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06-09-2021

                   

#ElFaroenAISGE

 

Una visión íntima y por escrito de las mejores entrevistas de Mara Torres en las madrugadas de la Cadena SER

 

 

 

Para todos nosotros,

Javier Gómez

 

 

 

Este periodista ha contribuido con sus guiones al universo de 'La casa de papel'. Ni las prematuras pérdidas familiares ni sus orígenes humildes pudieron frenarle, como tampoco le paran ahora los dolores de su enfermedad


MARINA GARCÍA DIÉGUEZ (@marinagdieguez)

@elfaroSER @maratorres

La escritora Jhumpa Lahiri describe en uno de sus libros con bastante precisión qué somos todos nosotros: “El ser humano está vivo durante años y años, pensando, respirando, comiendo, lleno de un millón de preocupaciones, sentimientos y pensamientos y ocupando espacio en el mundo”. Javier Gómez, al que todos conocieron cuando su creación, La casa de papel, se erigió en la serie española más vista en el mundo, accedió a conversar con Mara Torres para el inicio de esta temporada de El Faro. Allí, a pecho descubierto, este hombre de imagen poderosa y conversación arrolladora hizo el regalo de compartir su conciencia de clase, sus ausencias y su desamor durante una noche en la que los silencios de la interlocutora hablaron más que cualquier palabra. Era la emoción que envolvía todo y hablaba de eso, de estar vivos, de todo lo que tenemos en la cabeza, en el corazón, en las entrañas. Todo lo que baja como un escalofrío por la columna y llega a los pies, y algunas de esas cosas que pensamos cuando de noche se nos atraviesa la vida en el sueño. 

 

   De esa media hora podrían extraerse muchas cosas, pequeñas piezas que son como un libro de instrucciones: su amor por las fresas y la primavera, su capacidad para escribir historias ya de niño, la muerte prematura de su padre y sus hermanos o los dolores de una enfermedad que le impide caminar con normalidad. Alguien escribía en Twitter: “Gracias, Mara. Cuando piensas que el día pasará en voz baja, como cualquier otro de la semana, te topas con esta emocionante entrevista y todo cambia”. Y es cierto que nadie puede mantenerse indiferente a este Gatopardo que ha nadado en el mar este verano para mitigar sus dolores. Habla casi al principio de por qué adopta el seudónimo ‘Me llamaré viernes’. Todo lo que tiene de liberador escucharle está en ese día de la semana: todo por empezar.



   “Estoy teniendo una crisis de madurez muy grande”, confiesa. Javier creció en una familia humilde, hijo de taxista y costurera, toda una vida remando por hacer valer lo que cabe en esa cabeza. La muerte y el luto vividos de forma prematura, tan habituales en su vida durante una época en la que en su casa “se iban muriendo todos”, se convierten en punto de encuentro esta noche con Mara. El peso de las ausencias. Pero también aflora un alegato esperanzador sobre esa parte que siempre acaba volviendo de los ya que no están. El invitado reconoce que se ha esforzado por “seguir consultando” a los que eran los suyos. Relata cómo en su adolescencia se quedaron él y su madre solos. Y ahí siguen. La presencia “contundente” de ella es aún un ejemplo cuando pasean por la tarde, sin hablar de nada pero hablando de todo. Reflexiona junto a Mara qué le diría a su padre tantos años después sobre su mayúsculo éxito, sobre cómo se han puesto las cosas aquí abajo. “No me iría a contarle lo que ha pasado ahora, me iría al día en el que me aceptaron como becario en esta planta, en la SER”, aclara.

 

   Y en este momento de la madrugada aporta algo sobre lo que ha sido su carrera como periodista y guionista, algo que no puede parafrasearse, solo reproducirse palabra por palabra: “¿Qué le contaría a mi padre? Le diría que el hecho de que me haya ido bien es una revancha familiar: somos los hijos de los de abajo, soy un niño de la educación pública, cuando envío un guion a Los Ángeles se lo manda la educación pública. He estudiado gracias a becas, salí de un hogar roto porque el Estado me lo pagó. Pude estudiar porque ellos se esforzaron mucho. Cuando pensé que me iban a pagar por mi cabeza sentí una especie de revancha familiar y social. Es bueno saber de ese esfuerzo. Me siento en mesas con gente de todas las partes del mundo que viene de universidades privadas, y aquí yo lo hice viniendo desde abajo”. En Twitter el discurso corre como la pólvora durante las horas y días posteriores. 



   En esta encrucijada de palabras e historias se va enredando un concepto: remiendo. Ese proceso vital Javier lo concreta así: “La infancia termina siempre cuando empieza el dolor. Todos somos esos aprendizajes, que son siempre al principio, y durante la vida vamos poniendo remiendos y vamos reaprendiendo”. El hombre que con gafas redondas y camisa remangada reconoce que está transitando el camino de la “desambición. El hombre que está detrás de uno de los mayores éxitos creativos de los últimos años reflexiona sobre cómo el éxito ha cambiado su vida, y lo que cuenta es sencillamente asombroso. “La admiración está en la mirada de los otros”, explica. Esa desconexión con lo mundano tras el éxito a semejante escala acaba siendo una “deformación de la realidad” en la que dejas de ver aquellas cosas que siempre han formado parte de ti.

 

Este Gatopardo nos regala una anécdota gráfica y poderosa. Él sentado con su amigo Pedro Simón, fijándose en el suelo de una Iglesia y pensando en qué momento cambió “la moqueta” por lo que ahora tenía a sus pies. Reflexionó sobre ese elemento que siempre había formado parte de su identidad y que ahora quedaba a millones de años luz. Es de una humildad abrumadora escuchar en alguien que ha tocado la cumbre la necesidad de reordenar su centro de gravedad permanente. Y terminamos, como siempre se termina todo, hablando de amor.



   “El otro día un amigo me dijo: ‘Javi, tío, tú no sabes nada del amor. No entiendes nada. Piensa que es el Tour, deja de darle vueltas, estás en la primera semana, mantente en el grupo, que no te de el aire y ya llegará tu etapa. Y eso me ayuda a vivir este momento”, relata. Porque el amor, o el desamor, es como ese puerto de montaña a través del cual este hombre ve la vida. “Aunque te haya dicho que quiero desambicionar, no; quiero sentir que llegan las rampas más duras y que me escapo, quiero sentir a la gente gritando alrededor y subir a la bicicleta. Y que lo vean los que me aman, y amarlos”, explica. 

 

   Dice Mara Torres: “Que te vaya bien la vida, que seas feliz”. Así inauguramos esta nueva temporada de El Faro. En una casa, en cualquier parte del mundo, alguien abre una pestaña del ordenador o enciende la tele para ver La casa de papel. Y la vida continúa, la rueda de esta u otra bicicleta sigue girando.

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