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13-10-2021

            

#ElFaroEnAISGE

Una visión íntima y por escrito de las mejores entrevistas de Mara Torres en las madrugadas de la Cadena SER

 

 

 

 

 

Marina San José, binomio emotivo a la enésima potencia

 

 

 

Nació llorando y con la sonrisa en la boca. Singular es esta habilidad suya, como su capacidad para emocionarse con el recuerdo. Le tocan en lo profundo las vivencias en la Asturias natal de su padre o el momento en que este alumbró para ella la canción 'Nada nuevo bajo el sol'. Pese a que en la adolescencia no le gustaba estudiar, el reconocimiento le llegó a base de lidiar con los infinitos guiones de 'Amar en tiempos revueltos'. Ahora está en el Teatro Fígaro con 'Escape room' 

 

     

            


MARINA GARCÍA DIÉGUEZ

A veces uno se mete dentro de una canción y viaja por esa letra, por esas notas, casi de forma sideral. Marina San José escucha Dans mon île y desaparece de pronto del estudio central de la Cadena SER, donde está sentada con Mara Torres, para aparecer en ese lugar suyo del recuerdo. “Me emociono porque no son imágenes lo que me viene. Es un tiempo. Asocio esta canción a abrir las alas”, dice la Gataparda. La dulzura de unos ojos chispeantes y esos mechones del flequillo que caen con sutileza entre los ojos. Decía Natalia Ginzburg: “La memoria es amorosa. Ahonda sus raíces en nuestra propia vida y por ello su elección nunca es casual, sino apasionada e imperiosa”. Aquí la prueba, aquí Marina.

 

   Esta entrevista es también la de una niña que juega con su primer amigo, su perrita Luna. Y es ese relato evocador del despertar a la vida. La Gataparda muestra pronto, ya en los primeros minutos, en las primeras preguntas de esta conversación, que ella es de esa poca gente que sonríe y llora al mismo tiempo. Lo describe Mara Torres: “Nació llorando y con la sonrisa en la boca”. Esa mezcla perfecta es el binomio de la emoción a la enésima potencia, lo que acerca la luz de Marina a la radio. “Me parece lo más gozoso del mundo”, explica. Aquella niña que creció con la referencia del Mar Mediterráneo en Menorca y de la montaña y la cuenca minera asturiana es a veces solo eso, una niña aún.



   Jugaba de pequeña a ser otras personas, llevaba dentro la naturaleza misma de la interpretación. “Me metía en el baño de mi madre y le robaba el maquillaje. Aquel juego me parecía una transformación absoluta”, relata. De allí, “por mala estudiante” [ríe al decirlo], se metió a estudiar en la escuela de William Layton. Tenía 18 años. “Me atrapó”. A esa Marina que escapaba de entregar en casa sus notas siempre malísimas, le tocarían luego los eternos guiones para las grabaciones de Amar en tiempos revueltos, la serie que le dio reconocimiento. La vida a veces tiene estos juegos inesperados. 

 

   Su primer trabajo le dio el seudónimo que usa esta noche: ‘Xana’. Sus padres, Ana Belén y Víctor Manuel, le ofrecieron que se fuese de gira con ellos. Para alejarse del apellido cuando en los créditos reconocieran su trabajo, decidió bautizarse con ese nombre asturiano. Por lo cercano, por la parte del corazón que allí tiene. “Aún viajo a Asturias siempre que puedo. Adoro su gente, su comida, estar allí…”. Ese vínculo que tiene por familia sigue intacto en ella a día de hoy. 



   “Le gustaba tanto que la enjabonara”. Ese verso tan evocador de Nada nuevo bajo el sol, de la canción que su padre le escribió a los 15 años, son también cinco palabras que humedecen sus ojos y su recuerdo. La letra y la melodía la conocemos todos; la historia de verdad la descubrimos esta noche. El novio de Marina por aquel entonces le estaba escribiendo una canción. Ella fue junto a su padre y le dijo: “Jorge me está escribiendo una canción”. Tiempo después, Víctor Manuel la llamó para que bajase al estudio de música de la casa, donde él cantó. Marina lloró a mares y no recuerda nada más. ¿Quién no está imaginando ahora esa escena? Con el relato imaginario de una historia y nuestra propia materialización de los hechos.



   Esa canción contiene también la frase que, según Marina, mejor las define a ella y a su madre: “Ríen más que nadie y lloran por nada”. Regresamos a esa cosa tan suya, siempre la risa, siempre la lágrima que se retira con elegancia. Dice la Gataparda que el tema inicial de esta entrevista, Dans mon île, la emociona porque es un despertar a la vida. Ella también. Ella es siempre un despertar de sueños, de emociones, de pasiones. Marina sin demasiadas exigencias sobre qué debe ser el futuro, Marina que disfruta el paso de estar cada día en el mundo, trabajar, reír, llorar. Marina que, si se despista, termina la conversación con Mara y aún sigue en aquel túnel bajo la casa familiar de Asturias, donde recogía peces para luego dárselos a los gatos.


   ¿Y ella va a cantar? “Me da mucha vergüenza. Es una cosa que tengo que quitarme”, dice. Aunque ya hizo los coros a sus padres, falta alguien que se lo pida directamente, como subraya Mara. Ahora vuelve a estrenar en el Teatro Fígaro la obra Escape room, que había quedado parada por la pandemia. Se trata de una comedia de miedo, lo que hace falta en momentos como este, reconoce la Gataparda. Anota con tono divertido que “a la gente le gusta mucho verte sufrir”. Y opina que “esa contradicción es lo más bonito”. El público, coinciden entrevistada y entrevistadora, está más ávido que nunca de alimento cultural.

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