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13-09-2021

            

            

                   

#ElFaroenAISGE

 

Una visión íntima y por escrito de las mejores entrevistas de Mara Torres en las madrugadas de la Cadena SER

 

 

 

Con Anabel Alonso nunca cambiarías de canal

 

 

 

Creía que tendría que dedicarse al turismo. Qué va. Desde '7 vidas' a 'Buscando a Nemo', encadena personajes integrados en el imaginario colectivo  

MARINA GARCÍA DIÉGUEZ (@marinagdieguez)

@elfaroSER @maratorres

Para Anabel Alonso, los diferentes colores que va adquiriendo el mar cuando se empasta con el cielo van parejos a las emociones. Esta noche, si fuese un color sería el más cálido, el del abrazo, el de dos manos que se entrelazan. Quizás las de su madre, quizás las de su hijo. Llega a este Faro con esa luz que en la voz y en la cara la acompaña siempre, y cuando se escapan las primeras palabras ya nadie puede dudar que es ella la que se cuelga de la noche con Mara Torres. Esta Gataparda irrepetible comparte media hora de intimidad, de fragilidades e ironía. El que la conozca podrá reconocer sus historias; el común de los mortales descubrimos esa Anabel llena de puertas, esa persona a la que siempre queremos ver, que si aparece ella nunca cambiamos de canal.

 

Alguna gente está hecha para hacer compañía con su voz, con su risa. Lleva toda la vida en televisión, actriz también en las tablas, trabajando e interpretando siempre. Rememora en los primeros minutos su infancia en Barakaldo, viene con el corazón en la mano y lo deja encima de la mesa. En los primeros minutos hace una reflexión íntima sobre las consecuencias más dolorosas de la covid y cómo vivió esta etapa su madre en la residencia. “El virus no se la ha llevado, pero se la ha llevado la soledad. Ayer fue el primer día que no me reconoció y eso es lo más duro de todo esto”, explica. Relata el pinchazo de esta escena y miles de personas al otro lado de la radio piensan en esa madre o ese padre que mira despistado volviendo a ser un niño, que ahora recibe cuidados después de haber cuidado tanto. Pero, de pronto, esa positividad que la define le hace decir: “Al final de la visita me despedí con un hasta mañana, porque en esa falta de conexión con la realidad también hay un poco de magia, de hacer creer que mañana nos vemos”.

Anabel Alonso comienza y termina por su madre. A ella también le dedica El Faro, resalta lo importante que fue la confianza que siempre le dio, se siente identificada, también, con su estrenada maternidad. “Cuando dije que quería dedicarme a esto, ella fue la que hizo la estrategia de acoso y derribo contra los prejuicios de mi padre”, añade. En el repaso pausado y agradable por su carrera personal y profesional sale un nombre que fue fundamental: Martes y 13. “Ellos podrían haber elegido a cualquier actriz, podrían tener a la que quisieran, en cambio me dieron una oportunidad a mí”, explica. Aquella primera aparición televisiva le abrió muchas puertas. Esta conversación es también un balance emocional de todas las cosas que le han pasado en tantos años de carrera. Anabel lleva el agradecimiento por bandera.

 

Su vocación se manifestó de forma perfecta un día que, con 15 años y vestida de pirata, se subió a un escenario y supo que su lugar era aquel. Que todo lo que había hecho hasta ese momento y lo que iba a hacer después tenían sentido gracias a eso. “Yo me había metido en un grupo teatral pequeño. Nunca pensé que se me iba a cumplir este deseo”, añade. Anabel hace hincapié en la importancia de esas pequeñas semillas de cultura en los lugares pequeños, que pueden abrirle las puertas a un adolescente que busca su lugar en el mundo. Lo que a ella le trajo la vida luego, demostró efectivamente que aquel impulso vibrante era cierto. Su lugar era aquel.

 



En la noche farera, esa niña que a veces lleva dentro la actriz aflora cuando Mara le pregunta, cómo vivía la noche de Reyes. Las dos sonríen sorprendidas por la complicidad, hablan como si se conociesen de siempre. “Me deben aún una Nancy, pero yo era mucho de juegos como el Magia Borrás, aunque se me daba fatal”, explica mientras se le escapa una risa sincera. Es esa una buena metáfora de su vida. Vuelve a esos años, a esas mañanas de ilusión, despierta, vivaz y con los ojos brillantes, con esa exclamación en la mirada que dice que está todo por empezar. Anabel Alonso tiene intacta la ingenuidad de una niña y la ironía de una adulta comprometida y con una personalidad a la que nadie es indiferente.

La noche avanza como los pies de un gato, sigilosa e hipnótica. Cuesta despegarse de estas dos voces. “Me estás haciendo recordar unas cosas, Mara… Voy a trompicones porque me emociona. Son cosas que no había pensado en mucho tiempo y se me amontonan en la cabeza”, añade Anabel Alonso. Ha sido un buen viaje. ¿Cuántas veces nos hemos encontrado de bruces con un recuerdo que nos hace felices solo porque ocurrió? Esta actriz que entra cada tarde en la casa de todos los españoles en Amar es para siempre nunca imaginó que conseguiría su sueño. Se formó en Turismo porque pensaba que su pasión interpretativa no iba a darle de comer. Ahora forma parte de nuestro imaginario colectivo: su Dori en Buscando a Nemo, su Diana en 7 vidas. Tantas noches en el teatro o ese papel de sorprendente estrella de Master Chef.

 

 

Nos tenemos que despedir. De repente, Anabel exclama: “yo me echaba aquí la noche”. Y nosotros. Se agolpan las imágenes de todos sus personajes, sus miles de caras, su risa contagiosa. Nosotros también nos quedamos con ella. De hecho nos quedamos. “No cambies de canal, es Anabel Alonso”.

 

 

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