Elena Trapé
"Como no he heredado una fortuna, debo compatibilizar el cine con otras cosas"
La directora catalana ha estado tras las cámaras en dos alabadas series de la pasada temporada: 'Yo, adicto' y 'Celeste'. Ahora acaba de grabar los episodios de 'Yakarta'. Mientras trabaja para la televisión, desarrolla poco a poco sus películas. Lo hace desde la "total libertad creativa". Por eso no son títulos comerciales, sino bastante minoritarios. Lo hemos comprobado en 'Las distancias' y 'Els encantats'
ESTELA BANGO
FOTOS: ENRIQUE CIDONCHA
Boca Norte, HIT, Rapa, Élite, Celeste, Yo, adicto. Pocas cosas tienen en común esas series más allá de un nombre propio, el de la directora Elena Trapé (Barcelona, 1976). No se le resiste ningún género, desde el thriller al drama pasando incluso por las historias juveniles. En su siguiente proyecto televisivo, Yakarta, vuelve a encontrarse con dos viejos conocidos suyos: Javier Cámara y Diego San José. ¿Y en el cine? A lo largo de su carrera hemos conocido su mirada única e intimista en los filmes Las distancias y Els encantats.
- Ha dirigido recientemente dos producciones muy distintas: Celeste y Yo, adicto. ¿Cómo es meterse en la cabeza de Diego San José y de Javi Giner?
- Meterme en la cabeza de alguien me hace aprender otra manera de contar. Me resulta muy estimulante. Me leí el libro de Javi, que me encantó. Me removió muchísimo. Al estar trabajando en una historia tan personal, me parecía muy importante que nos entendiésemos bien. Durante todo el proyecto sentí una responsabilidad enorme de que Javi se sintiera representado en lo que estábamos grabando. Con Diego la experiencia fue distinta porque es el creador y el showrunner de la serie, así que estaba siempre conmigo en el set y aprendí mucho de él. Su manera de ver la ficción, principalmente como guionista, me aportó un punto de vista diferente. Con ambos proyectos he crecido muchísimo, siempre van a ser especiales para mí.
- Yo, adicto es un relato durísimo. ¿Fue la grabación igual de intensa?
- Recuerdo de manera más intensa los ensayos. Javi [Giner] quiso que conociésemos la clínica, a la educadora social Anaí¯s, los talleres que se realizan allí… Incluso hicimos ejercicios con todo el grupo. Compartimos mucho para entender esa parte emocional, y luego hubo una parte muy amplia de documentarnos: cuál es el síndrome de abstinencia de alguien que consume heroína, de alguien que ha consumido cocaína… Debíamos saber todos los efectos psicológicos, físicos y psicomotrices para que los tuviésemos dibujados en el actor o actriz que encarnara determinado personaje. Era un salto al vacío, llegaba a casa agotada. No fueron unos ensayos al uso, me parecieron muy íntimos. Pusimos algo muy personal en la serie. El rodaje consistió más bien en acompañar a Oriol [Pla]. ¡Está increíble! Entre secuencia y secuencia le decíamos: "Estás en personaje, eres Javi".
- Someterse a semejante preparación hace que una sea más consciente de su responsabilidad de ser muy fiel a la realidad, ¿verdad?
- La historia debe ser totalmente creíble, no una caricatura. No puede quedarse en lo superficial, no puede caer en lo frívolo. Para grabar el capítulo de la familia necesitaba entender muchas cosas, sentarme con Javi [Giner] para preguntarle cómo dirigir a los actores. En aquellos ensayos hubo mucho intercambio de experiencias personales para que el proyecto tuviese un vínculo con alguna parte nuestra. El libro de Javi, los ensayos, las visitas a la clínica… hicieron que no me sintiera tan lejana a ninguno de los personajes.
- ¿Cómo fue el proceso de transformar a Carmen Machi en esa inspectora de Hacienda de Celeste?
- Cuando entré en el proyecto, todo estaba muy armado en ese sentido. Con Carmen trabajamos más ese viaje tan íntimo de una mujer que vuelve a tener ganas de vivir. De hecho, cuando quedé con Diego [San José], yo solo tenía preguntas respecto a los personajes. Se trata de una serie en la que hay personajes secundarios orbitando alrededor de la protagonista y, aunque tengan secuencias puntuales, son muy importantes para entender qué le sucede. En los ensayos intentamos armar aquellos aspectos que no aparecen en escena y que tienen cierto peso. En el caso de la hija de la inspectora, por ejemplo, perfilamos el tipo de relación con su madre, aunque solo las veamos juntas en dos secuencias. También teníamos que elaborar el gran contraste entre Celeste y la protagonista: representan dos tipos de mujeres que solo van a estar frente a frente en un pequeño encuentro que debe bastar para que entendamos muchas cosas.
- El año pasado concluyó la emisión de Rapa tras tres temporadas. Usted trabajó en algunos de los episodios iniciales, estrenados en 2022.
- Grabamos en Ferrol y Cedeira, que son dos lugares increíbles. Estábamos localizando en unos acantilados de la Serra da Capelada y veía que al equipo gallego no le llamaba la atención la belleza del entorno. Al final pregunté: "¿Para vosotros esto es lo normal?". Al llegar a los sitios, a aquella gente debía darle la impresión de que yo nunca había salido de mi casa, teniendo en cuenta mis reacciones. ¡Todo era tan bonito! En Rapa fue la primera vez que tuve que amoldarme al lenguaje visual que establecía otro director. Recuerdo que en Élite esa cuestión no tenía tanto peso: cada uno decidía que en un capítulo hubiera más o menos planos secuencia que en otros. Pero en Rapa, al tener una idea clarísima Pepe Coira y Fran Araújo como creadores y Jorge Coira como director principal, me tocó adaptarme. Ese es el ejercicio más difícil, adoptar una mirada que no es la mía, así que hoy le debo mucho aprendizaje a aquella propuesta.
- Élite contrasta con el tono intimista que cultiva en su faceta cinematográfica. ¿Qué le aportó su paso por el instituto Las Encinas?
- En esa serie han trabajado directores como Ramón Salazar, Dani de la Orden, Jorge Torregrossa… Yo estaba rodando Rapa en Cedeira cuando me llamaron para intervenir en la sexta temporada. Me vi las entregas anteriores de Élite seguidas y aprecié las diferencias entre directores. Eso me gustó mucho. Y lo pasé muy bien en la grabación. Suena a topicazo, pero el equipo técnico es increíble, es una familia tras tantos años de trabajo. Había muy buen ambiente. Hubo episodios en los que me tocaron secuencias complejas en cuanto a dirección de actores, y eso es algo que me gusta especialmente. También encaré momentos cercanos al fashion film, donde creaba una explosión de fantasía: un mundo irreal en un código de purpurina y focos. Yo fui muy feliz como espectadora de Sensación de vivir o Melrose Place, forman parte de mi biografía. Y mucho tiempo después, como directora, he tenido la suerte de poder rodar eso.
- ¿Cómo compatibiliza la dirección de series con su andadura cinematográfica?
- Siempre he debido compatibilizarla con algo porque he tenido la mala pata de no heredar una fortuna de nadie [bromea]. Hasta 2017, mi trabajo principal era la publicidad. Y, en paralelo, las películas. Yo no hago cine comercial, hago cine más minoritario. Me gusta mucho hacerlo desde la total libertad de creación: contar las historias que quiero, con los actores que quiero y en el idioma que quiero. Después de Las distancias sí me apetecía grabar ficción entre peli y peli, y tuve la suerte de hacer ese viraje hacia la televisión. Me gustaría tener más tiempo para escribir, pero me cuesta bastante encontrar el momento. Hoy puedo compatibilizar las dos facetas porque lograr la financiación para mis proyectos requiere tres años o más.
- Tanto en Las distancias como en Els Encantats retrata las relaciones personales en su generación. ¿Cómo crea esas historias?
- De manera poco reflexionada. La reflexión surge después, cuando lo miras en retrospectiva. Lo que siempre me pasa es que, de repente, hay una cuestión que está muy presente. Y empezamos desde ahí. Cuando creé Las distancias había decepción y reajuste de las amistades, el tema estaba flotando ahí y me apetecía plasmarlo. Me encanta el género de las reuniones de amigos porque te permite hablar de muchísimas cosas con un componente de nostalgia que me gusta. En todos los personajes de dicho largometraje hay algo mío y de mi entorno. Y sucedió un poco lo mismo con Els Encantats, aunque sin entrar en el terreno de la autobiografía: había algo relacionado con las dinámicas y las circunstancias familiares después de una separación que sentía que no había visto retratado.




