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07-09-2021


Diego Losada, escoltado por el 'ertzaina' con acento andaluz que interpretaba Diego Arjona


La gran ceremonia del reencuentro

 

“Lo que pasa en Vitoria se queda en Vitoria”, suelen decir los invitados al FesTVal. Salvo que tengamos un infiltrado entre ellos… Uno de los rostros más carismáticos de los informativos de TVE nos relata su experiencia como presentador de la XIII gala de clausura



Por DIEGO LOSADA (@DiegoLosadaTV)

¿Qué hace uno de informativos como tú presentando una gala como esta? Notaba esa pregunta flotar entre las mil personas del inmenso Iradier Arena. El plan de Joseba Fiestras, el director del FesTVal, parecía funcionar como un reloj: “Tranquilo por eso, Diego. Lo bueno de esa pregunta es la sorpresa que se llevarán con la respuesta”. Vale un quintal este señor que ha conseguido que todo el mundo que quiera hacer buena televisión anhele estar en el FesTVal.

 

   A los de informativos nos gusta dar muy buenas noticias, y esta gala lo era. Volvíamos a ver a mucha gente reunida para disfrutar de los premios, el humor, el espectáculo, la música en directo y la pasión por la televisión. Eso tenía que sonar, y sí, sonó a ritmo de rock mientras me volvía loco en el escenario animando y pescando con red de arrastre el sonido de los aplausos. “¿Los escucháis? ¡Es el sonido de la recuperación!”. Ya se prepara la anulación de las restricciones en el aforo en cines y teatros. Es para celebrarlo.

 

   Más que presentador, me sentí el encargado de un local tipo Rick’s (Casablanca), con los invitados en mesas asistidas por buen vino, la música en directo de Jimmy Barnatán y Nando G. Miguel (Montaña) y, por supuesto, un gran piano de cola. Con personajes que van y vienen por el bar. El gendarme de la película era en este caso un ertzaina con acento andaluz, el humorista Diego Arjona, en “misión secreta”. O Xavier Deltell, ese duendecillo travieso que con un micro en la mano es capaz de “vacilar” como nadie a los vitorianos en la calle: “¿Usted qué prefiere, HBO o AstraZeneca? ¿Pfizer o Netflix?”.



   “Las cosas salen bien cuando se hacen con amor”. Cuánta razón tiene Vicky Luengo, premio AISGE a la interpretación destacada, del que le hizo entrega Susana Soleto, consejera de la entidad y patrona de la Fundación AISGE. Ya tenía yo ganas de conocer a la actriz causante de mis nueve horas de maratón seriéfilo pegado a Antidisturbios, esa joven agente de Asuntos Internos cuyo idealismo se da de bruces con la realidad. Aparentemente no es más que un grano de sal, pero se convierte en el salero mismo por el que pivota toda la trama y suspiran los protagonistas masculinos (y me incluyo ahí). “Gracias a mis compañeros porque sin una buena escucha, una buena réplica, sin alguien delante de mí que no estuviera bien, yo tampoco estaría bien”, les hizo saber desde el escenario.

 

   Sobre ellos hablamos en un ratito que tuvimos en la cena de invitados… La habían nominado en varias ocasiones, dice, pero en la tournée de Antidisturbios “le han dado premios sobre todo a los tíos”. Recuerda, además, el gran papel de Elena Irureta en Patria, también muy aclamada. Ahora pasa de ser la única mujer a compartir reparto únicamente con mujeres en la película de Carol Rodríguez Chavalas. Qué agradable charla con esta mallorquina afincada en Madrid, en barrio céntrico, muy de actores, no hace falta decir cuál. Nos hicimos un selfi de esos, rápido y mal. “Parecemos primos que hace tiempo que no se ven”, me escribe. Cuánta razón tiene la Luengo. 

 

   Antidisturbios también ganó el premio a la mejor dirección de ficción, otorgado por la asociación Dirige, con Borja Soler en persona y Rodrigo Sorogoyen vídeo mediante. Acaba de terminar en Galicia el rodaje de su próxima película, As bestas. Se estrenará a finales de año.



Borja Soler (Premio Dirige) y Vicky Luengo (Premio AISGE), ambos galardonados por 'Antidisturbios'


   De dar visibilidad a las mujeres que abrieron camino trata Pioneras, serie premiada de Movistar+.  La plataforma también recogió el galardón a la mejor ficción nacional por Hierro, la producción de Portocabo, Ar Te France y Atlantique Productions. La que protagoniza Candela Peña, ya saben. 

 

   Con Mikel Lejarza se explica el desarrollo de la televisión en nuestro país, como se vio reflejado en los numerosos mensajes de agradecimiento por su Premio Mainat. En un momento, el escenario se llenó de representantes de esa “tele de los despachos”: los que la piensan, la calculan, la programan. Más claro aún: los que mandan. Me dicen que no se recuerda gala del FesTVal con tanto alto cargo y directivo de medios audiovisuales. Volvía a Vitoria Paolo Vasile, consejero delegado de Mediaset España. Antes habíamos asistido a un intenso discurso a distancia del director general de Atresmedia Televisión, Javier Bardají. En el patio de butacas, todo el órgano directivo de RTVE, con José Manuel Tornero a la cabeza. Ya estamos todos.  

 

   Escuchamos frases que resumen parrillas de programación. Dijo Vasile: “La televisión debe ser una novela popular donde cualquiera pueda encontrarse, reconocerse y descansar de la fatiga de vivir”. Antropólogo de formación, logró arrancar la sonrisa del público al afirmar sobre Lejarza que es “un pesimista que no acierta nunca”, algo que en la práctica es muy positivo. 

 

   Lejarza, agradecido por los múltiples mensajes, confirmó que en este negocio se aprende en el camino. “En Globomedia me enseñaron a producir, en Atresmedia me enseñaron a hacer cine… En Planeta aprendo que el rigor en la gestión no está reñido con la máxima calidez humana. Y en Zeta… soy el más viejo y recibo lecciones de los jóvenes”.


   Me tronché de risa con Raúl Pérez. El FesTVal siempre otorga el premio Constantino Romero a una de las voces más destacadas de la comunicación. Este año ha recaído en las múltiples voces que Pérez imita y que antes prueba con su mujer, a la que se dirigió con una lagrimita. “Este premio no existe”, dijo con la voz del más negacionista Miguel Bosé, para luego escuchar de su garganta a Jordi Cruz, Florentino Pérez, Josep Pedrerol o Leo Messi. Vitoria se partía.

 

   Esa frase que dice “Lo que pasa en Vitoria, se queda en Vitoria” se menciona mucho el día después de la gala. Las noches de algaradas a coro en el piano del hotel son ya míticos recuerdos prepandemia. Los quisimos revivir con la presencia del pianista original, Gustavo Almeida, y algunos sospechosos habituales de aquellas noches cantando el Brindo por las mujeres de Los Rodríguez y terminando con un brindis general. Ideas geniales de los directores Alberto Maeso y Juan Luis Iborra. Mucho cine y mucha tele en sus alforjas con el trabajo del guionista vasco Humberto Gutiérrez. Grandes descubrimientos para mí. 



   Estoy seguro de que Boris Izaguirre tenía preparado el discurso de su vida a su amiga del alma, Ana Obregón, premio Mainat. Así estaba previsto. Pero él supo leer el momento. Acertó a ver en la cara de Ana la emoción mientras subía al escenario. Izaguirre decidió prescindir de las palabras e hincar rodilla con el trofeo para regalarnos el momento más emotivo de la noche. En pleno discurso, Ana Obregón pidió agua y yo fui como loco a buscar un vaso. Al entrar se lo di a Boris para que se lo llevara al atril y él me hizo un sutil gesto, como diciendo: “Espera, no vamos a interrumpir su momento”.  Eso es tener tele. 

 

   Ana estaba sincerándose con su público, pero, sobre todo, quiso entregarse a los agradecimientos. A los que la ayudaron en su carrera. Agradeció a su madre y agradeció a su hijo. Los dos ya no están, pero ese discurso no solo miraba atrás, miraba al futuro: “Sé que voy a tener fuerzas para seguir”. El público en pie, aplaudiéndola, mientras se abrazaba con Boris es uno de los recuerdos que no se me olvidará en la vida. Lo vi muy cerca, yo estuve allí. Qué lección.

 

   Ha sido mi primera vez en un espectáculo así. Acompañado por Ilaski Serrano, talento y torbellino vasco sobre el escenario, y Nieves Álvarez, elegante hasta cuando me ajustó el fajín con una grapadora, antes de empezar. Qué suerte de compañeras. Cómo engancha esto, qué gusto volver y bailar al ritmo del Adiós, amigo, de Rafaella Carrá, en los últimos compases del show, un homenaje a su memoria. Todo el mundo subió al escenario y otra vez, después de mucho tiempo, hubo foto de grupo. Menos de dos horas de gala, casi como la peli Casablanca. Hubo más tiempo para cenar y tomarse alguna copa antes del cierre a la una de la madrugada. Parece baladí. No lo es. 

 

   Tras la ceremonia, uno de los grandes magnates mencionados en este artículo me habló del valor de la valentía, de la importancia de quitarse complejos… A veces nos limitan tanto que no nos dejan ser nosotros mismos. La sorpresa está en la respuesta, claro que sí, Yusan. Por más galas así. Y los fines de semana… nos vemos en el Telediario.

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