LÍNEA DE TELÓN

 

El día de mañana

ALBERTO CONEJERO

Ilustración: Luis Frutos

 

Como el rayo que aparece en un cielo de tormenta y es su cuerpo mitad luz mitad oscuridad, así se recorta Justo Gil en el horizonte plomizo del último franquismo. Hablo del personaje que interpreta Oriol Pla en El día de mañana, la espléndida serie que ha dirigido Mariano Barroso para Movistar+, a partir de la novela homónima de Ignacio Martínez de Pisón.  

 

   Aunque su estreno llegó sin demasiadas fanfarrias, su cuidadísima factura, la solidez de los guiones y la compleja construcción de sus personajes —para mí su principal atractivo— la han convertido en una de las series españolas más celebradas de los últimos años. 

 

   Justo Gil, un campesino más entre las decenas de miles, viaja desde los Monegros a Barcelona junto a su madre gravemente enferma para tratar de curarla y buscarse un futuro. La ciudad era entonces, años sesenta, punta de lanza del porvenir, hombres y mujeres de todas las Españas peleaban en la clandestinidad por sacudirse de una vez por todas la estaca de la dictadura. Una Barcelona tan deslumbrante como feroz, trampolín y cementerio de tantos sueños de una vida mejor. Allí la burguesía catalana con todas sus contradicciones, allí los representantes despiadados de un franquismo agonizante pero siempre criminal,  allí los parias que salían de sus barracas y chabolas para levantar Barcelona andamio a andamio. Cuando la identidad la hacía la conciencia social —eso que ahora parece una expresión de otro siglo: “la lucha de clases”–  y no el color de una bandera.

 

   En esa Barcelona inicia Justo Gil  su escalada a los infiernos. Porque la ruina muchas veces nos espera en el peldaño más alto de una escalera que puso allí nuestra ambición. Hacía falta un actor prodigioso para dar vida a un personaje con tantas aristas y pliegues, capaz de todas las miserias pero también de la bondad más radical. Un héroe. Toda la luz y toda la oscuridad cabalgando el pecho. Y aquí está Oriol Pla. Estoy tratando de evitar todos los clichés para referirme a su interpretación (ya saben, lo de “recital” y lo que sigue). Justo Gil tiene algo de animal acorralado, de fiera solitaria. Un felino impredecible e hipnótico. Todo eso lo asoma Pla por los ojos. Tenía en sus manos un personaje enorme en el papel, lejos del perfilado simplón y moralista de tantas y tantas creaciones de la ficción reciente. Justo Gil no es un paradigma de nada. No es un ejemplo a seguir. No trae ningún mensaje reconfortante. No pretende llamar la atención sobre ninguna causa justa.  Es un hombre. Un ser humano. Alguien  que es grieta y hace grieta, que es herida y hiere. Oriol Pla merece todos los reconocimientos. 

 

A Justo Gil le acompañan Carme Román (Aura Garrido) y Mateo Moreno (Jesús Carroza). Ellos también, los actores, están inspiradísimos. Los tres personajes a los que interpretan son huérfanos. Éramos, sí, un país huérfano de libertad y lleno de huérfanos.  El día de mañana es, en definitiva, un ejemplo de lo mejor que nuestra ficción puede entregar. En esta ocasión un personaje que es un fogonazo que alumbra nuestra memoria en todas direcciones.

 

 

 

           

           

           

 
           

Alberto Conejero (Jaén, 1978) es dramaturgo y poeta y acaba de estrenar en Madrid 'Los días de la nieve'. Ganó, entre otros, el Premio Max por 'La piedra oscura'. Otras de sus obras teatrales son 'Ushuaia' o 'Todas las noches de un día', mientras que 'Si descubres un incendio' es el título de su primer poemario

       

       

       

       

       

       

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