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20-05-2025

 #CentenariosAISGE


100 años de 'Saza', el gentil caballero de la comedia española

 

Soñó con una carrera como galán, pero Martínez Soria lo encauzó hacia la risa. Dio sus primeros pasos en el teatro catalán y el cine lo encumbró como uno de los mejores actores de reparto de nuestra historia. Discreto, risueño y de trato adorable, murió cumpliendo una promesa fundamental: no hablar nunca de política, dinero o religión

 

José Sazatornil, fotografiado en su domicilio para la Fundación AISGE en 2009

 

CARLOS ARÉVALO

Su nombre real era José Sazatornil Buendía (Barcelona, 1925-Madrid, 2015) aunque todo el mundo lo conocía con el sencillo diminutivo de "Saza" que le aconsejó utilizar el productor y cineasta Ignacio F. Iquino. La primera vez que se subió a un escenario tenía tan solo seis años. Fue en su Barcelona natal en una función infantil navideña de Los pastorcillos, haciendo de ángel anunciador. Con 13 años entró en La Lealtad, una cooperativa artística que sirvió de escuela teatral a otras figuras como Paco Martínez Soria, en cuya compañía profesional también trabajaría Sazatornil años después. Durante los siete años que formó parte de aquella institución de teatro aficionado representó unas 300 obras, pues cada semana montaban una diferente. Aquel período formativo le proporcionó un extraordinario bagaje, que le permitiría debutar como profesional a los 21 años en el teatro Victoria de Barcelona con la compañía de María Vila y Pío Daví, con quienes interpretó numerosas obras en catalán.

 

Dándole un puro a Antonio Ozores en 'Venta por pisos'

 

Entre sus maestros y referentes siempre tuvo presentes los nombres de Antonio Vico y Carmen Carbonell, José Alfayate, Aurora Redondo o Rafael López Somoza, entre otros gigantes de la escena. En la empresa artística de Martínez Soria, este lo contrató como galán pero enseguida se dio cuenta y le dijo: "¿Usted qué va a ser galán, hombre? ¡Si usted me hace reír, usted es un actor cómico!". Y es que el teatro fue su verdadera pasión y en él trabajó en incontables montajes -principalmente en comedias y revistas- como Los habitantes de la casa deshabitada, de Enrique Jardiel Poncela; Filomena Marturano, de Eduardo de Filippo; Pecados conyugales, de Juan Jose Alonso Millán; Golfus de Roma (adaptación libre de las comedias de Plauto) o La venganza de don Mendo, de Pedro Muñoz Seca donde realizó una memorable interpretación del protagonista.

 

Sazatornil creó su propia compañía artística a mediados de la década de los cincuenta e incluso fue autor de varias comedias como ¡Qué campanada! o Una vez a la semana...sin fallar. Llegó a estrenar media docena de ellas. La actriz y directora de cine Ana Mariscal lo recordaba en su libro de memorias teatrales como "un actor fuera de serie, capaz de abarcar todos los géneros", y hacía mención concreta al éxito cómico que obtuvo en 1967 con la obra Un fantasma con jipijapa, que el dramaturgo Horacio Ruiz de la Fuente escribió específicamente para él.

 

Con Mónica Randall en 'La escopeta nacional'

En la gran pantalla también logró el reconocimiento del público, a menudo con papeles dotados de una comicidad desternillante y dando vida a una amplísima galería de tipos disparatados gracias a su magnífica dicción y expresividad, acentuada por esos rasgos físicos tan caricaturescos: prominente nariz, bigotillo y una enorme dentadura. Personajes como el del honrado industrial catalán que pretendía vender sus porteros automáticos en La escopeta nacional o el respetado guardia civil de Amanece que no es poco son dos de sus innumerables creaciones que forman parte de nuestro cine y, por ende, de nuestra memoria cultural.

 

Su primera intervención cinematográfica fue en la película Fantasía española, dirigida por Javier Setó en 1953 y producida por el citado Iquino, figura clave en la carrera fílmica de Sazatornil durante sus primeros años. A aquel debut le seguirían más de un centenar de títulos durante los siguientes 50 años, siempre como actor de reparto pero consolidado desde sus inicios como un valor seguro de la llamada "comedia a la española".

 

Un baile con Ana Belén en 'La colmena'

 

La filmografía de Saza alberga un buen número de inolvidables largometrajes, como La ciudad no es para mí (Pedro Lazaga, 1965), Un millón en la basura (José María Forqué, 1967), La escopeta nacional (Luis García Berlanga, 1978), Cinco tenedores (Fernando Fernán Gómez, 1980), La colmena (Mario Camus, 1982), El año de las luces (Fernando Trueba, 1986), Amanece que no es poco (José Luis Cuerda, 1989), ¡Todos a la cárcel! (Luis García Berlanga, 1993) o Espérame en el cielo (Antonio Mercero, 1988) por la que obtuvo el Goya al mejor actor de reparto.

 

Respecto a las apariciones en televisión, fueron bastante puntuales aunque despuntó con algunos trabajos eficaces en series como Los maniáticos (que protagonizó en TVE bajo la dirección de Fernando García de la Vega, en 1974), en la producción catalana Tot un senyor (1989) o en Tercera planta, inspección fiscal, en 1992.

 

En 'Amanece, que no es poco': un inolvidable guardia civil

 

El hombre de los "abrazos mil"

Educado, afable, discreto y puntual, José Saza era el perfecto ejemplo de lo que se conoce como un señor. Atendía cordialmente y con su eterna sonrisa a todo aquel que lo saludaba y solía dedicar los autógrafos que le pedían, escribiendo las simpáticas dedicatorias de "Abrazos mil, Sazatornil" o "Te abraza, Saza". De su vida privada tan solo se sabe que contrajo matrimonio con una murciana llamada Carmen Serrano y que tuvieron una hija también llamada así. Jamás habló públicamente de política, religión o dinero, pues pensaba que un actor no debía inmiscuirse en tales asuntos. Probablemente tuviera razón.

 

El desaparecido autor Juan José Alonso Millán lo definió de esta manera: "Para mí, Saza fue uno de los mejores. Quizá uno de los últimos grandes, grandes que eran primeras figuras en el teatro y que en el cine tuvieron que hacer papeles secundarios demostrando una mayor calidad que los propios protagonistas. Pertenecía a esa clase de actores que pueden compararse con los italianos de la misma época, que se movían y gesticulaban mucho y que salían a escena para hacer reír".

 

Diciembre de 2024: el presidente de AISGE, Emilio Gutiérrez Caba, interviene durante el descubrimiento de la placa de homenaje a Sazatornil en el edificio madrileño donde vivió (foto: David Jar(Fundación AISGE)

 

Aquejado de la enfermedad de alzhéimer desde 2013, el carismático Saza nos dejó dos años más tarde, apenas unas semanas antes de cumplir los 90. El actor residió la mayor parte de su vida artística en el barrio madrileño de Retiro, concretamente en el número 210 de la avenida Ciudad de Barcelona, donde una placa lo recuerda desde 2024. Este verano se cumple una década de su desaparición y 100 años de su nacimiento, una efeméride más que apropiada para rendirle un cálido homenaje y continuar recordando a aquel caballero de conducta intachable que, además, fue uno de los mejores actores cómicos españoles del siglo XX.

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