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08-06-2020


EMILIO PALACIOS


 

“Si no hubiera tenido un papel en ‘Malaka’, estaría mordiéndome las uñas”

 


El actor malagueño atesora una corta pero intensa trayectoria audiovisual. Ahora asegura tener los nervios a flor de piel ante su debut en el teatro junto a Cecilia Suárez



LUIS MIGUEL ROJAS NAVAS

Puede decir Emilio Palacios (Málaga, 1992) a sus 28 años que llegó y besó el santo. Que su éxito no es un pico elevado que de pronto cae al vacío, sino una constante que se fundamenta en lo que dan de sí el trabajo y el talento, ya queda bien claro a estas alturas.

 

   Deja a un lado la falsa modestia para reconocer con convencimiento su don. Porque ensalzar las facultades propias supone para él el primer paso para poder desempeñar su labor: “Si no crees en tus propias capacidades, ¿cómo vas a querer que otros te las reconozcan?”.

 

   Servir y proteger, El Príncipe, Malaka, La puerta abierta o 1898. Los últimos de Filipinas son algunos de los títulos que jalonan la carrera de este actor que jamás pensó que su actitud positiva y predispuesta a la abundancia le daría tan buen resultado. 

 

   Aún con la satisfacción de haber figurado entre los nominados a los premios de la Unión de Actores como mejor intérprete de reparto en cine por La trinchera infinita, Palacios prefiere no levantar los pies del suelo. Su acento andaluz se ha diluido por la sucesión de personajes a los que ha dado vida, pero su talante del sur sigue reflejándose en una mirada traviesa que traspasa la pantalla y alegra una tarde de café.  

 

– Empezaba como actor cuando al otro lado del teléfono escuchó la voz de Luis San Narciso. ¿Qué sintió?

– Ese momento fue muy potente. No me lo esperaba, y sé que es lo típico que se dice, pero me quedé sin palabras. Recuerdo que estaba durmiendo en casa de una amiga y me despertó el teléfono. Me puse tan nervioso que al proponerme Luis que fuera por la tarde a verle, yo le dije que no, que tenía clase en Corazza. Llegué al punto de no saber gestionar lo que me estaba pasando y casi rechazar la oferta. Pero hubo un giro dramático. Él me dio una dirección donde me esperaría al cabo de una hora. Le pedí a mi amiga algo de ropa que pudiera ponerme, me acicalé como pude y me monté en un taxi. Luis fue encantador y yo me sentí muy cómodo porque tiene la facilidad de hacerte sentir bien. 

 

– Un despegue inesperado, entonces.

– Se puede decir que sí, que aquí se puede usar la metáfora del despegue. Como cuando te montas en un avión y sientes los nervios por el vértigo. Pues yo en el taxi hacia Globomedia sentía eso totalmente.



– Siete años han transcurrido desde esa llamada y su currículum se ha llenado de títulos. Cuando decidió dejar sus estudios en Granada por la interpretación, ¿pensaba que se comería el mundo de esta forma?

– ¡Puf! Esa pregunta directamente la quería evitar. Me asustaban dos cosas: pensar que no lo conseguiría y, en caso de que lo lograra, que iba a traer unas consecuencias. Así que me creé una película en mi mente en la que las cosas irían poco a poco. Pero al final todo fue más rápido de lo que pensaba. Creo que, de forma inconsciente, estaba preparado para lo que venía y pensaba en positivo, por eso atraje todo esto.

 

– B&bLos héroes del mal, La zonaServir y proteger… Si diera marcha atrás en el tiempo con posibilidad de repetir la experiencia en alguno de esos proyectos, ¿cuál sería?

– Me gustaría hacerlos todos de nuevo porque ahora sé más que cuando estaba involucrado en ellos. Pero estoy contento con el resultado, aunque siempre vea cosas que se pueden mejorar. Pese a ello, creo que he dado de mí todo lo que podía, teniendo en cuenta lo que sabía o la situación concreta que se estaba dando. 

 

– Tanta buena noticia tiene que ser por algo. ¿Cree en su talento?

– Sí, sin duda. Si no, no podría hacer todo lo que he hecho. También creo mucho en el trabajo y en los procesos personales y profesionales. Se trata de ir creciendo y alimentando un talento sano, con paciencia y mucho trabajo. La palabra ‘esfuerzo’ no me gusta demasiado, pero en este caso, un poquito de él también viene bien.

 

– ¿Por qué no le gusta?

– Porque a los actores no nos gusta estar forzados. El resultado tiene que salir de forma orgánica. 

 

– “Consejos vendo que para mí no tengo”, dice el refrán. ¿Le ha pasado a lo largo de estos años? 

– Lo hago sobre todo con mis amigos actores y actrices de mi edad. Siempre suelo aconsejar paciencia y buen humor. Y no es que yo no me lo aplique, pero es que a veces no resulta sencillo. Hay ocasiones en las que vivimos todo intensamente y debemos tomar distancia. También hay momentos en los que algo no te sale, pero te sale en la siguiente función o en otro proyecto. Y eso no tiene que ver con falta de talento o con no poder dar un resultado. Perfeccionar el oficio lleva mucho tiempo.



– Pasó por Servir y proteger. ¿Mantener un papel durante tantos capítulos encasilla?

– El problema que yo encuentro es que, si actúo con un personaje durante tantos episodios y sin tiempo para trabajarlo con profundidad en casa, hay muchas papeletas de que ese personaje tenga demasiadas cosas de mí. Al principio de un proyecto, con la llegada de los primeros guiones, hay algo nuevo, pero cuando llevo 10 u 11 meses en la piel del mismo personaje y estudiando los guiones prácticamente de un día para otro, al final acaba adquiriendo muchos rasgos míos. Eso no es malo, ni mucho menos, a veces sirve.


– ¿Qué reto profesional y personal le hace crecer?

– En lo personal, por ejemplo, dejar de fumar. Y en lo profesional, sobre todo, conseguir tener una actitud proactiva. Como cada proyecto va a traer desafíos y cosas desconocidas, en lugar de machacarme por querer saberlo todo desde ya, me dispongo a tener una actitud más de aprendizaje.


– A lo largo de la conversación noto que su acento está cada vez más diluido. ¿Cómo encaja usted la crítica destructiva en el audiovisual hacia los acentos, y concretamente al andaluz?

– ¿Crees que solo pasa con el andaluz? ¿No pasa con el gallego, con el catalán? Intento ver esto desde una perspectiva profesional. Si mi personaje es de Valladolid, no puede hablar con deje andaluz. De hecho, he llegado a poner acento vasco. Si está justificada la neutralidad del acento, para eso soy actor, para ponerme en la piel de cualquier personaje. Fuera de eso, las críticas al andaluz no las tengo en cuenta.


– Continuando con Andalucía como hilo conductor, le vimos en el elenco de la reciente Malaka. ¿Qué le parece la tendencia a descentralizar las localizaciones de las producciones? 

– Sinceramente, si no hubiera tenido un papel en Malaka, estaría mordiéndome las uñas. Fue un orgullo formar parte de ese proyecto. Los guionistas son chavales de Málaga. Y me gustó que se retratara una Málaga tan completa. Qué lujo que mi ciudad tuviera un hueco en la televisión nacional. Es bueno que Andalucía pueda ser escenario de distintas historias y que tomemos esa tendencia americana de descentralización del cine. En Andalucía y en otras comunidades hay mucho por contar.


– ¿Cómo se trabaja codo a codo con Antonio de la Torre y Belén Cuesta?

– Muy bien. Aprendí muchísimo. En lo personal nos llevamos genial, y trabajando fue un gustazo. Es más, me muero de ganas por volver a trabajar con los dos.


– La trinchera infinita ha conmovido al público y su personaje ha sido muy valorado. ¿Qué se comenta en los círculos de la profesión? 

– Ha gustado bastante. Y concretamente, ha impactado la última secuencia con el padre y la madre. Más allá del mundillo, mi madre dice que en esta película es donde mejor me ha visto.



– Se estrena en el teatro con El sonido oculto junto a Cecilia Suárez, muy alabada en España desde su descubrimiento en La casa de las flores. ¿Cómo está siendo el proceso compartido con ella? 

– Yo también la conocí viendo esa serie. Coincidimos en la segunda ronda de casting para la obra, cuando ella ya estaba elegida. Fran Franco Alba, el director, nos dejó un tiempo para hablar los dos a solas y estuvimos conversando sobre el texto, los personajes… Enseguida noté sintonía. Es un regalo trabajar con alguien que además te dice que el feeling es mutuo.


– ¿Está nervioso ante su primera vez sobre las tablas?

– De vez en cuando se me revuelve el cuerpo. Pero al mismo tiempo, tengo muchas ganas y mucha confianza en Cecilia, en el director y el equipo técnico. Creo que, aunque esté nervioso, va a ir bien.


– Si en un futuro plantearan una serie o película que retratase el momento político y social que estamos viviendo, ¿qué personaje relevante le gustaría encarnar?

– ¡Complicada esa pregunta! Hay bastantes, pero pensando en el parecido físico dentro de unos años, podría dar vida a Pablo Casado. No porque comparta ideología, puesto que no tengo mucho de la suya, pero sí sería un personaje ideal si es cuestión de investigar y meterme en un proyecto de gran envergadura



– Cuando desconecta, ¿cuál es su plan perfecto? 

– Ir al gimnasio y dar un paseo por el Retiro. También me motiva salir por discotecas africanas de Móstoles. O estar en mi casa, ir al mercado por la mañana, comprar ingredientes para hacer un plato bueno… Además, Madrid no me estresa: vivo en Lavapiés y paseo mucho por el barrio. A mí tener tiempo me encanta. Me gusta trabajar, pero no trabajar me vuelve loco [risas].


– Curioso lo de las discotecas africanas. ¿Qué música suele escuchar?

– Música tradicional y moderna de África, sobre todo de Nigeria y Congo, y de Guinea Ecuatorial escucho mucho a Adjoguening. Me siento un poco traidor con algún grupo, pero por citar uno ahora mismo.


– ¿Se dedica mucho tiempo?

– Sí. Tiempo y dinero. Invierto tiempo en mí para construirme como persona.

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