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14-06-2013

Con un galardón Mestre Mateo, en la edición de 2011

Con un galardón Mestre Mateo, en la edición de 2011


Galicia llora a ‘Pico’,
 uno de sus actores
 más carismáticos


Olveira fue cantante de orquesta y obrero de la construcción en EE UU antes de ser pionero del cine gallego y lograr gran prestigio teatral
 


PABLO CARBALLO
Tras una vida no muy larga pero sí intensa, rica en experiencias variopintas, y una carrera como actor prolífica en la que logró tocar todos los palos, el intérprete gallego Xosé Manuel Olveira, “Pico” para todo el mundo, falleció en Santiago de Compostela el 13 de junio, precisamente el día anterior al estreno de uno de sus últimos trabajos, cuyo título (Somos gente honrada, de Alejandro Marzoa) parece ilustrar el recuerdo que deja entre sus compañeros de gremio. En esta película tenía un pequeño papel, uno más de tantos trabajos en cine, teatro y televisión. Y todavía deja alguno más a la espera de llegar a los espectadores.
 
   “Pico” sumaba solo 58 años, aunque muchos tendrán la sensación de que llevaba media vida en las pantallas y los escenarios. Particularmente el público gallego, entre el que se hizo tremendamente popular con algunas de las series de mayor éxito de la historia en la TVG, como Mareas vivas y Pratos combinados.
 
   Muchos años antes, en su juventud, Olveira había expresado una precoz querencia hacia el mundo del espectáculo como cantante (“vocalista”, precisaba él, entre orgulloso y jocoso) de una de esas orquestas que recorren los pueblos gallegos durante las fiestas veraniegas. Así se ganó la vida durante un tiempo hasta que, como a tantos otros de su tierra, le llegó el momento de la emigración: se fue a Estados Unidos y trabajó en la construcción en Nueva Jersey. De aquella época contaba a menudo una anécdota con un punto tragicómico, que reflejaba bien el alcance de la diáspora galaica: en cierta ocasión, trabajaba en la ciudad norteamericana en el derribo de una pared, mientras en una estancia contigua un obrero hacía lo propio al otro lado del muro. En un momento dado se oyó un estruendo y el consiguiente juramento en arameo... o, más bien, en gallego. Y así se encontró a un paisano: “¡Pero tú...! Pues yo soy de Esteiro!”, se presentó “Pico”, en referencia a su pueblo natal, en Muros (A Coruña).
 

Junto a su gran amigo y compañero Antonio Durán "Morris"

Junto a su gran amigo y compañero Antonio Durán "Morris"

 
   Había coqueteado con el teatro aficionado y, desde 1972, aún sin la mayoría de edad, se involucró en diversas compañías teatrales con las que participaría en más de 30 montajes. Nunca dejó las tablas, a pesar de las rachas de éxito televisivo: recientemente protagonizó Doentes, de Roberto Vidal Bolaño, un mano a mano con Antonio Durán “Morris”, uno de sus compañeros y amigos más cercanos. Durán lo recuerda como “una persona y un artista irrepetible” que en todos sus personajes “sacaba esa gran humanidad suya y las vivencias de quien fue un trabajador, un hombre de la calle”.
 
   También en el cine dejó huella. Las películas más exitosas rodadas en Galicia en los últimos tiempos contaron con su presencia: Manuel Gutiérrez Aragón, en El rey del río; José Luis Cuerda, en La lengua de las mariposas; Alejandro Amenábar, en Mar adentro, y Daniel Monzón, en Celda 211, reservaron papeles para “Pico”. También apareció en Sempre Xonxa (Chano Piñeiro), título fundacional del cine gallego contemporáneo; Cuando vuelvas a mi lado (Gracia Querejeta), La vida que te espera (Gutiérrez Aragón)… La lista es extensa.
 
   Sus virtudes como actor eran numerosas. Se ha destacado la facilidad con la que se movía en el complejo equilibrio entre la vis cómica y la trágica. “Morris” ofrece su particular teoría al respecto: “Él era un cómico y aquí hay una larga tradición de cómicos que luego resultan ser grandes actores dramáticos. Sin embargo, a la inversa es más complicado que un actor dramático resulte ser un gran cómico”.
 

 
   Carlos Blanco, otro de los compañeros con los que compartió un buen puñado de trabajos, destaca sus maneras en escena: “Su naturalidad, su profundidad. No forzaba, no gritaba: susurraba”. Especialmente, cuando trabajaba en la lengua propia: “El gallego, en su boca, brillaba”. Lamenta Blanco que se haya ido antes de tiempo. “Le quedaban por lo menos 20 años buenos de profesión. Nos deja sin hacer grandes personajes; Shakespeare, cosas así. Aunque afortunadamente ya gozaba de reconocimiento, porque siempre ha estado ahí, desde el principio. Fue un pionero”.
 
   Su prestigio en el gremio le llevó hasta la presidencia de la Academia Galega do Audiovisual entre 2009 y 2011, un periodo en el que asumió el papel de portavoz de las inquietudes de un colectivo que vivía tiempos convulsos. Por esa época ya contaba con un gran ascendente sobre la profesión en Galicia, si bien ejercía el cargo “con modestia y discreción”, apunta Carlos Blanco. “Está claro que era un hombre de consenso, la típica persona a la que recurríamos todos los actores para pedirle consejo”, recuerda “Morris”. Ahora, la reacción a su fallecimiento revela que había mucho más que respeto profesional hacia él. “La verdad es que estoy impresionado viendo la respuesta de la gente en las redes sociales. Era alguien muy, muy querido”.
 
   En eso hay unanimidad. “No creo que se pueda encontrar a nadie que hable mal de él”, añade Carlos Blanco. “Trabajamos juntos un montón de veces y nunca, jamás, lo recuerdo enfadarse, protestar, dar una mala palabra. Solo recuerdo profesionalidad, cariño y buen rollo. Pasó por la vida suavemente y deja un rastro inmenso de cariño”. “Le echaremos de menos”, resume Morris. 

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