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17-09-2022


Francis Lorenzo

“Nos olvidamos de que a veces también hay que ofrecer series más pausadas”



Con 30 años de experiencia en la pequeña pantalla, el actor gallego sigue en plena forma con proyectos tan relevantes como ‘El inmortal’, ‘La caza. Monteperdido’ e incluso un cameo en ‘Ángel y Cristo’



ESTELA ÁLVAREZ BANGO (@estelabango)

FOTOS: ENRIQUE CIDONCHA

Fermín en Canguros, Julio en Médico de familia, Alfredo en Compañeros o el comisario Hernán Mejías en Águila Roja. La historia de la ficción televisiva en España sería imposible de contar sin Francis Lorenzo. El gusanillo de la actuación le nació en el teatro junto a la eterna Rosa Maria Sardà, ha cosechado éxitos en el cine de la mano de directores como Jaime Chávarri o José Luis Garci, pero para él la tele es la tele: “Te permite cada día vivir una historia nueva”. Lo cuenta con la ilusión de aquel joven que en los años ochenta llevaba sus fotografías a TVE. 


- ¿Cómo fueron esas primeras experiencias ante la cámara?

- Varios actores íbamos hasta TVE y dejábamos nuestras fotos. En la pública se hacían producciones como El obispo leproso o Pájaro en una tormenta. Durante los años ochenta algunos empezamos a trabajar en series, así que cuando en los noventa nacieron las cadenas privadas y comenzaron con las suyas, contaron directamente con quienes ya teníamos experiencia. Íbamos haciendo cosillas y entramos de lleno en el camino de la televisión. Los recuerdos, desde luego, son muy emocionantes. Yo me licencié en Psicología, y ese era otro mundo para mí.


- De la psicología a la interpretación, ¡vaya cambio de rumbo!  

En el último curso de la carrera ya hacía teatro en el Centro Dramático Galego. Me quedaban dos asignaturas para terminar, pero empecé a representar Madre Coraje y sus hijos con Rosa Maria Sardà en el María Guerrero y no quería volver a los estudios. Mis padres me dijeron que acabara. Les enseñé el título y les dije: “Aquí está el título. He cumplido. Ahora haré lo que me gusta”. Y me apoyaron. Había algo que me lo pedía, tenía que experimentarlo. Y no salió mal, ¿no? Llevo casi 40 años. No me puedo quejar.



- En casi cuatro décadas ha habido multitud de cambios en la televisión, ¿ha dejado de ser una experiencia colectiva?

- El cambio se ha producido en la sociedad, así que han cambiado los formatos. Antes toda la familia se sentaba en el salón a ver las series. Hoy cada miembro tiene una tablet, el televisor en su habitación o un móvil, y cada uno ve una cosa o ven la misma por separado. Estamos tendiendo a hacer series de muchísima calidad, pero nos olvidamos de que a veces también hay que ofrecer series más pausadas, más largas, con más historia. El objetivo es crear buen contenido, y si es bueno, puede ser más largo si está bien desarrollado. Algunas series empiezan a ser buenas a mitad de temporada y en la segunda revientan de lo buenas que son. Aunque era otra época, Compañeros, por ejemplo, en sus inicios daba un 15 o un 16 por ciento de audiencia, muy poco para aquel momento, pero apostaron por nosotros y llegó a un 36 o un 38%


- Tiene usted buena experiencia con las ficciones largas: Médico de familiaCompañeros o Águila Roja superaron el centenar de episodios. ¿Cómo se lleva eso interpretar el mismo papel durante tanto tiempo?

- Maravillosamente. Todo depende de los directores y los compañeros con los que trabajes. En Médico de familia me fui antes, pero luego en Compañeros fui de los pocos actores presentes en los 121 capítulos. La tele tiene una gran ventaja, sobre todo antes, cuando los personajes evolucionaban con las cosas que les pasaban, cambiaban mucho… Eso le permitía al actor ir creciendo, ir buscando cosas nuevas, no quedarse estancado desde el primer episodio. Un ejemplo muy bueno, por no hablar de mí, es Imanol [Arias] en Cuéntame. Lo ves y piensas: “Qué difícil debe ser eso”. Pero hace un trabajo extraordinario, construye un personaje totalmente particular. No es lo mismo ir a grabar solo tres veces al mes que tener continuidad, pues te da tiempo a ponerte en forma a fuerza de tanta grabación.



- Al gozar de esa continuidad, sus personajes se volvían parte de la familia de los espectadores. Quizá por eso siguen teniendo tanto éxito en streaming. ¿Cómo vive la popularidad?

- Ese es uno de los grandes éxitos de cualquier producción. Hay un fenómeno que me pasa en la calle: estas series se han repetido tanto en la tele, y ahora en las plataformas, que me encuentro con gente que me recuerda incluso por Compañeros o Médico de familia. Sobre todo, me llama la atención que me hablen de dichos trabajos chavales que en aquella época eran muy pequeños. ¡O que ni habían nacido!


- ¿Por cuál de sus papeles cree que le recuerdan más?

- Hoy en día es dificilísimo saber por cuál. Lo que sí marcó fue Médico de familia. Yo venía de hacer Canguros en Antena 3, y Médico… pegó un pelotazo de la noche a la mañana. El primer capítulo lo vieron entre ocho y nueve millones de personas e hicimos un 40 por ciento de share. Cuando bajé al mercado al que iba siempre, de repente todo había cambiado. Dije: “Coño, ¿qué ha pasado?”. Esa fue la producción que me dio popularidad a nivel nacional.


- ¿Qué tenía para atrapar a tanta audiencia?

- Fue la primera que rompió con toda la estructura. La gente se quedó pegada a la pantalla porque no era un decorado. Eso era lo que cambiaba. Los personajes vivían en una casa, se iban al cine, a trabajar, a tomar algo… Hacíamos en la pantalla lo que la gente hacía en la vida real. Y eso cambió el rumbo de las series.



- Con tanta trayectoria a sus espaldas, ¿no se plantea dar el salto y ponerse a crear una serie?

- Ahí estamos… Lo que realmente me gusta es interpretar, pero no descarto producir algo que tenga mi sello. Estoy dándole vueltas a algunas ideas. No tengo guiones avanzados, pero hay dos o tres cositas ahí que a lo mejor desarrollamos.


- ¿Tele, cine o teatro?

- Hubo una época en la que era hacer cine o hacer televisión, parecía que había un mundo menor y otro mayor. Hoy todos los actores hacen series. La clave es que, cuando te den un personaje, pienses: “Este es el que quiero hacer”. Da igual que sea en cine, teatro o tele. Te pones a disposición del medio, que para eso eres actor.

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