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FUERA DE CAMPO


Raccord, ¿qué raccord?

 ELISA FERRER

Ilustración: Luis Frutos

Cuando termina la película y comienzan los créditos, ¿cuántas veces nos quedamos en la sala del cine y los leemos? ¿Cuántas veces pulsamos “quiero ver los créditos” y consultamos los nombres de las personas que han hecho posible el capítulo que acabamos de devorar?  Quizás busquemos quién es el director o directora de fotografía, o quién ha compuesto la banda sonora, pero ¿alguna vez buscamos el nombre de alguien tan importante para ese rodaje como es la script?

 

A estas alturas, a pocos se les escapa ya que en la secuencia del desayuno copioso de Pretty Woman hay un error. Julia Roberts está comiendo un cruasán, corta el plano, vemos a Richard Gere y cuando volvemos a Julia, en lugar de esa pieza de bollería francesa que comía con fruición, entre sus manos hay una tortita… ¿Por qué? ¿No estaba, segundos antes, mordisqueando un cruasán? En el rodaje, a Adell Aldrich, la script, se le debió escapar ese pequeño detalle. ¿Y cómo es posible?, os preguntaréis. Anda que no es sencillo diferenciar entre una tortita y un cruasán… Porque el control del raccord, que es la continuidad espacial, visual o temporal entre dos planos consecutivos, no es tan sencillo como parece. Y no lo es porque esos dos planos consecutivos quizá se grabaron con días o semanas de diferencia, ya que una película, lo sabéis, no se graba siguiendo el guion de forma cronológica, sino siguiendo el plan de rodaje.

 

Y la script es esa persona con un cerebro brillantemente compartimentado que tiene en mente no solo el guion con el arco de cada personaje, con cada una de las tramas, con los tiempos, los elementos de attrezo,  vestuario y un sinfín de detalles, sino también, claro, el plan de rodaje desglosado al dedillo. Porque la script es esa persona capaz de asistir a la grabación de cada plano teniendo en cuenta de dónde viene el personaje, a dónde va, cómo debe lucir su pelo (acaba de salir de la ducha, ¿por qué lleva el pelo seco?), cuál debe ser su vestuario (atento, en la secuencia anterior se ha manchado los vaqueros con salsa de tomate, ¿dónde está la mancha?), cómo debe ser la iluminación (¿por qué, de repente, es de noche?), cómo debe ser el attrezo, cómo debe estar colocado un actor, colocada una actriz.

 

Son, sin duda, superhéroes, superheroínas capaces de controlar no solo la continuidad visual y espacial de un plano, sino también, y esto normalmente no lo tenemos en cuenta, el recorrido personal de los personajes, su raccord emocional. Las scripts son las personas encargadas de recordarle a la directora, al director, que el personaje no tiene por qué estar tan enfadado en ese plano (recuerda, tres secuencias antes ha tenido una charla y ha reflexionado sobre su actitud, retractándose). Que los actores estén en el punto emocional correcto es básico y es algo de lo que se encarga quien dirige, capaz de sacar lo mejor de sus intérpretes, pero las secretarias de continuidad están ahí para servir de recordatorio, para ubicar, si es necesario, a dirección en el momento exacto de la trama.

 

Y como ejecutoras a la sombra, las buenas scripts, los buenos scripts, deben saber qué batallas luchar, qué batallas dar por perdidas. Muchas veces, en secuencias complicadas –como las secuencias de acción en las que hay muchos detalles a tener en cuenta, muchos elementos a los que atender–, cuando los efectos especiales están listos, y los explosivos, y el despliegue policial, quizá el peinado del actor no es correcto por continuidad, pero detener el rodaje en ese momento en el que todo está preparado por un pormenor, sería un error garrafal. Y saben que es mejor sacrificar ese detalle mínimo para que la secuencia salga adelante con éxito.

 

Son la mano derecha del rey, el soporte emocional de la directora, del director; quienes se encargan de darles fuerza, ánimos, consejos, recordatorios. Son su brújula, su guía, la pared en la que se apoyan. Y no, nunca ganarán un Goya, y quizá nunca sepamos su nombre, pero sin duda merecen una estrella enorme en cualquier paseo de la fama que homenajee a quienes hacen grande el cine.

            
                            
            
                

Elisa Ferrer (L'Alcúdia de Crespins, València, 1983) es licenciada en Comunicación Audiovisual por la Universidad de Valencia y diplomada en guion cinematográfico y televisivo por la ECAM. Obtuvo el Premio Tusquets en 2019 con su primera novela, 'Temporada de avispas'. También es autora (2014) de un ensayo sobre 'The Royal Tennenbaums', de Wes Anderson

        

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