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FUERA DE CAMPO

 

 

 

Distopía o realidad

 

 

 

ELISA FERRER

  

Ilustración: Luis Frutos

 

Tienes 17 años, es 2020 y vives en Pensilvania. Un día, tu rutina, trabajar en el supermercado, salir con tus amigas, ir al instituto, se ve interrumpida porque sospechas que estás embarazada. Acudes a un centro de planificación familiar donde despejan tus dudas, lo estás, y, lejos de ayudarte, te muestran un vídeo contra el aborto. Te das cuenta de que no podrás interrumpir voluntariamente tu embarazo en Pensilvania, y tomas medicamentos y te golpeas el estómago, pero nada surte efecto. Se lo cuentas a tu prima y ella roba dinero del supermercado donde trabajáis para que podáis iros a Nueva York, las dos juntas, las dos solas, las dos menores de edad, y durante dos noches os pongáis en peligro, sin apenas dinero ni recursos, para que puedas abortar.

 

Es 1963, vives en París y estudias en la universidad, en una época en la que, no te engañes, no tantas mujeres estudian. Tienes un futuro brillante frente a ti porque lo eres, eres brillante, pero entonces te quedas embarazada y ves cómo ese porvenir prometedor comienza a escurrírsete entre los dedos, ¿cómo puede torcerse la vida así? A medida que tu tripa crece, buscas a contrarreloj cómo interrumpir tu embarazo, aunque con ello arriesgues no solo tu libertad, ya que corres el peligro de acabar en la cárcel, sino tu vida, en un piso destartalado de un callejón oscuro de París, en manos de una mujer que hierve sus utensilios en un cazo en su cocina a gas.

 

Son los años ochenta, vives en la Rumanía de Ceaucescu, descubres que estás embarazada y contactas con un señor de reputación preocupante, en quien quizá nunca habrías confiado, para que te practique un aborto clandestino, no tienes otra salida. Pero nunca te habías imaginado que esa intervención podría resultar tan peligrosa, casi letal.

 

Es verano de 1963, trabajas como bailarina en un resort vacacional y te quedas embarazada de un compañero de trabajo que no hace nada por ayudarte. Una joven de familia rica que pasa las vacaciones en el hotel te deja dinero para abortar. Pero las condiciones en las que lo haces (no lo olvides, es 1963) no son las ideales; de hecho, tras la intervención tu vida pende de un hilo. La misma joven, tu ángel de la guarda, recurre a su padre, que es médico, para que salve tu vida.

 

Nunca, casi nunca, a veces, siempre de Eliza Hiltman; El acontecimiento, de Audrey Diwan, basada en la fantástica novela de Annie Ernaux; 4 meses, 3 semanas, 2 días, de Cristian Mungiu, o el musical de cabecera de las adolescentes de los ochenta y los noventa, Dirty Dancing, de Emile Ardolino, denuncian el peligro de abortar en clandestinidad. Perchas, alambres, combos de pastillas, trastiendas de peluquerías, clínicas veterinarias y otros lugares de higiene dudosa.

 

El cine lleva años alertándonos de eso que ya sabemos que ocurre en el día a día: si una mujer no quiere tener un hijo, ninguna ley se impondrá a su voluntad, aunque corra riesgo su libertad, riesgo su salud. Y estas películas que parecen hablar de tiempos pretéritos, ajenos, están lamentablemente de actualidad, porque años de lucha feminista pueden intentar borrarse en cuestión de segundos, como ocurrió el pasado día 24 cuando el Tribunal Supremo de Estados Unidos derogó la sentencia del caso Roe contra Wade de 1973, con lo que queda a merced de los Estados prohibir el aborto. De nuevo, el cuerpo de las mujeres como arma política, de nuevo sus derechos vulnerados. Qué distopía tan aterradora la de El cuento de la criada, pero qué cercanas a veces Gilead y su dictadura reproductiva.

 

Con lo sano que resulta ver cómo en La casa de papel o El embarcadero, ambas series de Álex Pina, la mujer aborta por decisión propia, sin leyes que se lo impidan. O ver Drama, la serie creada por Dani Amor para Playz de RTVE, en la que África, interpretada por Elisabet Casanovas, se queda embaraza, pero abortar no supone un problema, porque es su derecho y, como tal, lo recoge la ley. La ficción siempre estará ahí para recordarnos eso que la realidad a veces nos quiere arrebatar: el cuerpo de las mujeres pertenece a las mujeres y la última decisión sobre ser madres siempre debe ser suya, de nadie más.

           

                                     

           

                        

                

Elisa Ferrer (L'Alcúdia de Crespins, València, 1983) es licenciada en Comunicación Audiovisual por la Universidad de Valencia y diplomada en guion cinematográfico y televisivo por la ECAM. Obtuvo el Premio Tusquets en 2019 con su primera novela, 'Temporada de avispas'. También es autora (2014) de un ensayo sobre 'The Royal Tennenbaums', de Wes Anderson

            

             

           

       

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