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20-12-2021

#ElFaroEnAISGE

 

Aitana Sánchez-Gijón, el teatro como útero materno

 

Cuando cumplió un año, Alberti le regaló un poema manuscrito. Las visitas a la librerí­a Antonio Machado forjaron su carácter adolescente. Sueña con el faro de Trafalgar ahora que la vida la ha permitido reencontrarse con Almodóvar y Penélope, dos de sus luces de referencia

 

MARINA GARCÍA DIÉGUEZ (@marinagdieguez)

@elfaroSER @maratorres

Pronuncia "Glauca", el pseudónimo que ha elegido esta noche. La primera palabra que se escucha, el primer contacto con la voz invitada. Entra dentro de nuestra cabeza todo lo sugerente y delicado de ese término. Nadie lo dirí­a mejor, por más que lo intentara. Es Aitana Sánchez-Gijón, la clase y la delicadeza hechas persona, hechas actriz y hechas cientos de personajes en la pantalla durante tantos años. Ella es también la niña que hoy camina, recordando junto a Mara Torres, encima de unas algas que amortiguan sus pisadas "como si de una moqueta se tratase". Rememora también un camping y un primer beso. Todos fuimos dibujados en el tiempo a través del primer beso. La niña también a la que, en su primer año de vida, Rafael Alberti regaló un poema escrito y caligrafiado a mano. Parece un sueño de arte y magia.

 

 

Nació en Roma, donde vivirí­a hasta casi los dos años, pero se crio ya en Madrid, la ciudad donde ha acabado desarrollando toda su vida. En unos edificios de 17 plantas, en lo que antes eran las afueras de la metrópoli, creció la actriz en un mundo particularmente cultural. Sus padres tení­an una gran convicción polí­tica y eso influyó también en su visión del mundo. España era aún presa del franquismo y la madre de Aitana, Fiorella, viví­a como italiana el impacto del contraste entre su paí­s de origen, ya una democracia, con la situación de aquel erial ibérico de los setenta. De esos años proviene otra de las bellas imágenes que Mara evoca esta noche, las visitas con su padre a la librerí­a Antonio Machado de la capital. La prueba de que los libros, las historias ajenas y propias, han formado parte de su imaginario. Ahora esa colección literaria, que su padre cuidaba con tanto esmero, agranda y enriquece la colección de la biblioteca de Rivas Vaciamadrid, el destino escogido por Aitana para donarla.

 



 

Despiertan el ví­nculo de su memoria Ornella Vanoni, Vinicius de Moraes y Toquinho. "Mara, me lleva al pasado, esto que escucho me lleva al pasado", dice con esa expresión única de dulzura y con la emoción contenida. La canción que su madre le enseñó a amar y la canción que luego marcó su historia de amor con el padre de sus hijos. Desvela en ese punto central de la conversación, de compenetración total con la interlocutora, de dónde viene su alias. "Glauca es uno de mis personajes favoritos de José Luis Sampredro, que luego tuve la ocasión de conocer y al que admiraba profundamente. Y también es", añade, "el nombre de mi querida gata que se perdió en Zahara de los Atunes durante unas vacaciones y a la que busqué desesperadamente durante los siguientes 15 dí­as".

 

Aitana se encandiló del teatro a los 12 años. Luego llegarí­a su primer gran papel en la célebe serie de TVE Segunda enseñanza, aquel personaje rompedor de una adolescente que se enamoraba de su profesora, el pistoletazo oficial de salida en una carrera siempre ascendente. No ha cesado de trabajar desde entonces. "El teatro me salva y me condena, es un lugar al que siempre necesito volver, como un útero materno, pero en el que también me siento mucho en riesgo. Si no hiciera teatro tendrí­a que hacer puenting para soltar la adrenalina. Como si sintiese que me juego la vida. Es ponerse delante de un toro que soy yo misma", explica en un relato impecable del fuego del escenario. "Te mantiene en el aquí­ y ahora, si te distraes un segundo pierdes el pie. Es lo que me conecta más con el presente. En cuanto tocas el presente es donde quieres estar, y el teatro me da esa sensación de presente", añade la Gataparda.

 

El cine ha propiciado en su última pelí­cula, Madres paralelas, el reencuentro con su querida amiga Penélope Cruz. "Fuimos muy amigas y la vida nos fue separando, pero el cariño se mantení­a intacto", dice. También ha podido regresar a un elenco del director de directores en este paí­s: Pedro Almodóvar. Reconoce emocionada cómo supo por boca del propio creador que interpretarí­a el papel. Está también ahora en el teatro y prepara un audiolibro de La Regenta, una de sus obras favoritas. Es mujer de libros y ficción, una Aitana siempre afí­n a la literatura. "Espero que mis nietos se animen algún dí­a a escucharlo", sonrí­e.

 

"Yo visualizo el Faro de Trafalgar, me visualizo antes de subir al faro en la playa con una gran pandilla de amigos y amigas, mis hijos, sus amigos. Me visualizo revolcada en la arena, entrando y saliendo del mar hasta que, de repente, me escapo y me subo sola al faro para escuchar Desde mi libertad, de Ana Belén", añade. Y recita de memoria: "Soy fuerte porque soy volcán, nunca me enseñaron a volar, pero el vuelo debo alzar". Nadie mejor que esas dos mujeres para poner voz y alma a esa carta de recuerdos y de paz.

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