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28-11-2012

Paco Racionero posa frente a dos de sus cuadros, en la sala de exposiciones de la Fundación AISGE

Paco Racionero posa frente a dos de sus cuadros, en la sala de exposiciones de la Fundación AISGE

Las pinceladas de luz de Paco Racionero
El actor se reivindica como pintor con la muestra ‘Sensaciones’, 36 títulos de inspiración paisajística firmados desde 2007
 


HÉCTOR ÁLVAREZ
Reportaje gráfico: Enrique Cidoncha
Paco Racionero, conocido a lo largo de las cuatro últimas décadas por su intensa labor sobre los escenarios y ante las cámaras, ha dado rienda suelta a su habilidad con los pinceles. Aunque esa faceta pictórica le acompaña desde joven, alcanza hoy su cumbre con Sensaciones, una colección de 33 óleos y tres lienzos a espátula que desembarcó el pasado 6 de noviembre en la sede madrileña de AISGE. Muchos fueron los compañeros de oficio que asistieron al acto inaugural para arropar al autor, desde Juan Jesús Valverde a Elisenda Ribas, Pepe Lifante, Claudia Gravi, Manuel Romero Gaona o Silvia Casanova.

   Su idilio con las artes plásticas comenzó apenas cumplida la veintena. Estudió dibujo y grabado en la Casa de la Moneda, institución para la que acabaría diseñando billetes y orlas nobiliarias durante más de una década. Fue su padre quien, después de que se decantara por el teatro, le animó a seguir cultivando su otra destreza. “Me pedía que pintase cosas para hacer más llevadera su enfermedad. Muchas veces me enfrentaba al lienzo de noche, en silencio y con una sola luz”, rememora.

   En los años setenta exhibió por primera vez su obra en Calzada de Calatrava (Ciudad Real), el pueblo de su familia y del aclamado Pedro Almodóvar, para quien le gustaría haber actuado. “Su madre vivió frente a la mía. Él me conocía por mis papeles en programas infantiles de éxito cuando aún no había despuntado en la dirección. Incluso fue al María Guerrero para ver un montaje en el que trabajaba y me saludó cariñosamente”, relata. Desde aquel debut en las galerías, su talento pictórico ha viajado por toda España con casi treinta exposiciones individuales y colectivas. Hoy, a base de aprovechar los parones de su trayectoria interpretativa, se ha erigido en importante paisajista: “Me vuelco en la pintura porque relaja y permite canalizar emociones. Pese a mi larga experiencia, no quiero dejar de aprender, por eso sigo yendo al taller de Karen Kreuse”.

   Amparo Climent, patrona de la Fundación AISGE, se encargó de amadrinar la muestra. “Su forma de dialogar entre el color y la pincelada nos transporta a universos emocionales llenos de armonía”, apuntó sobre Racionero la también actriz y pintora, que la pasada primavera presentó In solidum en la misma sala. A su juicio, “sabe dar luz a cuadros que poseen una luminosidad espectacular o incorporan los preciosos tonos del atardecer. Y esa naturalidad invita a meternos dentro de las pinturas”. El polifacético artista, que pretende evocar diferentes sensaciones de la vida a través de momentos y lugares que le han deleitado por su belleza, añadió: “Son obras para que la imaginación trabaje, para que quien los contempla sueñe y se deje llevar”.

   Este madrileño de corazón manchego, autor de unos 500 cuadros en el último medio siglo, únicamente conserva los cuarenta que no ha regalado o vendido.  Sensaciones reúne buena parte de ellos, firmados entre 2007 y 2012, una etapa que considera realmente fructífera. “No quería incluir todos porque resultaría muy pesado”, explica, “así que he escogido los más atractivos y entrañables”. Especial valor sentimental tiene Tren de Calatrava, uno de los pocos lienzos que Racionero desea mantener en su colección: “Conozco esos vagones al dedillo porque de niño viajaba en ellos y llegaba a La Mancha con los ojos llenos de carbonilla. Siempre quise reflejar los recuerdos que guardo de esos trayectos”.

   Ninguna de las pinturas expuestas, salvo Azotea, incorpora figuras humanas. “No es que las personas estropeen los paisajes”, argumenta, “pero son mucho más inmensos y evocadores si no hay nadie”. El protagonismo corresponde así los entornos que le han conmovido, especialmente manchegos y andaluces, como evidencian Almagro o Granada. Hay bosques y escenarios urbanos, pero predominan estampas marinas al estilo de La espuma de los días o Aquí me baño, captadas en aquel Conil de la Frontera (Cádiz) que descubrió antes del boom turístico. Los cuadros, que parten de fotografías o recuerdos, se mueven por tanto entre el realismo y la subjetividad del artista. Un buen ejemplo es Rioja: “Fotografié el municipio de Laguardia y lo plasmé a mi gusto. No pretendo copiar las imágenes, sino reproducirlas según lo que me sugieran, modificando algunos elementos o añadiendo otros nuevos”.
 
 
 
 
UN INTENSO CURRÍCULO
Versátil también en la interpretación
Racionero debe buena parte de su popularidad a las tablas, sobre las que ha representado más de 200 títulos desde 1966, cuando se estrenó a las órdenes de José Osuna en La revoltosa. Ha actuado en repetidas ocasiones para Adolfo Marsillach o Manuel Canseco, que le brindaron papeles en obras tan célebres como Fuenteovejuna o La decente, respectivamente.

En 2011 se convirtió en dramaturgo con Hagamos lo que hagamos, una comedia sobre el pasado de tres jubilados en busca de su última felicidad, que también dirigió y protagonizó. Se trata, según su autor, de un canto a la vejez: “El trato que este país da a los ancianos es cruel. Los gobernantes solo se acuerdan de ellos para obtener su voto a cambio de pensiones más cuantiosas. Y aunque la muerte les queda cerca, no están acabados, tienen mucho que hacer y decir”. La vida de Morales, el actor de variedades que Racionero encarnaba en el montaje, tiene episodios autobiográficos. “Soy zurdo y en la mili me dieron un puñetazo por no disparar con la mano derecha. Como no quise volver a coger un arma, pasé una Navidad arrestado y viendo a mi padre entre rejas”, cuenta.

Aunque ya tiene pensada la historia de “cuatro viejecitos en una comisaría”, ahora consagra su tiempo a escribir Lo que Rocinante nunca contó, que se presentará este agosto en el Festival Internacional de Artes Escénicas de Calzada de Calatrava. Describe el texto como “una versión infantil del clásico cervantino en la que el famoso caballo revela lo que piensa sobre Don Quijote, Sancho Panza y el asno de éste, Rucio”.

Su cara es también conocida entre los telespectadores de varias generaciones, pues llegó a la pequeña pantalla en los setenta con el teatro grabado de Estudio 1 y el programa didáctico La mansión de los Plaff. Tras interpretar personajes episódicos para Farmacia de guardia o Los ladrones van a la oficina, se paseó junto a Alfredo Landa por aquel gimnasio de En plena forma y compartió lecciones con Lina Morgan en Academia de baile Gloria. Últimamente ha pasado por dos de las series más longevas de la parrilla: Cuéntame cómo pasó y Arrayán.      

El cura ya tiene hijo
y Cuando Almanzor perdió el tambor, aplaudidas películas del destape, constituyen el inicio de una filmografía que supera los diez títulos. A finales de los ochenta se pasó al género quinqui con El Lute: camina o revienta, de Vicente Aranda, donde actuó junto a Imanol Arias o Victoria Abril. Jaime Chávarri le hizo taxista en las dos entregas de su drama musical Las cosas del querer y, a partir de entonces, espació sus citas con la claqueta. Hasta que en 2010 estrenó Empusa, la cinta póstuma de Paul Nascy, uno de los máximos representantes del fantaterror patrio.   

El insaciable Racionero, que ha recibido clases de voz y se confiesa capaz de entonar mientras toca el piano, todavía tiene una asignatura pendiente: “Estoy orgullosísimo de haber trabajado en cabarés y zarzuelas, deseo cantar y bailar como galán maduro en un musical moderno”. Aunque asegura que está muy preparado, es consciente de que “son espectáculos para jóvenes en los que no abundan personajes para actores entrados en años”.

Un aficionado contempla uno de los lienzos originales de Racionero

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Racionero, junto a los también actores Juan Jesús Valverde y Amparo Climent

Racionero, junto a los también actores Juan Jesús Valverde y Amparo Climent

Una panorámica de la exposición, abierta hasta finales de año

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Paco Racionero, el día de la inauguración, junto a familiares y allegados

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