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05-07-2021

#ElFaroenAISGE

Una visión íntima y por escrito de las mejores entrevistas de Mara Torres en las madrugadas de la Cadena SER

 

 

María León: Salir a pisar la tierra

 

 

De niña se sintió parte de un clan circense. 10 años atrás se hermanó en pantalla y para siempre con Inma Cuesta. Y ahora se abraza a Yerma, nada menos. Cada personaje es, dice, un viaje con el mejor amante posible: el espectador

 

 

MARINA GARCÍA DIÉGUEZ (@marinagdieguez)

@elfaroSER @maratorres_

Es difícil encontrar unos ojos con tanta verdad en el cine español como los de María León, escribe una oyente en las redes. Y no le falta razón. Uno se pierde en esa mirada, como si fuese un mar, mientras la escucha hablar. Esta madrugada lleva consigo a esa Yerma lorquiana que acaba de estrenar en los Teatros del Canal. En los primeros minutos de esta conversación relata, vibrante, a flor de piel, cómo con 17 años se fue con dos amigas a Almería y esa escapada le cambió la vida. Se encontró como individuo, supo quién era aquella María y puso sus energías en querer ser actriz. Como dice la obra de Lorca, “Muchas noches salgo descalza al patio para pisar la tierra, no sé por qué”. Aquel verano, ella pisó la tierra para siempre.

 

 

El pelo suelto, medio enredado. María León es esa niña que se tranquilizaba viendo a sus padres desde la orilla mientras recogía las coquinas que luego se comerían en casa de la tía Valle. La misma que esta noche sale y dice: "Me voy directa a darle un beso a mi madre". Su familia ya pasó antes por este faro; primero Paco León, su hermano y, luego, Carmina Barrios, la madre. La manera en la que tiene de describir a su “manada” tiene un punto de origen: el circo. Esta Gataparda aprendió allí que el trabajo sale adelante con la unión de un grupo y que es tan importante el que lleva la nariz de payaso como el que mueve los cables. “Hemos mamado el circo. Cuando me enfrento a un rodaje siempre pienso en ellos. Es la unión de lo que vengo”, dice con los ojos humedecidos.

 



 

Esta Gataparda se adjudica de seudónimo ‘Animal’. Si las luces del faro hubiesen ido bajando poco a poco, la silueta de María, con ese pelo ondulado, sería, sin duda, la de una leona. Así, con esa garra, fue como se peleó para ser actriz. Aquel verano en el que había empezado todo, su hermano Paco le aconsejó que tirase por ese camino. “Llegué a Madrid y recuerdo épocas dulces y menos dulces. Al principio, con mis compañeros de la escuela, me decían qué mal lo haces. Y era verdad”, explica. En esos años María León hizo cientos de episódicos en las series del momento. “En uno de esos episodios me querían meter en un nicho de verdad, pero era claustrofóbica, y llamé a mi madre desesperada. Ella me puso los pies en el suelo y me dijo: ¿No querías ser actriz? ¡Pues toma!”, exclama. Le viene de casta la garra.

 



 

Pero esas ganas siempre estaban, insiste María. Un día llegó Benito Zambrano y, a pesar de que los tres meses de casting no le habían servido para tenerlo claro, la escogió para La voz dormida. Recuerda, sonriente, cómo su hermano le decía: “Tómatelo como un seminario, que vas a aprender mucho”. Y así fue. Se emociona, detiene la entrevista para regresar a ese momento de su vida. “Los premios están muy bien, pero lo más importante de aquella película fue la hermana que me llevé”, explica. La unión vibrante y conmovedora de esas hermanas, Inma Cuesta y ella, que sufrían la represión de la Guerra Civil fue brillante en la pantalla y se mantiene en esa vida que existe fuera de la ficción: esa conjugación de dos mujeres que si quieren y se admiran.

 

Antes de terminar, vuelve al cobijo de su familia. Cuando Paco les dijo que iba a hacer una película, Carmina o revienta, y que los necesitaba a todos, allá que se fueron. “Me di cuenta de que nos queremos muy por encima de muchas cosas”, explica. “Nos separa y nos une todo, y nunca nos reprochamos nada. Por eso yo me siento tan libre con mi familia”. Aquella experiencia le demostró que el espíritu que habían heredado del circo seguía intacto. Los León, a prueba de cualquier cosa.

 

María León sale del estudio, se apagan los micrófonos y confiesa, en bajito: “Ahora mismo voy a llamar a Inma, a mi hermana, que más guapa no la hay por dentro y por fuera”. Esta Gataparda que se sentía estafadora cuando ganó el Goya, porque la humildad no abandona esos ojos de azul verdoso, enamora en la noche. “Por eso yo creo que esto me gusta tanto. Porque con cada personaje me puedo pegar un viaje con el mejor amante, que es el espectador”, explica. La vida son declaraciones de intenciones tan contundentes como estas. Pero es María León, solo puede ser de esta forma. Hay mucho de Yerma en ella, como esa parte de Lorca que está en todos nosotros. Que vive siempre y para siempre.

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