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17-03-2020

 

“Hay gente que ha cambiado mucho con una película por terapia”

El psicólogo Jaime Burque aplica la ‘filmoterapia’. Los personajes de Ethan Hawke, James Stewart, Maribel Verdú o Penélope Cruz ayudan a enfocar conflictos comunes

 

Jaime Burque sostiene un ejemplar de su libro 'Filmoterapia' durante el último Festival de Cans (Porriño, Pontevedra) (Foto: Nano Amenedo)

 

TITO LESENDE (@titolesende)

“No me cuentes películas”, reza el viejo dicho en tono despectivo. Pero el psicólogo Jaime Burque (Santa Cruz de Tenerife, 1977) da la vuelta a la tortilla en su consulta coruñesa: lo que hace es, justamente, contar películas. Y funciona. “Hay algo importante en este oficio: si algo no va bien, hay que animar y motivar a la gente a cambiarlo”, recuerda el doctor. “Yo venía con mi carrera hecha, con mis libros y mis apuntes, pero enseguida aprendí que el cine me servía para ofrecer claves fundamentales de un modo más directo que la teoría”.

 

   Burque usaba (y usa) con sus pacientes terapia cognitiva, pero comenzó a utilizar la filmoterapia como complemento. Además, el universo del cine no le es ajeno: Jaime es hermano mayor del actor y guionista Manuel Burque. “Un día me topé con un paciente difícil”, rememora. “Le daba fotocopias para que tratara de poner ideas en práctica, pero él estaba atascado. Entonces se me ocurrió preguntarle si había visto Gattaca [Andrew Niccol, 1997]. Le puse una escena. Usé los ejemplos de los personajes de Ethan Hawke y Jude Law para mostrarle su evolución y la resolución de un conflicto. Ahí sí, mi paciente vio la luz”.

 

   A veces son sus propias visitas quienes proponen filmes al doctor, o los comentan con él. En un caso reciente, una persona le recomendó Sin rodeos (Santiago Segura, 2018). “Trata de una chica que no pone límites a nada”, resume; “y se rodea de un entorno que saca provecho de ella. Luego, una especie de coach le da una supuesta pócima para poner a todo el mundo en su sitio. Mi paciente me habló de ese filme porque el personaje de Maribel Verdú le ayudó a entenderse. Captó la moraleja y eso la marcó. El cine es un complemento terapéutico; hay gente que ha cambiado mucho por una película”.

 

   Jaime opina que las obras audiovisuales, a diferencia de los libros, ofrecen “varios canales de información”. Se refiere a los resortes emocionales, la empatía con los diversos personajes, el guion, la música o la gestión del paso del tiempo, por ejemplo. “En hora y media puedes condensar la información de semanas. Y completarla con estímulos musicales que redondean nuestra percepción”. 

 

   Eso sí; no vale cualquier cosa. “Solo se aprende o crece con las pelis que aportan modelos válidos o ejemplos de fortalezas. Además, cuanto mejor hecha está, más fuertes resultan sus argumentos y las claves para el cambio personal”.

 

   Burque considera a Woody Allen “un genio en el análisis de las relaciones humanas de cercanía: familia, pareja, amistad”. Entre las obras que mejor funcionan en su consulta menciona clásicos como ¡Qué bello es vivir! (Frank Capra, 1946), El apartamento (Billy Wilder, 1960), Amélie (Jean-Pierre Jeunet, 2001) o La vida de Pi (Ang Lee, 2012). Pero también propone Regreso al futuro (Robert Zemeckis, 1985) como modelo de asertividad, “porque el personaje de Michael J. Fox hace terapia con su padre hasta que este aprende a poner límites y así cambia su vida”. Cree que James Stewart o Tom Hanks suelen escoger personajes ricos y, en cierto modo, ejemplares. Como Meryl Streep o Cate Blanchett. “Joaquin Phoenix, en cambio… tiene de todo”. 

 

   En cuanto a las obras españolas, destaca Campeones (Javier Fesser, 2018). “Es una evolución muy interesante e integral de los conceptos de éxito y fracaso, que van recomponiéndose en el equipo y en su entrenador según avanza la historia”. Menciona Un monstruo viene a verme (Juan Antonio Bayona, 2016) como ejemplo de gestión del duelo, y destaca la evolución del personaje de Penélope Cruz en Volver (Pedro Almodóvar, 2006). 

 

   Quizá por cercanía, Jaime Burque hace punta de compás en Requisitos para ser una persona normal (Leticia Dolera, 2015), el trabajo que dio a su hermano Manuel el Goya al Mejor Actor Revelación. “Esa película es pura terapia”, sostiene. “Parte de una premisa que oigo cada día en la consulta: ‘Es que yo no soy normal’. Muchos creen que no lo son por no tener pareja, casa o trabajo”.

 

   El caso de la familia Burque es particular: además de Jaime, su madre y otra hermana se dedican profesionalmente a la psicología. “Y nuestro padre, casi, también. ¡Manuel es la oveja negra! Ahora está trabajando en una serie y me ha hecho preguntas para modelar un personaje terapeuta. Él suele hacer, también como monologuista, muchos chistes sobre psicólogos. Evidentemente, tiene la inspiración en casa…”.

 

Manual de ayuda fílmica

Una guía de síntomas y tratamientos


('Gente corriente', 'Días de vino y rosas' y 'Qué bello es vivir')

En paralelo a la labor en su consulta, Jaime Burque comenzó a divulgar claves filmoterapéuticas en su blog: www.jaimeburque.com. Ahí surgió el germen del libro Filmoterapia (El Hilo Ediciones, 2018), donde selecciona 100 obras para el cambio y mejora personal. No se trata de un trabajo para especialistas en psicología o cine, sino “para curiosear y quizá reflexionar”. Aquí, una muestra de los conflictos más habituales que reflejan estas páginas: 

 

Trabajar la autoestima. El color púrpura (Steven Spielberg, 1985). “La protagonista presenta una autoestima de menos cien mil, está hundida y preocupada por la esclavitud y por todo su entorno. Pero va creciendo”.

 

Superar un fallecimiento. Gente corriente (Robert Redford, 1980). “El protagonista pierde a su hermano en un accidente y va a terapia. Él va evolucionando poco a poco; mejor que sus padres. Va pasando las etapas del duelo y el trabajo del psicólogo está muy bien explicado”.

 

Amor terminado o no correspondido. (500) Días juntos (Mark Webb, 2009). “Es una película indieestadounidense. El título indica el tiempo que transcurre desde que el protagonista conoce a una chica hasta que pasa página. La narración desordena esos 500 días, pero marca perfectamente las fases del enamoramiento y el desenamoramiento”.

 

Adicción (de cualquier tipo). Días de vino y rosas (Blake Edwards, 1963). “Me gustan los modelos que representan los protagonistas; cómo él sale y ella no. Réquiem por un sueño [Darren Aronofsky, 2000] es otra propuesta, muy dura, sobre cómo la adicción te puede destrozar la vida en pedazos. Es muy ejemplar, pero cuesta ponértela”.

 

Miedos. Amélie (Jean-Pierre Jeunet, 2001). “Vive prisionera de su miedo, recluida en su vida. Hasta que, de pronto, decide cambiar y empieza a moverse. También es un ejemplo de superación y fortalecimiento de la autoestima”.

 

Estrés y ansiedad. ¡Qué bello es vivir! (Frank Capra, 1946). “El personaje de James Stewart atraviesa una fase de tanto estrés que se quiere suicidar. El ángel hace un gran trabajo con él; es el mejor terapeuta de la historia del cine”.

 

Infelicidad o frustración. American beauty (Sam Mendes, 1999). “En teoría, la vida del personaje que encarna Kevin Spacey es buena, pero él es infeliz como nadie y está atrapado. Necesita cambiar”.

 

Falta de concentración. Primavera, verano, otoño (Kim Ki-Duk, 2003). “Un filme coreano sobre estar en el presente,eso que llamamos mindfulness. Es como un cuento; el discípulo está con su maestro en un lago y van pasando las estaciones”.

 

Identificar objetivos profesionales. Despedidas (Yojiro Takita, 2008). “En esta peli japonesa, un músico se ve fuera de su orquesta y acaba maquillando muertos. Poco a poco va adaptándose e incluso disfrutando. Al final, su nuevo trabajo acaba gustándole”.

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