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15-11-2021

#ElFaroEnAISGE

Una visión íntima y por escrito de las mejores entrevistas de Mara Torres en las madrugadas de la Cadena SER

 

 

Juana Acosta, la mujer
que aprendió a mirarle
al miedo a los ojos

 

La actriz colombiana creció feliz en Cali, descalza y encaramándose a los árboles. Hasta que asesinaron a su padre y ese mismo día dejó de bailar

 


MARINA GARCÍA DIÉGUEZ (@marinagdieguez)

@elfaroSER @maratorres

La actriz Juana Acosta llega vestida toda de negro a la noche de la Cadena SER y con el pelo recién cortado en media melena para la película que acababa de rodar con Imanol Uribe, La mirada de Lucía. Sobre esa nueva melena, ahora más corta, una gorra también negra. Recala en El Faro bajo el seudónimo de Pamela, uno de sus últimos trabajos en la serie francesa Vernon Subutex, en la que interpreta a una vieja gloria del cine porno y que se erigió en una de las series más aclamadas del 2020. Sobre el horizonte de esta conversación, una delicadeza y sensibilidad que contrastan con una vida que no ha sido fácil pero que se reconstruye con cada momento de luz de su vida, que no son pocos. "Deja entrar La Luz", decía Alda Merini.

 

No es para todo el mundo el mar ese remanso de paz y desconexión. Hay quien vive la inmensidad del océano con el miedo a lo desconocido. Su relación con el mar casi la incomoda, le despierta el miedo. Sospecha que en otra vida padeció algún trauma en lo profundo del mar que hoy explicaría ese pavor. Lo superó hace un año en un rodaje. “Tuve la oportunidad de reconciliarme con el mar, lo respeto mucho. Volver a bucear, que fue lo que tuve que hacer en la película Las consecuencias, me ayudó a relajarme. Cuando tuve a mi hija, ciertas cosas que hacía antes e implicaban riesgo, como bucear o esquiar, me comenzaron a crear conflicto". Y añade: “El deep blue del océano me creaba ansiedad”.

 

 

En este viaje existe un capítulo que es como un sueño, como el paraíso: la niña que fue Juana Acosta. El olor a jazmín de su Cali natal y la casa en la que vivía, que pertenecía a un terreno que sus padres compartían con otros cinco amigos. Entre esas casas y esas familias se crio, corriendo descalza, jugando entre los árboles. “Ahí nacimos varios niños, me levantaba y me iba a jugar a la casa de los amigos. Crecimos subiéndonos a los árboles de mangos”, añade. Pero la vida de Juana Acosta no ha sido tan fácil como esa imagen de su niñez desvela. Junto con esas imágenes del barrio, esta noche también se le aparece la imagen de su padre, asesinado en Colombia y al que recuerda conquistando a quien pasaba por delante. “Tenía un carisma que no te puedo explicar. Entraba y era imposible no mirarlo. Los años hermosos que recuerdo en ese barrio fueron años que todavía vivía con él”.

 

De ahí asoma otra imagen fundamental, una de verdad inesperada. Pregunta Mara: "¿Es verdad que cuando murió, lo asesinaron, tu dejaste de bailar?". Y se produce entonces un momento arrebatador de emoción que atraviesa el micrófono. Juana mira sorprendida, frunce el ceño y sonríe nerviosa. “Me parece muy fuerte que me estés preguntando sobre esto. Este es un tema que me está llevando a generar un espectáculo para el año que viene. Después de muchos años e ir madurando poco a poco en mí he podido conseguir llevarlo a una expresión artística”, explica. La actriz relata cómo, gracias a los años, entendió que no había vuelto a bailar porque el día que le dieron "la noticia de que habían matado a mi papá” estaba vestida para ir a danza. “Fue muy revelador conectar esas dos cosas, me dio un punto de tranquilidad entender por qué dejé de bailar. Cómo un acto violento y tan fuerte puede castrar una vocación”, añade.



 

Con 19 años y tras haber triunfado ya en el prime time colombiano con varias series, decide venir a formarse a la Escuela de Corazza en España. Huía también, sin duda, de los peligros de un país en el que la violencia había golpeado a su familia de lleno. El relato de una vida marcada por no solo una, sino varias muertes tan dolorosas la ha obligado a renacer. Hay dos palabras fundamentales en su vida, y esta noche es una prueba de ello: perdón y amor. "Si yo no hubiera perdonado no sería la mujer que soy hoy. Conseguí reconciliarme con mi país, pero tenía mucho y muchas cosas que perdonar. Soy una víctima más de un país violento", explica. El amor lo reserva para la familia que le ha tocado, epicentro siempre de sus anhelos, deseos y  recuerdos mejores.

 

Juana era una estrella ya en Colombia, luego conquistó España y emprendió otros muchos proyectos internacionales. Habitaba en ella una trabajadora nata, esa joven que con 18 años estudiaba Bellas Artes al tiempo que ejercía como entrevistadora en el horario estelar de la tele. Siguió la estela de su destino: entre los pasillos se cruzaba con actores y directores, y un día pensó que era de ese lado desde donde quería verse. “Ahí me di cuenta de qué me interesaba, ahí empecé mi primera serie. Una cosa llevó a la otra y... aquí estoy, 25 años después”, suspira. En media hora de conversación surgen constantemente personajes y rodajes de los últimos años, de sus inicios en la televisión colombiana y de los que vendrán. Es una actriz que no para de trabajar y cuya vitalidad inunda la madrugada.

 

 

La sorpresa que aparece siempre en estas noches llega, a veces, a poner la piel de gallina. Hay, por suerte, una nueva Juana Acosta por descubrir a la vuelta de la esquina. Siempre reflexiva, siempre segura, con una historia que avala su fortaleza. Con un sueño nuevo, con las mismas ganas de trabajar. Como decía aquel poema, “buscar la claridad aunque me ciegue”.

 

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