mejor película de habla no inglesa. Hasta ahí la parte conocida del asunto. Pero le corresponde a 'Mar adentro' el mérito adicional de ser la primera producción española en aspirar a una categoría técnica de los galardones de Hollywood. Concretamente, la de mejor maquillaje y peluquería, donde competía Manolo García gracias a aquel inolvidable 'milagro' de transformar a Javier Bardem en José Luis Sampedro. No ganó, pero marcó un hito mayúsculo para nuestro cine.     

Año 2001. Alejandro Amenábar rueda 'Los otros' con Nicole Kidman de protagonista y Tom Cruise como productor. El éxito está servido. En España alcanza una recaudación de 27 millones de euros, una cifra que permanecerá imbatible a lo largo de más de un decenio, pero incapaz de resistir al 'tsunami' de 'Lo imposible'. Y luego vendría el fenómeno masivo de la saga 'Ocho apellidos...'. Aunque aquella película de terror sí puede presumir todavía de su rendimiento en el extranjero: su taquilla final rozó los 207 millones.



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