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22-04-2026

El legado de Beto Brandoni

El actor, el amigo y el ciudadano ilustre que siempre miraba de frente

 

Abel Martín Villarejo

Director general de AISGE

 

Se puede ser gigante como actor o artista, se puede ser el mejor amigo de sus amigos e incluso se puede ser grande en popularidad, pero ser tan grande y sublime en esos tres ámbitos de la existencia humana es algo que los mortales solo podemos percibir de vez en cuando. Adalberto Luis Brandoni, Beto para los amigos, era la misma persona en todas las facetas de su prolija vida, y en todas ellas desplegó su inmensa bonhomía, honestidad, generosidad y fuerza moral. Su mirada, en cuanto que espejo de su alma, no pudo ser más transparente y penetrante, hasta el punto de que sus pequeños lentes se veían desbordados por su mirada profunda y sus ojos saltones fijados en el infinito de las cosas, de los rostros o de la nada.

 

Nadie podía imaginar un desenlace tan dramático y fulgurante de la función que constituía la propia vida de Beto. Justo el día en el cumplió sus 86 primaveras, un maldito e inimaginable accidente casero truncó este pasado 20 de abril una mente invencible, cargada de proyectos y de una ilusión desbordante por seguir desarrollando su carrera actoral en un momento tan dulce como el que estaba viviendo. Con su partida se ha ido el último exponente de una generación de actores argentinos inmensa e irrepetible: Lupi y Alterio, entre otros.

 

 

Durante su exilio en México, me contaba que un gran amigo y forofo de River –como Beto– le retransmitía los partidos de su equipo del alma a través de un teléfono fijo que no siempre se escuchaba bien. ¡Lo que hubiéramos pagado algunos por ver ese espectáculo! Nos podemos imaginar cuando le cantaban un gol importante de River o la desesperación de Beto ante la mala recepción de la señal o del juego poco prometedor de su equipo, pues no siempre iba a jugar bien… En una ocasión, y a colación de este asunto, me aclaró que esa anécdota entra dentro de una cierta normalidad para cualquier argentino, pero lo que más le sorprendió es cuando en España pudo escuchar fragmentos de la retransmisión radiofónica de una corrida de toros: eso sí que era extraño e incompresible para un argentino.

 

Otra militancia fue la política, que lo hizo en la Unión Cívica Radical (UCR), con la que se desempeñó como Diputado nacional en la legislatura de 1997. En lo gremial, fue Secretario General de la Asociación Argentina de Actores entre 1974 y 1983. Entre 1974 y 1975 tuvo que exiliarse del país por las amenazas de la Alianza Anticomunista Argentina (la Triple A). En julio de 1976 fue secuestrado y torturado junto a su esposa de entonces, la actriz Marta Bianchi. Siempre mantuvo, después de los azarosos años setenta, una gran amistad con Raúl Alfonsín y con su hijo en torno a la UCR.

 

Con Guillermo Francella en 'El hombre de tu vida'

 

Desde 1962 no había dejado de trabajar en cine y teatro, principalmente, pero también en radio y televisión, cosechando siempre notables éxitos y reconocimientos. La muerte le alcanzó con la obra teatral ¿Quién es quién? en cartelera (Teatro Liceo de Buenos Aires) y con varios proyectos cinematográficos sobre la mesa. Protagonizó cintas emblemáticas del cine argentino como Esperando la carroza o La odisea de los Giles, además de las series de televisión Mi cuñado o Nada, mientras que en teatro no se puede dejar de mencionar y resaltar la emblemática Parque Lezama, que también representó en Madrid, aunque en Argentina, de la mano de su gran amigo Juan José Campanella, alcanzó un éxito rotundo con más de 1.400 funciones solo en Buenos Aires. Yo mismo tuve el honor de compartir con Beto y todo el elenco la celebración de la función número 700 en esa gran ciudad del teatro universal.

 

En todos los encuentros que manteníamos, ya fuera en su Buenos Aires o nuestro Madrid, dábamos un repaso intercultural a la actualidad nacional y universal, profundizábamos en aspectos técnicos del cine o del teatro y nos embriagábamos de historia, de episodios singulares de su inmensa trayectoria profesional, consumiendo un anecdotario inagotable de situaciones y conflictos propios de la actividad teatral, cinematográfica y televisiva. Beto era un conversador extraordinario y siempre aportaba frescura a las tertulias, trasladando la idea a su interlocutor de que ese tema del que se estaba hablado fuese, con toda probabilidad, la cuestión más importante del universo en ese momento.

 

Publicación en el perfil de Instagram de Crónica TV

 

Sea como fuere, con anécdotas incluidas –también todas las que contaba sobre el entorno del cine y del teatro–, haber disfrutado de su amistad y confianza constituye un gran motivo de orgullo y una suerte de reconciliación con la condición humana en unos tiempos tan convulsos como los que nos está tocado vivir. Personas o personajes como Beto Brandoni no se pueden despegar de su tiempo y de su espacio o circunstancias, pero debería mediar un referéndum popular para poder elegir personas o personajes que vivan para siempre en beneficio de la comunidad universal. Pues ese es el papel principal, la función social más relevante, que, a mi entender, cumple el actor y todos los demás creadores de sueños y emociones. Son seres imprescindibles y necesarios con los que todos los demás contraemos una deuda de gratitud infinita.

 

Beto seguirá vivo en nuestra memoria, y a buen seguro que ya andará enredando por ahí arriba a otros compañeros para montar la siguiente obra. Nos queda su inmenso legado actoral y personal, un legado al que nos amarramos sus incondicionales para que su obra artística y humanitaria siga produciendo los frutos espirituales y culturales que los actores, el teatro, el cine o las series cumplen a modo de función social de primer orden.

 

Con respeto, cariño y admiración a la memoria y al legado de Beto Brandoni, desde un Madrid y una España teatral, actoral y cinematográfica que lloran su pérdida y su partida desde una distancia relativa, pero desde los afectos más cercanos y profundos. Solo temporalmente: Acta est fabula.

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