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20-06-2022

#ElFaroEnAISGE

Una visión íntima y por escrito de las mejores entrevistas de Mara Torres en las madrugadas de la Cadena SER

 

 

Irene Arcos, la admiradora de ‘Tesis’ que sintió el pellizco de ser actriz

 

Primero fue ayudante de cámara, pero acabó dejándolo todo, a una edad ya tardía, para cumplir su sueño. Ana Diosdado le adelantó lo que ella comprobaría al protagonizar ‘El embarcadero’: los sueños se cumplen

 

 

MARINA GARCÍA DIÉGUEZ @marinagdieguez

@elfaroSER @maratorres_

Irene Arcos bajaba las ventanillas a todo correr cuando su madre, de niña, le decía: “Ahí está el mar”. Era como llegar a tierra, dice la actriz, pero al revés. Era abrir la puerta al océano y a su olor, era la sensación de volver a casa de sus abuelos, en A Coruña, donde los veranos de su infancia cogieron forma y donde ahora los recuerdos se amontonan con una cierta nostalgia que se tiene que llamar, esta noche y en este Faro, morriña. En una conversación con Mara Torres que fluye como un respiro de aire fresco, esta madrileña del 81 parece aún aquella niña que descubría el mar con los ojos atónitos, atenta a lo que el mundo quería mostrarle. Es la misma postura ante su profesión de intérprete, aunque descubriera su vocación más tarde de lo habitual.

 

No hemos llegado aún ni a los dos minutos de conversación y un clip –sí, un clip de los que sujetan folios– irrumpe en medio de la mesa. Torres sabe lo que este objeto representa para Irene y disfruta con el relato. “Con los clips me pasa, desde que estaba en el colegio, que los veo por todas partes. En situaciones verdaderamente locas. En Lanzarote en un volcán me encontré un clip. En Tanzania me subí a un coche y... había un montón de clips colgados. Y en uno de mis primeros trabajos, antes de rodar fui al baño y en el váter, dentro, había un clip”, explica. Esta particularidad le resulta enigmática, pero Irene Arcos es también eso. 

Esta “Niña Gato” –seudónimo que elige por un mote con el que algunos amigos la siguen llamando– cogía de niña los libros entre las manos y los interpretaba ante su familia como si de un espectáculo se tratara. “Siempre he querido interpretar; también quería dirigir y escribir, pero todo estaba siempre relacionado”, relata. La influencia de Tesis, de Alejandro Amenábar, que marcó a una generación entera, dejó también huella a la hora de decantarse por el audiovisual. “De repente, vimos aquella peli como un motor de inspiración”, resume. Irene desarrolla dos facetas similares, pero en el fondo muy diferentes, en dos etapas. Primero estudia Audiovisuales y trabaja varios años como ayudante de cámara, hasta que un día lo deja todo porque sabe que ella quiere ser actriz. 

 

“Hice el salto de fe. Tenía trabajo, pero veía a los actores y pensaba que me estaba perdiendo algo. Sentía que no podía ser esto todo, tenía el pellizco dentro”, explica. Agradece, además, el apoyo de tanta gente que la ayudó a lanzarse al vacío. “Tuve que dejar todo para poder estudiar interpretación y empezó el mundo surrealista de mis trabajos”, relata mientras nombra la lista de ocupaciones que desarrolló para pagarse los estudios de interpretación: desde pinchadiscos del Estudiantes de baloncesto a dependienta, teleoperadora o montadora de vídeos. “Empezaron a salirme algunos poquitos trabajos como actriz, a cuentagotas, hasta que conocí a Lula Duhalde, mi representante, con la que sigo 15 años después”, relata. Y le brillan los ojos en el relato de su sueño conseguido. 

 

En el teatro pudo coincidir con Ana Diosdado, fallecida en 2015, en El cielo que me tienes prometido, el último espectáculo en el que participó esta actriz y dramaturga. Irene recuerda con especial apego aquellas noches, tras la función, en que las dos se quedaban hablando sobre la vida. “Ella me insistía en que todo está en el poder de la mente. Si tú piensas que te va a pasar algo, te pasa”, rememora. Y se conmueve recordando cómo la noche antes de morir recibió una llamada suya que no pudo coger y cómo aún piensa en aquellas palabras contenidas. Lo explica con un afecto conmovedor, pero sonriendo al mismo tiempo.

 

 

Miles de caminos y de esfuerzos transcurrieron hasta que Irene Arcos recibe el papel protagonista de la serie El embarcadero, que cambia por completo su carrera y la convierte en una actriz popular y reconocida por todos. “Estaba haciendo unas pruebas de cámara y me subieron a una sala para decirme que el papel de Verónica era para mí”, explica con los ojos humedecidos. Fue la gran recompensa tras años y años de duro trabaj. “Los síes llegan. Hay que encajar los noes, pero también los síes, porque hay un día en el que suceden”, exclama. Desde El embarcadero ha ido empalmando trabajos, en particular Todos mienten, la reciente serie de Pau Freixas, también para Movistar+. Allí compartió plantel con algunos de los actores con los que siempre había soñado trabajar, desde Ernesto Alterio a Juan Diego Botto o Miren Ibarguren. Entre una y otra experiencia, un mundo de proyectos pero las mismas ganas, intactas, puras, de una actriz que tenía que serlo.

 

Para cerrar esta noche compartida con Mara Torres, Irene quiere escuchar Place to be, de Nick Drake, para marcharse con la imaginación hasta su querida torre de Hércules. “Me iría con mucha gente, pero ahora mismo me viene a la cabeza mi abueliño, que murió cuando era pequeña. Me iría a su tierra y estaría en ese faro con él”, concluye. 

 

 

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