twitter instagram facebook
Versión imprimir
04-10-2021

            

#ElFaroEnAISGE

Una visión íntima y por escrito de las mejores entrevistas de Mara Torres en las madrugadas de la Cadena SER

 

 

 

 

 

Petra Martínez, músculo artístico mientras suena el disco aquel de Bebo Valdés

 

 

 

Entre 'Barrio Sésamo' y 'La que se avecina' formará parte para siempre del imaginario colectivo de este país. La menor de siete hermanos, aquella niña cándida que no sabía por qué a su padre le llamaban "rojo", reivindica ante todo la sonrisa. Y eso que a ella, en escena, también se le da muy bien llorar

 

 

     

            

MARINA GARCÍA DIÉGUEZ (@marinagdieguez)

@elfaroSER @maratorres

Petra Martínez recrea en ese encuentro inicial con el mar algo sanador, purificante. Muchos y muchas de los que pasan por El Faro se entregan ahí, en esos primeros momentos, a las mareas intempestivas y arrasadoras de los recuerdos. La actriz cierra los ojos y sonríe mientras habla. Esa expresión amable es su inconfundible marca personal. Petra Martínez es en ella misma un personaje, un conglomerado de todos los papeles que ha interpretado en una carrera larga y fructífera, de tantos guiones y réplicas estudiadas. De tanto teatro. Es también una voz dulce que engancha mientras conversa en la noche y entrelaza sus manos en los brazos.

 

Sus años paseando por la vida y sus años paseando por el escenario son hoy una puerta abierta de historias. Mara Torres va hilando uno a uno los recuerdos como en una madeja y pronuncia una frase de esas que abren hasta los poros de la piel: “¿Mamá, somos pieles rojas?”. Son cuatro palabras que juntas tienen que ver con lo que Petra es, con las piezas que componen sus raíces. Habla de un tiempo pasado. Su padre había sido perseguido por republicano y a ella la acusaban de “roja”. En aquel contexto la inocencia de una niña, inocencia intacta en los ojos que ahora miran a Mara, no entendía por qué un insulto tenía nombre de color. Se vio respondiendo “azul” en ese momento en el que el drama se vuelve comedia. Con el tiempo entendió qué significaba todo ello. El cine y su madre tuvieron mucho que ver.

 

 

Petra fue, así, una niña que iba al cine continuamente. Era lo que llenaba las tardes de su infancia y juventud y es lo que luego llenó los días y noches de su carrera. La vida la fue acercando, empujando a la interpretación. “Me enteré tarde que existía el teatro, pero cuando lo descubrí me cambió la vida. Me atrapó por completo”, explica. Se fueron sucediendo las obras, las tablas, las giras. “Tras haber creado nuestra propia compañía nos llamaron para hacer Barrio Sésamo en la tele”, explica. Más de uno habrá pegado un salto en la silla al leer de nuevo, al afrontar esa bocanada de recuerdos. Pensar: ¿Qué estaba haciendo yo cuando Barrio Sésamo? Aquello cambió su historia y también la de la televisión de nuestro país. Veían el programa siete millones de niños todos los días. “Aquel éxito fue bestial, era lo que había al salir del colegio. Los niños me paraban y, no es como ahora, tenía que firmar autógrafo por autógrafo”, añade Martínez.

 

Entre aquel éxito descomunal y La que se avecina, otro de los trabajos que la convierte en parte del imaginario y cultura de todos los españoles, median 30 años. Suenan ambas sintonías y, en medio, su relato cercano y siempre risueño con Mara. “A mí me ha dado una visibilidad increíble. Cuando me llamaron cambiaron mi vida. Me cuesta explicarlo con palabras”, dice. Pero, en realidad, lo explica mejor que nadie. Lo que ocurrió cuando decidió dar el salto a una serie de humor fue como cuando, cita ella misma, te intentas quitar el machismo, pero con los prejuicios. “Me digo siempre que hay que luchar porque es muy fácil juzgar primero. Por ejemplo, con LQSA mi prejuicio era que no era drama y no podías lucirte llorando”, explica. Le honra reconocer las dudas y haber dado el paso. Ahora saborea uno de los papeles más queridos por el público.

 



 

Y dice machismo, no por casualidad. En su dilatada trayectoria como actriz, Petra reconoce: “Mi mayor machismo ha sido no verme. Me sentía invisible para mucha gente. Cuando obtuve la visibilidad que te da un personaje en la tele, todos los que no me hacían caso empezaron a hacérmelo”, dice.  Su humildad intacta, la de aquella niña, la menor de siete hermanos.

 

Hemos hablado del cine, pero no hemos hablado de su madre. A Petra le brillan los ojos cuando recuerda su vida, la supervivencia de aquella casa de familia numerosa. “La inventiva que teníamos era superior. Mi madre era muy divertida, hacía maravillas a pesar de que no teníamos dinero”, explica. Y esa imagen de su madre creando con un manojo de acelgas un primero y un segundo para cada uno de sus hijos a la mesa, “como si fuese el Ritz”, está toda la ternura de lo materno. “Si ahora viviese se inventaría ella Amazon”, ríe. “Mi madre era como una niña”, dice Petra, sin percatarse de que una descripción así habla también de ella misma, de la mujer que ahora habla con Mara Torres.

 



 

Esta Gataparda que en los 60 de la España franquista se fue a estudiar a Londres, que usa el pseudónimo de Coreanita y que se encuentra más activa que nunca no puede irse sin hablar de Juan. El también actor Juan Margallo, su marido, su amor, un nombre fundamental que va pegado al suyo desde hace más de 50 años. “Discutimos mucho, pero luego estamos de acuerdo en todo”, dice. Y es una frase que responde todo, incluso las preguntas que aún quedan por hacer. La escucha del disco íntegro de Bebo Valdés Lágrimas negras le sirve a Petra para ensayar sus textos mientras hace cinta y camina, “para coger fondo y no cansarte en el escenario”. Ahora solo pedimos que vuelvan a poner el disco otra vez. Aunque solo sea esta noche, este encuentro merece un bis.

Versión imprimir

Contenidos Relacionados