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10-01-2022

                   

#ElFaroEnAISGE

 

 

 

Irene Escolar, el pasado heroico de la interpretación reencarnado en el presente

 

 

 

Es el último eslabón de una saga de actores. Ya sintió la llamada del oficio desde que jugaba con el maquillaje y el vestuario que sus parientes guardaban en una habitación. En el teatro empezó su andadura y al teatro le reconoce la magia de parar el tiempo en un mundo donde mandan las prisas. Sumergirse en el mar es para ella garantía de desconexión

 

 

     


MARINA GARCÍA DIÉGUEZ (@MARINAGDIEGUEZ)

@elfaroSER @maratorres_

Nada del romanticismo y delicadeza que la caracterizan se escapan de ella, ni siquiera en su seudónimo, 'Culebrilla'. Aquella noche que Mara Torres recibió a Irene Escolar estaba el cielo de El Faro más violeta si cabe, preparado para que las palabras, con la memoria, casi cobraran otro significado. Suena la palabra "mar" y en su cabeza Lorca aparece como una bendición hecha verso. Apunta esta Gataparda: “El cielo caído por querer ser luz”. Al mar llega esta actriz cuando sueña con descansar y necesita “sentir que esa desconexión es posible”. Porque nota que "bajo el mar ocurre esa especie de descompresión”. Sus palabras en la madrugada hacen el mismo efecto sanador.

 

   Huele la infancia de esta Gataparda a una mezcla de polvos de talco, pegamento, maquillaje… “Era el lugar de la magia, de la personificación, de la imaginación. Me encantaba entrar allí, revolvía todo aquello”, recuerda. Habla de la habitación en la que, históricamente, su familia guardaba la indumentaria de las funciones. Con una leve sonrisa perenne en su expresión, cuenta que disfrutaba “robando” aquel material y llevándolo al colegio, donde vestía y luego dirigía a sus amigas. Ellas vieron crecer “desde un lugar precioso” a Irene, nuevo eslabón de una saga de actores. La miraban aquellas niñas con la admiración de lo anómalo y el orgullo del querer, desde un lugar de generosidad y amor. Ese afecto, tan necesario en el curso difícil de la vida de un actor, siempre la ha acompañado. De hecho, aquella noche de El Faro la esperaban en casa esas mismas amigas.



   Ella encarna la sexta generación de una familia llena de talento que goza de innegable respeto en España. Muy presente está en su discurso una admirable responsabilidad con y para su profesión, a la que define antes que nada como “un oficio”. Y lamenta lo que el paso de los años hace con ciertos oficios en algunos sentidos. “Por desgracia, lo de la vocación profunda es como si se hubiera ido perdiendo”. Recuerda con ojos de fascinación y respeto los relatos de rodajes y teatro en la posguerra que sus parientes le contaron tantas veces en primera persona. Ve Irene Escolar las luces de la interpretación, pero vive también las sombras, “las inseguridades y las inestabilidades”.


   Hay para todos en este programa una canción con la que tocar el cielo de la memoria. La suya es una de Leonard Cohen. Recuerda que su madre se la puso uno de esos días en los que los acordes pueden salvarte, uno de esos días en los que la letra parece que habla de ti. Hace también un homenaje al teatro, capaz de parar el tiempo en una sociedad donde las distracciones son la norma. “Transitas lo que ves de otra forma”, asegura esta Gataparda. En el escenario nació su carrera, y sobre las tablas la curó con esmero. Allí la descubrió la escritora Julia Navarro, que inmediatamente la imaginó como protagonista de la adaptación de su novela para la televisión. Con el tiempo aquello se concretó en la serie de Movistar+ Dime quién soy.


   Irene Escolar no piensa en Hollywood. Sigue su camino aquí y en Europa, con vocación y estrella propia. Esta noche es el verano en el que saltaba las olas con su madre, una canción para el desamor, un teatro que aplaude. Es también aquella habitación donde todo era posible, que era la de sus tíos, Emilio y Julia Gutiérrez Caba. Esta noche es el sueño de una familia que continúa.

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