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FUERA DE CAMPO


V de Juan

 ELISA FERRER


La política desespera, incomoda, enfada; o sería mejor decir que son los políticos quienes consiguen exasperarnos, quizá por su facilidad para dejarse seducir por tentaciones en forma de regalos desinteresados, de contratos; o quizá por lo poco que les cuesta desprenderse de sus obligaciones, sus promesas, o por su capacidad para reformularse y dar la cara, aunque hayan provocado más de un incendio a su paso. Los políticos también son, claro, carne de comedia, materia prima de calidad indiscutible para la parodia. Pocos colectivos más caricaturizados, mejor retratados en el exceso, en el absurdo, en los descubrimientos de la hemeroteca que funcionan como el más aplicado de los chivatos.

 

Programas en los que se imita a políticos, se les caricaturiza, series en los que se ficcionan tejemanejes de partidos y gobiernos son habituales. Por eso cuando TNT estrenó Vota Juan, de Diego San José y Juan Cavestany, pensé que sería más de lo mismo y, sobresaturada como estaba por la actualidad política de nuestro país –que, ya sabemos, supera a cualquier ficción–, tardé en darle una oportunidad. Luego vino la segunda temporada, que se estrenó en Movistar +, Vamos Juan, esta vez con Diego San José al frente. La tercera, Venga Juan, llegó a HBO, donde ahora se puede encontrar la serie completa. No sé si fueron las ganas de ver a Javier Cámara, o la imagen de Juan Carrasco con injertos capilares destruyendo documentos en el cartel de la última temporada o los tuits de @soyjuancarrasco (“ex” ministro, “ex” vicepresidente, “ex” profesor en Logroño), pero empecé a ver la serie y, antes de darme cuenta, había llegado a los últimos capítulos de Venga Juan y me había convertido en una forofa de las comillas mal colocadas, de los anglicismos mal aprendidos, de los gin-tonics en bares de copas plagados de espejos, barras de madera, sillones de escai, ese tufillo mediocre que inunda la política de nuestro país y aleja tanto nuestras ficciones de otras como El ala oeste de la Casa Blanca, donde caben diálogos grandilocuentes, heroísmo.

 

Porque aquí el héroe, Juan Carrasco, es un tipo mediocre que llega a alcanzar grandes cotas de poder al convertirse en marioneta del partido, en muppet (algo que Juan es tan incapaz de pronunciar como de intuir). Siempre desde un sentimiento de inferioridad que creerá amputado con un par de viajes a Turquía para que le injerten 4.000 folículos, en un capítulo brillante con aparición estelar de Anna Castillo, pero que seguirá presente en cada una de sus decisiones, en cada uno de sus actos públicos, en cada una de sus (recurrentes) cagadas.  

 

La serie crece en cada capítulo, se regodea en la incomodidad como el pan en el aceite de oliva que queda al final de la ensalada, y dificulta mantener los ojos en la pantalla porque tanta sátira apesta a realidad y, aunque no nos guste, nos vemos reflejados en el espejo que es la serie, y nos suena ese J. Carrasco que aparece en sobres, en regalos, en la cesión de un contrato urbanístico desde el Ayuntamiento de Logroño que podría ser cualquier ayuntamiento de España. Incomoda la relación de Juan con su mujer y con su hija, las geniales Yaël Belicha y Etsy Quesada, que, con su mirada (que es la nuestra) nos abocan cada vez a esa carcajada que termina por congelarse, convertirse en mueca. La serie crece en los diálogos punzantes, en el humor inteligente. Javier Cámara, que acaba de ganar el merecidísimo Premio de la Unión de Actores a Mejor Actor Protagonista en Serie de Televisión, disfruta al ponerse en la piel de Juan Carrasco, eleva los diálogos, las situaciones, y dota de ternura a un personaje que podría resultarnos deleznable, pero siempre deja intuir, en una interpretación medida, brillante, un quicio de esperanza, de moral. Y junto a él, Macarena, su inseparable jefa de prensa, una María Pujalte sobresaliente.

 

Hay capítulos fantásticos, como el que dirige el propio Cámara, Patagonia, en el que Juan pide asilo político en la Embajada de Argentina y nos regala un extraordinario duelo de diálogos con el grandísimo Eduardo Blanco; o los dos capítulos finales, pura pirotecnia guionística. Vota, Venga, Vamos Juan es una serie imperdible, berlanguiana, donde reírnos de nuestras miserias (con algo de culpa y por no llorar). Una comedia única que nos deja a un personaje inolvidable, Juan, que encierra lo peor de todos nosotros; y quizá por eso lo queremos tanto.

           

           

            
                            
            
                

Elisa Ferrer (L'Alcúdia de Crespins, València, 1983) es licenciada en Comunicación Audiovisual por la Universidad de Valencia y diplomada en guion cinematográfico y televisivo por la ECAM. Obtuvo el Premio Tusquets en 2019 con su primera novela, 'Temporada de avispas'. También es autora (2014) de un ensayo sobre 'The Royal Tennenbaums', de Wes Anderson

        
       

       

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