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27-09-2021

#ElFaroEnAISGE

Una visión íntima y por escrito de las mejores entrevistas de Mara Torres en las madrugadas de la Cadena SER

 

 

Una estampa al amanecer para explicar a Yolanda Ramos

 

Soñó con vivir otras vidas mientras escuchaba, embelesada, a la bohemia que frecuentaba el bar de sus abuelos. El regreso a la ciudad dormitorio de la periferia era cada noche amargo. Después de que la descubrieran Los Javis, ella es hoy el ejemplo para quienes transitan por la edad del porvenir

 

MARINA GARCÍA DIÉGUEZ (@marinagdieguez)

@elfaroSER @maratorres

Exterior noche. Dos amigos salen de trabajar en un cabaret de Barcelona pasadas las cinco de la mañana, se suben en un Ford Fiesta y, aprovechando que el alba va asomando por la línea costera de Barcelona, se sientan a contemplar la vida desde Montjuïc. Hablan del amor, del amor romántico, y se preguntan cuándo tendrán ocasión de conocerlo de verdad. A lo lejos, los contenedores de las cargueras atracadas en el puerto reemprenden su trajín. Mientras ellos cierran su jornada, el mundo, ahí fuera, está emprendiendo la suya. Esta escena que Mara Torres le trae de vuelta a Yolanda Ramos en El Faro es verídica; la chica es ella hace muchos años, el chico es uno de sus mejores amigos. Forma parte este relato de sus recuerdos más valiosos, tanto que de ahí parte una nueva serie que está preparando, no sabemos con quién. Que Mara traiga este fragmento de vida de vuelta no es casualidad: en aquella escena se encuentra mucho de la profunda humildad de esta Gataparda, que ella esté trabajando en ese momento de su vida para llevarlo a la pantalla es una coincidencia como pocas. Exclama: “Me está pareciendo como si me hubiera desmayado y estuviera soñando esto”. Y solo acabamos de empezar.

 

La actriz visita esta noche “ese programa al que tanto me han insistido que tenía que venir” porque, confiesa, la gente le decía que algo muy particular ocurría a la luz de la radio. No se equivocaban. La primera imagen, poderosa, emotiva, nos deja ya la altura de lo que luego será una conversación para descubrirse. En esta media hora sabremos, por ejemplo, de los difíciles comienzos de la actriz, cuando su inseguridad le impedía presentarse a castings. O todo lo que, años después, tendría que vivir en una profesión que no la entendía hasta que encontró una generación que supo ver en ella, en sus particularidades, una singularidad genuina. Su papel en Paquita Salas como Noemi Argüelles se ha convertido en un icono pop de las series en nuestro país. En ese personaje se hallaba toda la Ramos que nadie se atrevió a sacar y que ahora es imparable.

 

 

Hay varios ingredientes de su personalidad que afloran en esta conversación, que se abren como las páginas de ese libro íntimo y esencial. “El Bar Cleo era el bar de mis abuelos”, relata. “El lugar más pintoresco del mundo. Allí iban artistas y políticos. Conservo en la memoria la magia inmensa de aquel lugar en el Barrio Gótico de Barcelona. Soy lo que soy por ese lugar”. Se le mete ese recuerdo en la piel, brilla cuando lo cuenta. Porque Yolanda es aún aquella niña que soñaba entre esas mesas, que se sentía en su salsa cuando se rodeaba de artistas y se deprimía cuando, al caer la noche, volvía con sus padres a su ciudad dormitorio de las afueras. Aquella tristeza, comparada con el mundo que ella llevaba dentro y que afloraba en el bar de sus abuelos, marcó su juventud.

 

Esta noche se habla mucho de la tristeza, porque, como reconoce Yolanda, es un sentimiento que ha formado parte de su vida y al que no puede negarse. “Era una persona que me conmovía más que las demás. Para convivir con ello, y creo que ayudo a mucha gente diciéndolo, tomo pastillas antidepresivas”, explica. Sincera, directa: con ese rojo que la realza hoy –en la blusa, en los labios, en las uñas– y que es tan intenso y huracanado como ella. “Hace tiempo me ayudó mucho que me dijesen los especialistas que yo era una persona con un trastorno. Lo han descubierto recientemente, se llama PAS y significa ‘persona altamente sensible’. Lo sufre el 20 por ciento de la población e implica una sensibilidad muy superior a la media”, relata a Mara Torres y a todos los oyentes. “Yo fui una niña con una sensibilidad artística que me hizo muy infeliz los primeros años, hasta que supe entenderme”, añade. Este es un viaje por su carrera y por su descubrimiento personal como un regalo generoso.

 



 

Esta Gataparda había elegido Luis García Berlanga como pseudónimo porque insiste en que comparte el imaginario del director de una manera casi absurda. Ella es berlanguiana, no hay dudas. “Ver sus películas para mí es como estar en casa. No sabría explicarlo, pero me hace pensar: este es el patriarca de mi tribu”. La carrera de Yolanda Ramos es también el imaginario de esta actriz rebelde que reivindicó a toda costa su verdad en los personajes. Su recorrido despega cuando Paco León, primero, y especialmente Los Javis después aparecen en su vida. En esta noche con Mara Torres comparte también el agradecimiento, la luz que aquel encuentro aportó a su vida. Reivindica también que ellos, volviendo al concepto de tribu, le diesen un lugar en su trabajo casi como dándoselo en el mundo. Llegó a su creación, a su manera de ver el arte y la vida y supo que había llegado a un sitio que se parecía mucho a lo que siempre había anhelado.

 

 

No sabemos si su futura serie rescatará también esa imagen de la chica que trabajaba 12 horas en un cabaret pero quería ser actriz, que se rodeaba de gente que “habíamos ido a caer allí por alguna situación extraña” y que construían una fauna muy particular. Pero todo ese bagaje sirve para entender la humildad que subyace en cada respuesta, la celebración de sí misma después de haberse esforzado tanto y haber demolido tantos prejuicios de tanta gente. “Yo no tengo asumido lo que es ser una estrella al uso, agradezco a los Javis porque me han hecho sentir importante de verdad”, añade.

 

Hay una frase que resume su historia y que ha de cerrar este relato, porque después de ella no hay nada: solo entender todo. Dice Yolanda Ramos: “Hay gente a la que le da asco mi humildad. El día que deje de ser miedosa, hipocondriaca, humilde, empática, ya no sabré hacer a Noemi Argüelles”.

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