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22-09-2025


Félix Gómez

“El teatro fue mi segundo útero”


Iba para abogado, pero un profesor le descubrió otro mundo con el teatro. La vocación apareció de golpe. Después de pasar por el fenómeno ‘Al salir de clase’ es casi infinita su lista de personajes destacados en series de televisión. Antonio Banderas le dirigió en la película ‘El camino de los ingleses’, donde llegó de casualidad. Probó suerte en Estados Unidos y su personaje en la obra ‘Alejandro Magno’ le salvó en su retorno a España. Aunque ahora le disfrutamos en ‘La que se avecina’, inicialmente rechazó el papel: según él, no sabía hacer comedia



PEDRO DEL CORRAL

FOTOS: ENRIQUE CIDONCHA

Es época de calabazas y pimientos. El sevillano Félix Gómez lo sabe porque en su huerto cultiva verduras de temporada. Lo tiene impoluto, aunque no siempre puede dedicarle el tiempo que desearía. Es el oasis en el que se refugia cuando necesita reconectar consigo mismo. Lleva 27 años sin parar, desde su debut en la serie andaluza Plaza Alta. Son muchos los personajes de altura que acumula: Jero (Al salir de clase), Rodrigo (Amar en tiempos revueltos), Jacobo (Herederos), Ernesto (La caza), Óscar (La que se avecina) Se siente un privilegiado. Le brillan los ojos al hablar de su oficio, síntoma de que a sus 48 sigue conservando intacta la ilusión.

 

   El salto al cine no se hizo esperar para aquel jovencísimo Félix, que en el año 2000 ya actuó bajo la dirección de Jaime Chávarri en Besos para todos. Desde entonces se ha curtido entre grandes nombres: Ángeles González Sinde (La suerte dormida), Jorge Coira (El año de la garrapata), Antonio Banderas (El camino de los ingleses) o Emilio Martínez-Lázaro (Las 13 rosas) pueden hablar de su talento. Aunque su debilidad es el teatro. “Lo que siento encima de las tablas es indescriptible. Estoy totalmente enganchado”, mantiene el actor, que ha estrenado Si alguna vez hubo un nosotros en los Teatros Luchana. Es tal su entusiasmo por el oficio que, a pesar de sus luces y sombras, se queda con los mejores recuerdos en su mente. Quizá por ello afronta cada proyecto sin miedo. De todos ha sacado, al menos, algo bonito que poder recordar.

 

- ¿Está donde alguna vez soñó?

- Sí. Yo no tenía conexión con este oficio, mi vocación surgió de golpe. Con sus etapas buenas y malas, lo cierto es que estoy feliz. Por supuesto que me gustaría trabajar con Alejandro Amenábar y estar en Hollywood, pero ya he aprendido a disfrutar de la serenidad.



- Iba usted para abogado. ¿Qué pasó por el camino?

- Un profesor de instituto me propuso formar parte del grupo teatral. La idea era romper mi timidez. Casi de casualidad, descubrí que el escenario era mi lugar. Me sentía realmente cómodo. Y aquello fue mi despertar. Aunque la abogacía formaba parte de mi vida desde pequeño, ese día cambió todo. El teatro fue mi segundo útero, nací de nuevo. No hubo vuelta atrás.


- ¿Cómo convenció a sus padres?

- Costó mucho, ¿eh? Fue un drama familiar. En COU suspendí cuatro asignaturas y se montó un pifostio. Cuando les dije que quería ser actor pensaron que me había vuelto loco. Así que intenté negociar con ellos: si aprobaba, lo intentaría. Y así fue. Combiné Derecho y Arte Dramático hasta que me eligieron para una serie de Canal Sur. Me presenté al casting gracias a unos amigos que me arrastraron una tarde después de los exámenes. Me pasé los primeros meses de grabación encerrado en el camerino. Tenía tal barullo que, al terminar de grabar la temporada, por fin me planté. Acabé Arte Dramático y me marché a Madrid con el dinero que había ganado. No tenía duda de que estaba en el camino adecuado. 


- ¿La profesión se ve hoy con otros ojos?

- Sin duda. Los padres ya no se escandalizan. Soy un gran defensor de este oficio: estudias, grabas, aprendes… Antes se veía más la farándula. Poco a poco hemos ido demostrando que hay una industria.



- Aquella primera serie en su Andalucía natal fue Plaza Alta. ¿Cómo fue verse en la pequeña pantalla?

- No me gustaba nada, sufría. Pensaba que era un mal actor, que era incapaz de enfrentarme a una cámara. Esto es algo que no he terminado de corregir. Pese a que aún no he soltado el látigo, siento que ya duele menos


- ¿Ser tan perfeccionista es virtud o defecto?

- Ambas cosas. En el pasado quería ser tan correcto que no me permitía conectar con aquello que me haría volar. Y ahora la madurez me está permitiendo volverme loco.


- Con veintipocos años vivió el torbellino que desató la juvenil Al salir de clase. Portadas, fiestas, autógrafos, fotos suyas en carpetas…

- Tuve la suerte de que mi familia me agarró bien fuerte a la tierra. Incluso mi representante se preocupó de que no se me fuese la cabeza. Nadie me soltó. Pero algo se me subió, es normal: pasé de la escuela a trabajar en la serie más vista. Tuve que gestionarlo.


- ¿No le dio miedo que el público le encasillara tras 460 episodios en la piel de Jero?

- Ese personaje me dio un principio. Por eso le estaré eternamente agradecido. Al salir de clase concluyó para mí con mi boda en la ficción y unas semanas después salieron otros proyectos. ¿Qué habría pasado si hubiera seguido en la serie? No lo sé. Quizás me habría ido para seguir creciendo. O no. 



- Entró por la puerta grande.

Por entonces pensaba que ya estaba todo hecho: tenía proyectos y mis agentes creían en mí. No obstante, la incertidumbre nunca ha desaparecido. Uno aprende a vivir en la cuerda floja. Amo tanto esta profesión que jamás la dejaría. No me veo en otro sitio. Si tuviera que currar de otra cosa, no tendría ningún problema en hacerlo, pero mi alma ya buscaría la rendija para regresar.


- El estreno de la segunda temporada de 14 de abril. La República se demoró siete años porque el Partido Popular la retiró de la parrilla. ¿Cómo lo vivió?

- Yo estaba en un momento dulce. Las ofertas iban y venían. Incluso me mudé a Estados Unidos para lanzar allí mi carrera. Todo iba viento en popa. Y ocurrió aquello… No sabía qué hacer. Me dolió bastante. Juzgaron mal la serie. No entiendo que a una parte de este país le joda que se hable de lo que pasó. Además, se trataba de un drama romántico donde el protagonista era parlamentario de la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA). El arco sociopolítico era diverso en 14 de abril. La República.


- En España faltan series políticas como BorgenHouse of Cards o El ala oeste de la Casa Blanca. ¿A qué cree que se debe?

- No lo sé. Basta con ver la polarización de este momento. ¿El presidente sería de derechas o de izquierdas? Cualquier decisión enfadaría a alguien. ¿Quién va a meterse en ese berenjenal? De hacerse, me imagino una comedia loquísima con la mirada de los hermanos Caballero. Solo ellos podrían hacerlo. 



- Otros títulos televisivos de su carrera son Señor, dame pacienciaAlta mar; Carlos, rey emperadorHerederos… ¿De todos los papeles se aprende algo?

Soy un enamorado de la vida, así que le saco brillo a todo. Siempre me entrego. Estoy convencido de que cada personaje deja poso. Y si finalmente no lo deja, al menos te lo pasas bien.


- Se incorporó a La que se avecina ya en la temporada 13. ¿Tuvo dudas?

- En un primer momento lo rechacé. Estaba de vacaciones en Madeira cuando me llamaron mis representantes. Flipé. Quise dejarles claro que no sabía hacer comedia. Ellos me animaron a pensarlo. Hoy reconozco que me lo paso teta. Últimamente grabo con Miren Ibarguren, Loles León y Petra Martínez. Es una locura.


- ¿Qué tiene La caza para que todavía conquiste a la audiencia en su cuarta entrega?

- El secreto es Agustín Martínez. Sorprende en cada capítulo, te rompe los esquemas, introduce giros increíbles. Y el ambiente de trabajo es envidiable. La última grabación fue en Irati [Navarra] y resultó durísima por la lluvia y el frío. Nos comimos el invierno, pero mereció la pena. Todos íbamos a una.



- ¿Qué diferencias existen entre el Félix que debutó en el cine con Besos para todos (Jaime Chávarri) y el que protagonizó hace apenas un año Mr. Nadie (Miguel Ángel Calvo)?

- El Félix de hoy, al menos, conoce más el oficio [risas]. Para que te hagas una idea: yo rodé incluso en cinta. Eso sí, la ilusión permanece igual pese al tiempo.


- Puede presumir de haber formado parte de El camino de los ingleses, una de las cuatro películas que ha dirigido Antonio Banderas. ¡Menudo hito!

- Fue una experiencia preciosa, un sueño hecho realidad. Llegó sin esperarlo; ni siquiera me presenté a la prueba convocada porque buscaban a chicos más jóvenes. Yo estaba grabando Amar en tiempos revueltos con aspecto más aniñado, sin barba. Por eso se pusieron en contacto conmigo. A los meses recibí la llamada de Antonio durante una cena familiar. Pensaba que era una broma más de mis amigos y empecé a reírme. De la risa pasé al tartamudeo cuando él insistió. Aunque hice el ridículo, ese momento está entre los más emocionantes de mi vida


- Para la película Solos en la noche (Guillermo Rojas) dio vida a un abogado laboralista que se enfrentaba al 23-F. ¿Cómo se hace para abordar un hecho histórico así en tono de comedia?

- Esta pregunta se la formulé yo al director. El guion era pura magia, la excusa ideal para hablar de libertades. Aquello puede ocurrir de nuevo, no debemos bajar la guardia. Hasta ahora veíamos la sociedad del bienestar como algo intocable, pero es muy frágil. Ya estamos teniendo ejemplos de ello


- ¿Ha rechazado algún personaje por incompatibilidad absoluta?

- Sí, un falangista. No sabía por dónde abordarlo. No entendía las ideas que defendía. En Alta mar, por ejemplo, accedí a hacer de violador, pero tenía sentido dentro de ese Cluedo que se creaba en la serie.



- ¿Qué le ha regalado el teatro?

- Una comunión con el público que no he encontrado en ningún otro sitio. No me refiero al aplauso, sino al intercambio de energía que se produce durante una función. Es una retroalimentación continua. Aunque si eso no sucede, si te enfrentas a una pared, la sensación es realmente terrible. Quieres huir. A mí solo me ha ocurrido en ciertas partes de algún espectáculo: te ves en la obligación de luchar contra viento y marea para poder remontar. 


- ¿Con qué papel ha tocado el cielo?

- Con Alejandro Magno. Llegó en una época en la que yo estaba destrozado. Se cayó un proyecto en Estados Unidos y la hostia fue brutal. No supe levantarme. Por eso regresé a España. Que me propusieran aquel personaje fue lo más parecido a que tu superhéroe venga a rescatarte.


- ¿Hay que cultivarse mucho para llegar a ser buen actor?

- Algunos nacen con un don innato y otros aprenden en la escuela. En cualquiera de los dos casos, hay que entrenarse. Tu abanico está delimitado por el físico y la energía, así que no te queda otra que aprender para expandirte. Yo repetí el primer curso de Arte Dramático porque decían que me faltaba experiencia. Un actor tiene que ser culto, leer a los clásicos y visitar las pinacotecas. El objetivo es guardar pildoritas en la memoria para cuando las necesitemos. Es nuestra despensa particular. En la mía hay sonetos, cuadros, melodías…


- ¿Deben los artistas mojarse en temas como el genocidio de Israel y la guerra de Ucrania?

- No hay obligación. Que cada uno haga lo que sienta. En mi caso, suelo pronunciarme mucho sobre cuestiones medioambientales. Con Gaza estoy viviendo un bloqueo emocional. Solo diré que no comprendo cómo puede suceder algo así. Si alguien lo ve como gesto de cobardía, lo siento. 


- ¿El arte puede cambiar el mundo?

- Quiero creer que conmueve y remueve. Estoy seguro de que una pintura, una canción o un libro pueden darte fuerza para esquivar la oscuridad.

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