Una de las más gratas noticias del cine español de los últimos años ha sido el reconocimiento a una actriz de fuste como Marián Álvarez, ganadora de un Goya por La herida, la cinta que Fernando Franco nos brindó en 2013. “Manuela, mi rol, es una de tantas mujeres que en la posguerra, en ausencia de sus maridos o de un hombre en la casa, sacaron a su familia adelante con un valor y una fuerza que nunca han sido reconocidos”, expone Álvarez, que tiene en cartel Cien años de perdón, de Daniel Calparsoro. “Ha sido muy interesante rodar en la mina de donde se extraía el mineral que provoca el conflicto en la película”, sigue diciendo la intérprete madrileña. “Uno de los días de filmación me dio un ataque de claustrofobia y lo pasé mal. No puedo ni imaginarme lo que pueden sufrir los que trabajan en una mina continuamente”.
Le debemos a Julio Medem el descubrimiento de Manuela Vellés en Caótica Ana (2007), una actriz plena de encanto y personalidad que triunfó en los últimos meses con La novia, de Paula Ortiz. “Tanto Manuela como Candela son analfabetas. Nunca han salido del entorno de la aldea ni les ha sobrado el pan, pero tienen una inteligencia y bondad naturales que les hace oponerse a los que abusan de su autoridad”, explica Vellés, cuyo personaje está inspirado en Lola Touza, una Schindler gallega que ayudó a muchos judíos perseguidos en los años de la II Guerra Mundial a alcanzar la frontera portuguesa.
También destacan en Lobos sucios el andorrano Isak Ferriz (un influyente preso de la mina), al que vimos en Los últimos días, de David y Álex Pastor; y Ricardo de Barreiro (Virutas, otro de los prisioneros), actor de filmes como Siete meses de billar francés, de Gracia Querejeta.