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17-11-2020


GERALD B. FILLMORE

 

“En esta profesión nunca se está lo suficientemente preparado”


Actor y guionista, británico y español, rostro de las series 'Gym Tony' o 'Pequeñas coincidencias' y el sueño de una carrera paralela en la industria norteamericana desde Los Ángeles



ISMAEL MARINERO

FOTOS: ENRIQUE CIDONCHA

“Soy poco sintético”, advierte Gerald B. FIllmore a las primeras de cambio. Una hora y media después no queda asomo de duda: su verborrea es comparable a su polifacético perfil de actor y guionista, un torrente de anécdotas y referencias que convierte una conversación con él en un pantagruélico festín. La pasión por contar historias le viene de lejos a este hombre orquesta de rostro aniñado y doble nacionalidad, británica y española, nacido en Zaragoza en 1986 y actualmente con un pie en Madrid y otro en Los Ángeles. 

 

   Con solo cuatro años dictaba sus primeros cuentos a sus padres frente a la máquina de escribir. Desde los cortos que rodó en su adolescencia no ha parado de enlazar proyectos en teatro, cine y televisión, además de curtirse como actor en comuniones, despedidas de soltera, microteatro en el metro, publicidad, doblaje… Todas las variantes profesionales imaginables le han servido para convertirse en rostro habitual en series como Gym Tony o Pequeñas coincidencias, en las que también ha podido desarrollar su faceta de guionista. Ahora se encuentra en uno de sus mejores momentos, ya que ha vendido su primer guion en Hollywood y está grabando la primera temporada de Reyes de la noche (Movistar +), una historia ambientada en el mundo del periodismo deportivo donde comparte escenas con Javier Gutiérrez y Miki Esparbé.

 

– ¿La B. de su nombre es para darse importancia, a lo Cecil B. DeMille?

– Es la inicial de mi segundo nombre, Barry. Empecé realizando cortos de adolescente y decidí poner lo de la B. con 14 años. Ya me quedé así. En parte, lo hice por Michael J. Fox o Samuel L. Jackson, pero también por si aparecía otra persona con el mismo nombre: un actor, un deportista, un asesino en serie… De momento ha habido suerte y vamos bien.



– ¿Cómo empezó su vocación? ¿Hubo algo que marcara un antes y un después?

– En mi caso es educacional, mis padres siempre han sido muy cinéfilos y seriéfilos. Me gusta escribir historias desde niño, más tarde empecé con los cortos, a los 15 me metí a hacer teatro en Zaragoza y tuve la inmensa suerte de tener unos padres que entendieron mi vocación y me apoyaron en lo que quería hacer. Ayudó también el hecho de que premiaran mi segundo corto en el festival Cinema Jove y el apoyo de mi profesor de teatro Félix Martín. A los 16 entré a estudiar Arte Dramático en la Escuela de Teatro de Zaragoza, formé la compañía The Sinflow con mi compi Francho Aijón y luego estudiamos guion en Madrid.

 

– ¿Cómo ve, desde la perspectiva de la experiencia, aquellos primeros pasos en el mundo de la actuación?

– Fueron unos años maravillosos, pero la mayoría de actores coincidimos en que nos falta formación sobre el funcionamiento de la profesión. Gran parte de las escuelas de Arte Dramático centran sus estudios exclusivamente en el trabajo del cuerpo y la voz, y al final nos falta formación en lo principal: ¿cómo se vive de esto? Para eso tienes que aprender cómo formar una compañía, conseguir un representante, preparar un casting, un videobook… Son cosas que aprendes con años de rodaje, y ello puede crear frustraciones y desilusiones. Casi ninguno sabemos cómo enfocar nuestra carrera, vamos a golpe de acontecimiento.



– Después de esos años de formación ha hecho monólogos, doblaje, escribe guiones, dirige… ¿Le falta algo por hacer?

– ¡Cantar mejor! [risas]. Me encanta actuar y escribir en buenos proyectos. Da mucha satisfacción ser parte de un buen equipo y aportar tu granito de arena. Crear me hace feliz, por eso me gustaría sacar adelante más proyectos propios, pero requiere mucho esfuerzo, resiliencia y lo que no depende de uno mismo: dinero. Intento concentrarme en proyectos que pueda sacar adelante con mis propios medios, pero no es fácil. 

 

– ¿Lo de ser bilingüe también le ha ayudado?

– Claro, como al que le enseñaron de pequeño a tocar instrumentos o a montar a caballo. Todo suma. En esta profesión nunca se está lo suficientemente preparado. En mi caso, como en el de otros actores con doble influencia cultural, lo que nos permite es adaptarnos a un país u otro. Además, hablamos del español y el inglés, lo cual abre muchas posibilidades. Luego también está el lado negativo: el de sentir que no perteneces a ninguno de los dos mundos.

 

– ¿Cómo compagina esa doble vida entre Los Ángeles y Madrid?

– Me adapto a lo que viene. Vivo con mi familia en Los Ángeles la mayor parte del año, pero si surgen proyectos en España, desde las Historias lamentables de Javier Fesser a la serie Reyes de la noche o la posibilidad de un rodaje con Imanol Uribe, hago lo posible por venir. Me encanta trabajar en mi país, y más en proyectos así. El año pasado, por ejemplo, vine para la obra Firmado Lejárraga en el CDN y me sentí inmensamente feliz. Por muy bien que puedan llegar a ir las cosas en Estados Unidos, hay experiencias que no son trasladables de un país a otro y te tocan a un nivel cultural y emocional. Tener la oportunidad de interpretar a Lorca rodeado de compañeros que son mis amigos desde que empecé a dedicarme a esto no tiene precio

 

– Y en Los Ángeles, ¿es muy distinta la vida del actor?

– Es una carrera de fondo. La mayoría de actores y escritores que se mudan a Estados Unidos lo hacen porque allí hay más oportunidades. O mejor dicho: porque las oportunidades son más grandes. Los Ángeles puede ser una ciudad dura para un actor; no diría más que Madrid, sino diferente. En Madrid es complicado vivir dignamente de la profesión si no estás fijo en televisión, cine o en un teatro, pero el movimiento cultural es increíblemente estimulante: salas alternativas, microteatros, compañías pequeñas... Todo depende de en qué momento profesional te encuentres. Si comparo lo que he visto de la profesión durante estos seis años en Los Ángeles con mis primeros años en Madrid, la sensación es que en España estás de hormiga obrera subiendo los escalones pasito a pasito y en Los Ángeles estás jugando a la ruleta del casting, esperando que salga tu número y te toque el gordo. También hay muchísimos trabajos bien pagados que puedes hacer como actor y vivir muy dignamente. Tengo amigos que hacen figuración. Y también se vive de la publicidad, donde las tarifas son más altas.

 

– ¿Cuáles son las principales diferencias que percibe cuando encara un proyecto norteamericano y otro español?

– La profesionalización del sector. Hay más dinero, todo se prepara más, hay más ensayos… Te dan más, pero también te exigen más desde que empiezas. Inviertes mucho dinero en tener tu material renovado, en pagar las webs donde están las bolsas de trabajo o tu perfil de IMDb, que para ellos es como un LinkedIn del sector. Tienes que disponer de un mánager, un agente para ficción, otro para publicidad, un tercero para trabajos de voz y doblaje… Aquí suele ser la misma persona, tu representante. Los procesos de casting son más arduos. A veces te hacen llegar 10 páginas de guión y te piden que acudas a la prueba en 24 horas.

 

– Otra gran diferencia es la importancia de los sindicatos...

– En Estados Unidos, si quieres acceder a la mayoría de trabajos en cine, televisión y publicidad, debes sindicarte en SAG-AFTRA. No es barato, y además te exigen un mínimo de trabajos realizados para hacerlo, pero estás más cuidado. Por ejemplo, si generas un mínimo de dinero al año como actor, te ofrecen el seguro médico a un precio muy inferior a lo que costaría un seguro privado. También se encargan de tu jubilación o de que tus derechos laborales se encuentren protegidos, incluso aunque estés grabando un corto pequeñito de bajo presupuesto. Han profesionalizado el trabajo de figurante y de doble de luces para que lo hagan actores. Y hacen un papel similar al de AISGE en España: gestionan tus derechos de imagen, incluida la publicidad. Es una de las asignaturas que tenemos pendientes aquí, que el actor no cobre un precio tan bajo por ceder sus derechos de imagen por todo un año, sino que cobre por cada emisión del anuncio o por cada vez que se use su imagen.



– ¿Cuál diría que es el momento más duro para un actor? ¿El casting, el primer día de rodaje, un blancazo en el escenario…?

– Por suerte, blancazos no he tenido… que yo recuerde [risas]. Buscar representante es duro. Tener la mente fría y guardar ese equilibrio entre creer firmemente en tu trabajo y aceptar las negativas sin que se te vaya la pinza es muy complejo. Exactamente lo mismo con los castings: dedicar tantas horas a una prueba de trabajo sin que los nervios te jueguen una mala pasada no resulta fácil. Debería ser algo que se estudiase en las escuelas de Arte Dramático para que lo tuviéramos integrado con más naturalidad.


– ¿Cómo es coincidir en un proyecto con alguien a quien admiras?

– Como el sueño cumplido de un niño. Yo me dedico a esto porque soy un amante del teatro, el cine y la televisión. Haber tenido la oportunidad de escribir para Antonia San Juan, actuar con ella o con Kiti Mánver, escuchar tus frases en boca de Iñaki Miramón o Loles León, actuar junto a actores y actrices con los que te has criado, como Penélope Cruz o Eduardo Noriega… ¡Es como tener 15 años otra vez!

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