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11-01-2022

Esta peli no la conoces ni tú



El ‘Guernica’ de la emigración

 

El documental ‘Notes sur l’émigration. Espagne 1960’ reflejó en 18 minutos, oscuros e intuitivos, el dolor de la tragedia fratricida



LUIS MARTÍNEZ (@luis_m_mundo)

Imaginemos por un momento que alguien se coloca delante del Guernica por primera vez sin saber nada más del cuadro que la tragedia cacofónica de las figuras que se retuercen contra su destino. En ese instante de lucidez, digamos primigenia, la mirada es enfrentada al límite de su propia posibilidad. No es tanto lo que se ve en esa tela gigantesca como todo lo que se le niega a la mirada ajena al color rojo de la sangre, a la amabilidad del trazo que abraza, a la certeza del espacio, a la infinitud de los azules. En el sentido opuesto a la lectura de cualquier lengua occidental, la pintura narra un cuento sin historia, una tragedia sin voz, un infinito oscuro. Y es ahí, en la brutalidad opaca de lo negro, donde la propuesta de Picasso cobra el sentido pleno del horror y del absurdo que condena. Y al final, a la izquierda, el gesto de una madre que se despide. De todo y de sí misma.

 

   Ese espectador primerizo descubrirá luego que se habla de la Guerra Civil, que la obra quiso ser una llamada de alerta a las democracias liberales dormidas y que con el transcurrir del tiempo acabaría convirtiéndose en emblema de una dignidad recuperada. En realidad, el sentido original del cuadro es el que justifica todo lo demás. Nunca al revés. Y el problema es que la información del detalle y circunstancia de la ejecución del óleo difumine ese necesario y único instante de lucidez.





Los directores de 'Notes sur l'émigration': Jacinto Esteva (izquierda) y Paolo Brunatto (derecha)


   Entre primavera y verano de 1960, los jóvenes cineastas Jacinto Esteva y Paolo Brunatto (que en ese momento eran más bien aspirantes a arquitectos) rodaron una de las películas más misteriosamente transparentes que ha conocido el cine español. Notes sur l’émigration. Espagne 1960 fue, con el paso del tiempo, más conocida por el conflicto diplomático tan agrio como surrealista que provocó que por la certeza de su imagen, la claridad de su compromiso y el rigor narrativo de una tragedia que se antoja eterna. Como en el caso hipotético del espectador aún virgen del Guernica, la propuesta ahora es acercarse a la cinta con los bolsillos vacíos, con la información de los últimos párrafos en suspenso.

 

   Lo que se ve son apenas 18 minutos de una España atávica y, sin embargo, perfectamente reconocible por cercana. La película no aspira a más que lo que anuncia el título: unas notas, unos apuntes, un bosquejo. De hecho, en principio era un trabajo de documentación preparatorio para un estudio sobre los problemas de vivienda en las grandes urbes del país. En la pantalla, unos emigrantes españoles sin identificar hablan en la estación de Ginebra sobre su suerte, su vida, su huida. Son unas frases rotas que se ahogan en su íntima banalidad. No hay discursos, ni reflexiones, ni épica ni lírica. Las palabras ruedan delante del micrófono sin color ni profundidad, apenas con sentido. Y es ahí, en ese vacío, donde adquieren el rumor eterno de la mayor de las catástrofes.



   Del otro lado, ya en España, Notes sur l’émigration se traslada al barrio almeriense de La Chanca y se desliza pudorosa por la más pura y sucia de las miserias. Lo que se ve impresiona en su crudeza. Pero lo relevante, en su ingenuidad de documentalistas primerizos, es todo aquello que anuncian las sombras, lo que no figura en el plan de rodaje. Se podría hablar de una España tan atrasada y brutal como la que había retratado Buñuel en Tierra sin pan. Pero la propuesta del director aragonés está infectada de cine, del cine que se sabe poseedor de un punto de vista que construye el sentido de la mirada, el alcance de la propia observación. No costaría referirse a la nitidez de los contornos de lo real con ejemplos extraídos del cine testimonial de Joris Ivens. Aquí lo relevante es otra cosa: lo que cuenta es la aparente dejadez, la naturalidad sin planificación que permite que lo real se imponga sin intermediarios.

 

   Lo que se ve es lo que es, y el espectador se sabe interpelado por un cuento que, como el propio Guernica, niega su propia historia. Y lo mismo que se anuncia como una revelación en el barrio almeriense se impone en los arrabales de una ciudad de Barcelona que, incapaz de digerir las masas de gente  llegadas desde el campo, se limita a amontonarlas en el barro. Notes sur l’émigration acaba así por convertirse en un mito sin leyenda, en la negación expresa de cualquier mitología, credo o Evangelio. Es solo la brutalidad opaca de lo negro.

 

   Para el final queda la imagen perfecta de una mujer que, con sus hijos alrededor, despide desde el andén al marido. Sin quizá pretenderlo, la película alcanza su fin necesario. Como los milagros de las verdaderas obras de arte, que, más que buscar, encuentran su destino. La madre, la diosa, levanta el brazo, que es a la vez despedida y reencuentro. En un icono eterno, la cinta de Esteva y Brunatto queda detenida para siempre en una tragedia sin voz, en un infinito solo oscuro.



Un secuestro rocambolesco

Sin embargo, el lugar que la historia reservó para la película, y que recoge Luis E. Parés en el libro Apuntes para una película invisible, es otro. El lío empezó el 11 de febrero de 1961, cuando Notes sur l’émigration fue elegida por Juan Goytisolo como prólogo para el acto de presentación de su libro La resaca en el Teatro del Corso de Milán. Lo cuenta él mismo en En los reinos de Taifa. De repente, unas protestas, un altercado, unas bombas de humo y unos camilleros misteriosos lo interrumpieron todo. Cuando todo acabó, las bobinas de la película habían desaparecido, se las llevaron ocultas en mantas de ambulancia. Los periódicos de Italia atribuyeron los hechos a grupos parafascistas italianos en colaboración probable con el gobierno franquista. La prensa española se refirió al hecho luctuoso como un acto de propaganda comunista, un escarnio para el buen nombre de una nación eterna.

 

   Pero lo rocambolesco del caso hizo que el ladrón se delatara poco tiempo después, cuando la propia TVE decidió emitir las imágenes robadas entre humos y camillas. Lo hizo, eso sí, con la voz en off de Matías Prats y el comentario posterior de José Antonio Torreblanca. Los dos desacreditaban las imágenes e incluso insultaban a Goytisolo, se revolvían en el fango de la más obvia incompetencia por negar la evidencia. A todo ello le siguieron pleitos, y a los pleitos, el ruido de una polémica que, pese a ser una imagen incontestable y fiel de esos tiempos oscuros, ocultó la inmensa relevancia de una película que salió intacta de aquel atraco chapucero. Había más copias que la de la ambulancia.



   Entre 1960 (año de Notes…) y 1973, más de un millón de españoles emigraron hacia Europa. El Plan de Estabilización de 1959 hizo posible que las divisas de los que se fueron salvaran a los que se quedaron. Fue una tragedia sin imágenes, un drama censurado. Por ello, la película del español Jacinto Esteva –más tarde autor de Dante no es únicamente severo o Lejos de los árboles– y del italiano Paolo Brunatto –posterior pope del cine underground en su país– se levanta como un testimonio irrefutable. Pero es sobre todo una obra plena sobre el vacío que la sostiene. Y al final, como en el Guernica, el gesto de una madre que se despide. De todo y de sí misma.

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