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14-03-2022

#ElFaroEnAISGE

 

Una visión íntima y por escrito de las mejores entrevistas de Mara Torres en las madrugadas de la Cadena SER

 

 

 

 

 

María Botto: ser actriz para aprender a enfrentarse con la realidad

   

Conoció de niña la pérdida del padre en circunstancias terribles. Era ensimismada y encontró en el cine una tabla de salvación. Pero hoy, más locuaz, comparte confidencias sobre arte, hípica, baloncesto ¡y su gran potencial como cantante!

MARINA GARCÍA DIÉGUEZ (@irenegdieguez)

@ElFaro_SER @maratorres_

“A mí me gusta mucho mirar al infinito, las puestas de sol. Asocio esos momentos con la vida y con el propio final de la vida. Con lo pequeños que somos”, enumera María Botto, que esta noche viste de blanco y deja caer su melena negra sobre los hombros. Responde a Mara Torres duranre los primeros minutos de una conversación sobre el inicio y el final, sobre lo existencial. Suena además el galope de un caballo y se dibujan unos ojos acuosos en este encuentro. “Hay una conexión en la que no tengo que pensar”, relata María sobre esa asociación que siente entre la libertad y el hecho de ejercer como jinete. Y es esa libertad la que sirve como eje del discurso que brota en plena madrugada.

 

 

Pausada y pensativa, mira de un lado a otro antes de responder a la directora de El Faro. Hay una aura de reflexión y sabiduría en lo que cuenta, en el orden de las palabras, en la cadencia de su voz. “Supe de la muerte muy pronto, por mi experiencia”, dice, en relación a la temprana pérdida paterna. Allí la han llevado los pensamientos: allí, en esas vivencias, también se construye María Botto. En aquellos caballos de los que habla, recurrentes en su vida, encontró un vínculo de paz y felicidad que de algún modo cambió su manera de relacionarse con el mundo. Es también la dulzura que ilumina su semblante cuando suena la famosa Over the rainbow, esa banda sonora de El mago de Oz que siempre desempeñó un papel fundamental en su imaginario. 

 

“Yo era una chica muy solitaria. Estaba sola con mis hermanos y para mí la realidad siempre fue muy dura. En el cine encontré un mundo ideal donde los sueños se podían hacer realidad”, explica María, dando pie al claroscuro de su relato esta noche. Es delicioso imaginarla, tras sus palabras, sentada en esa butaca del cine descubriendo la magia del viaje sin moverse del sitio. Aquel lugar en el que María podía no pensar y olvidar las aristas amargas que habían marcado su vida. Mueve la cabeza al son de la música cuando el relato baña como un manto la noche. Mara sonríe y ambas se miran con complicidad.

 

 

Fue una niña que “hacía cosas que no se debían hacer”, tal y como se define ella misma describiendo las particularidades de su personalidad desde muy joven. Esta noche viaja también (para cerrar el círculo tras las visitas a El Faro de su madre, Cristina Rota, y su hermano, Juan Diego Botto) a la parte más dolorosa de su historia familiar, cuando su padre desaparece en la dictadura argentina de Videla. Es el relato de una hija marcada por un episodio traumático, una cicatriz que prevalece en sus respuestas y recuerdos, en la memoria y en su concepto de ella misma. 

 



 

No es fácil que una invitada guarde tantas sorpresas como María Botto. La actriz, que esta noche comparte sin su habitual timidez su vida con los oyentes, relata su amor por el baloncesto y, sobre todo, cómo en los años 90 quedó segunda clasificada en una edición del prestigioso Festival de Viña del Mar. Aquella noche interpretó una canción sobre la guerra de Bosnia. Este relato apasionante e inesperado entronca ahora con la realidad de la barbarie en Ucrania, para la que no escatima ese compromiso firma que la ha caracterizado siempre. “No es ninguna tontería lo que está ocurriendo. No se puede invadir un país soberano, comparto mi firme condena a la invasión rusa”, enfatiza-

 

¿No nos habremos perdido a una gran cantante?, le pregunta Torres. Y esa María Botto reservada se analiza esta vez ante nuestros ojos. “Yo soy actriz porque tengo mucha dificultad con la realidad. Me cuesta bastante relacionarme, necesito estar muy segura y muy contenida. Por eso soy actriz: necesito ser otras personas”, revela. Y añade: “Me pasaba algo parecido con la canción. En el escenario uno puede ser muchas cosas”. La música y la interpretación la definen, rodean y abrazan por igual. 

Esta bonaerense de 48 años acaba estrenar Malnazidos y estamos a punto de verla también en Código emperador, junto a Luis Tosar. Más tarde llegará todavía un tercer largometraje, Hustle, que rodó en Filadelfia con Adam Sandler. No para: el cine sigue ejerciendo para ella de gran tabla de salvación. Botto es como aquel verso de Alfonsina Storni: “Yo con mis manos quiero apartar la maleza”. Se adentra en la luz y la sombra de todo, se intuyen siempre en sus formas una fortaleza inherente. Siendo ella la reflexión y la pausa en persona, las experiencias vitales que ha traído esta noche son el regalo de la María más confesional.

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