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06-04-2026

#CuadernoDeHistoria

 

‘Dr. Zhivago’: ¿una película española?

 

David Lean ya había rodado ‘Lawrence de Arabia’ en tierras ibéricas y confió cometidos esenciales a técnicos españoles, además de papeles secundarios de gran peso dramático a Lilí Murati o María Vico. Las autoridades municipales de medio país se volcaron a la hora de dar permisos y facilidades para el rodaje de complejísimas escenas en exteriores

 

Por GABRIEL PORRAS

Profesor de historia


Versión estadounidense y española del cartel de la película (fuente: Filmaffinity)

 

Acaban de cumplirse sus buenos 60 años ya del rodaje y estreno de Dr. Zhivago (1965), una brillante superproducción de la Metro Goldwyn Mayer con los auspicios económicos del entonces gran magnate del cine Carlo Ponti, más conocido, seguramente, por estar casado con la exuberante Sophia Loren, quien solía protagonizar sus empeños cinematográficos. También lo pretendió esta vez, aunque sin conseguirlo, pues todos los responsables de la realización se lo desaconsejaron, empleando argumentos tan pintorescos como “la excesiva altura de la actriz” o su “improbable imagen de virginidad” para encarnar el poético personaje de Lara, que, finalmente interpretó la mucho más apropiada Julie Christie.

 

José María Caffarel con Klaus Kinski

 

El título que preside estas líneas no deja de ser una afirmación muy discutible que no se ajusta a lo que, en el cine, considerado este como industria y negocio, se entiende por la nacionalidad de un filme, que no es otra que la de la empresa que lo sufraga. Ello, con total independencia de la procedencia de sus artífices, empezando por el mismísimo director y terminando por el lugar en que se ha filmado. Y, sin embargo, cobra sentido cuando comprobamos que una buena parte de los elementos que dieron lugar a la famosa película de David Lean eran no solo españoles, sino protagonizados por españoles y rodados en estudios, localizaciones, edificios, entidades y paisajes de este país. Razones suficientes para considerar a Dr. Zhivago como una película esencialmente española en cuanto a su estructura técnica y, en buena medida –como vamos a ver–, interpretativa.

 

Lilí Murati y, debajo, Gerard Tichy

 

La célebre novela de Boris Pasternak en la que se basa el guion describe los acontecimientos que tienen lugar en el transcurso de la Revolución Rusa de 1917 y años posteriores, en torno al personaje del doctor Yuri Zhivago. El productor italiano Ponti quiso contar expresamente con David Lean como director al frente de un numeroso equipo técnico y artístico, convirtiendo el proyecto en una de las empresas más costosas del cine de la época.

 

Lean acababa de rodar apenas tres años antes Lawrence de Arabia (1962), otra adaptación literaria, esta vez de carácter autobiográfico, cuya acción también tuvo lugar en parte en escenarios españoles. El realizador británico de obras maestras como Breve encuentro (1945) o Locuras de verano (1955) había tenido, pues, la oportunidad de comprobar hasta qué punto podía contar con excelentes profesionales y técnicos españoles, especializados en los más diversos aspectos de la realización cinematográfica. Experimentados directores de fotografía, jefes de producción, decoradores… a los que volvió a llamar, incluso para tareas tan decisivas como las de la propia realización, en calidad de ayudantes de dirección.

 

Las vías y la estación de San Leonardo de Yagüe (Soria), escenarios de las escenas ferroviarias del filme (Fotos: Nano Amenedo)


 

Por otro lado, la variedad de ambientes, paisajes y escenarios naturales de España brindaba la posibilidad de rodar la mayor parte de los exteriores en el país, pasando de los pinares sorianos de San Leonardo de Yagüe, por ejemplo, a los páramos de Gómara cubiertos de nieve o espacios mucho más concretos como los de La Calahorra, en Granada, y los saltos de la presa de Aldeadávila en Salamanca, entre otros lugares. Solo algunas escenas fueron filmadas en las desoladas llanuras invernales de Finlandia, próximas a lo que entonces era la Unión Soviética. De igual forma, se construyó un decorado inmenso en el barrio madrileño de Canillas en el que se ambientaron varias calles céntricas del Moscú revolucionario, para lo que se contó con todo tipo de facilidades y apoyos oficiales y municipales, entre ellos los de la puesta en funcionamiento de antiguos tranvías madrileños que circulaban por las supuestas calles de la capital rusa.

 

Luana Alcañiz, entre Omar Shariff y Geraldine Chaplin


 

Todo ese enorme despliegue de medios se vio enriquecido con la inevitable presencia de cientos de figurantes y extras –todos españoles– que componen la mayoría de las secuencias de una película en la que se mueven grandes concentraciones de masas. Los rodajes, por ejemplo, en las estaciones de Canfranc en Huesca y de Delicias de Madrid son espectaculares, con una ingente cantidad de personas que siguen fielmente las indicaciones de Lean a través de sus ayudantes de dirección (Pedro Vidal, José María Ochoa y Benjamín Fernández), para convertirse en algunas de las escenas más logradas del cine en todas sus épocas. Ese trabajo conjunto, con el resultado consiguiente, contó con los nombres de José María Alarcón como asistente de decoración, Gil Parrondo en la dirección artística y Agustín Pastor como jefe de producción (junto al entonces principiante Teddy Villalba), además de técnicos diversos: electricistas, constructores de decorados, escenógrafos… Añadamos el fotógrafo oficial de actores y rodaje (el formidable Juan Gyenes) o el encargado del adiestramiento y puesta a punto de las escenas en que aparecen formaciones a caballo, Julián Benito.

 

El conjunto constituyó el soporte indispensable de Dr. Zhivago. Pero no solamente eso. El aporte artístico de los actores españoles que intervienen directamente en la película es notable y numeroso, tanto por la importancia de los personajes que interpretan como por la calidad de sus intervenciones.

 

María Vico

 

Verdad es que todos debían rodar en inglés y para ello se aprovechó a varios actores que solían participar en coproducciones o que, simplemente, conocían ese idioma. Casos destacados como los de José María Caffarel, que da vida al peculiar jefe del vagón de deportados; la deliciosa Luana Alcañiz, que había trabajado activamente en el Hollywood de los años treinta; actores de diferente origen presentes en el cine y televisión españoles como el alemán Gérard Tichy o el portugués  Virgilio Teixeira, y excelentes especialistas en cine de acción tales como Aldo Sambrell y Ricardo Palacios, al lado de José Nieto, Pilar Gómez Ferrer, Víctor Israel o María Martín con apariciones momentáneas que el señor Lean no creyó oportuno incluir en los títulos de crédito.

 

Mercedes Ruiz

 

No obstante, dejo para el final dos interpretaciones que merecen destacarse con indiscutible justicia por su admirable trabajo y la resolución de la propia actuación. La primera es breve, casi fugaz, pero llena de intensidad. Correspondió a la actriz de reparto María Vico, perteneciente a la ilustre saga de cómicos de ese apellido, que, aun sin pronunciar palabra, compuso el personaje de una pobre demente que deambula por la planicie rusa con total patetismo y veracidad. Y añadamos el conjunto de secuencias en las que aparece como actriz principal la inolvidable Lilí Murati, en el personaje de la campesina que corre tras el tren con un bebé ¡muerto! en su regazo y que añadió un dramatismo y una densidad conmovedoras a un filme ya abundante en ellas. Una actriz especializada en comedias ligeras que logró transformarse en un prodigio de emocionante lección interpretativa que, por cierto, estuvo a punto de ser arrollada por el vagón al que pretendía subir en marcha: sufrió un accidente que pudo haber sido fatal, ante los ojos impávidos y flemáticos del director.

 

Dr. Zhivago es una de las películas más taquilleras y premiadas de la historia del cine, con cinco premios Óscar de los diez a que optaba. Los paisajes de la Sierra de Urbión y la Tierra de Pinares de Neila y Covaleda, así como los altos páramos surcados por el desaparecido ferrocarril Santander-Mediterráneo en tierras sorianas, representaron excepcionalmente a los Urales y las estepas rusas, envueltos en la deliciosa banda sonora de Maurice Jarre.

 

No cabe duda. De tener una nacionalidad concreta, Dr. Zhivago sería la española. Por encima de Carlo Ponti, la MGM, Pasternak y el mismísimo David Lean.

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