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19-09-2017


CULTURA LGTBI

Pasión deportiva por el arte dramático


Alejandro Albarracín y Pepe Ocio protagonizan ‘El gol de Álex’, una comedia romántica empapada de fútbol, aunque no les guste ese deporte. Pero el amor a su oficio les sirvió para entender a los devotos del balompié
 
FRANCISCO PASTOR (@frandepan)
Reportaje gráfico: Enrique Cidoncha (@enriquecidoncha)
Hasta la fecha no ha habido futbolista de primera ni segunda división que haya manifestado públicamente en España una orientación diferente a la heterosexual. Sí ha ocurrido alguna vez en el extranjero, cuando algún deportista retirado y alejado de las gradas ha reconocido su homosexualidad. Aunque clubes pequeños muestran su sensibilidad hacia la enseña arcoíris y, como el Rayo Vallecano, hasta la alojan en su camiseta, la mayoría de los grandes equipos patrios esquiva el apoyo a la causa LGTB. Quizá por ello la lucha contra la homofobia en el deporte se ha subido este verano a las tablas del madrileño Teatro Luchana. En El gol de Álex los actores Alejandro Albarracín y Pepe Ocio encarnan, respectivamente, a un futbolista famoso y a un periodista deportivo que se seducen el uno al otro a lo largo de una noche.
 
   “Al principio me preguntaba cómo se le ocurriría a nadie meter algo como el fútbol en el teatro. Pero leyendo el texto me di cuenta de que el llamado deporte rey también se puede vivir desde la sensibilidad. Me preparé el papel pensando en cómo hablo yo del arte dramático. Me hace feliz y pongo todos mis esfuerzos en él, y ahora ya entiendo que alguien sienta eso ante la pelota”, anota Albarracín. Este gaditano de 34 años crecido en la ciudad malagueña de Ronda encarna al Álex que da nombre a la pieza. Y la otra parte del título hace referencia al gol que marca como jugador del Celta de Vigo contra el Real Madrid, un tanto con el que el equipo gallego gana el partido y se posiciona para conquistar la liga. Aunque ese punto en el marcador promete, a lo largo de esta obra, ser la metáfora de muchos otros triunfos.
 
 

 
 
   Mientras los compañeros de Álex celebran la victoria yéndose de copas y rodeados de mujeres, él reserva una habitación en un hotel, pide una botella de champán y busca a través de una aplicación de contactos en el móvil hombres gays. Acaba invitando al dormitorio precisamente al cronista que ha escrito sobre el encuentro, interpretado por Ocio, un personaje que había añorado desde siempre las esculpidas piernas del jugador. Y llega al hotel aún conmocionado por el gol. Aunque en la ficción encarnan a auténticos enamorados del balompié, ninguno de los actores, como reconocen entre risas, cuenta con la más remota afición al fútbol. El único amante de este juego en el equipo es el director del montaje: Antonio Hernández Centeno. ¿Su idea? Llevar a la ficción el viaje moral de un futbolista que jamás hablaría públicamente de su condición homosexual.
 
Pancartas y carrozas
“Quienes deberían cambiar su actitud no son tanto los jugadores, que solo tratan de llegar a su público. Ellos responden a una expectativa, porque el machismo está en la grada”, argumenta Albarracín. Como él, Ocio opina que quienes se dedican al fútbol se sentirán menos ajenos a esta trama que muchos hinchas. “Tengo amigos y amigas que no dudan en llamar ‘niña’ al futbolista cuando no logra encajar el gol. ¡Cuánta gente asocia la masculinidad a la victoria y la feminidad a la derrota!”, lamenta el actor pocas semanas después de que Madrid se desbordara por el World Pride, la convocatoria que convirtió a la capital este 2017 en el punto de encuentro del Orgullo LGTB a escala mundial. La cartelera del Teatro Luchana luce repleta de ficciones arcoíris. “En su día me pregunté si estas etiquetas tenían sentido, si las historias de amor entre personas del mismo sexo debían contar con un apartado propio en las estanterías. Y creo que sí, que aún hace falta ese grano de arena”, comenta Ocio. Tanto un actor como otro coinciden en que por la platea han desfilado espectadores de todas las edades y sexualidades, y que la mayoría de quienes han comentado la obra con ellos se han visto reflejados en esta comedia romántica. La intención de ambos, en cualquier caso, es sacar la pieza de la capital, puesto que fuera de Madrid mensajes como el de El gol de Álex pueden resultar aún más reveladores. “Aquí tememos que la fiesta se coma a la reivindicación, o la carroza a la pancarta. Pero hay lugares donde las personas LGTB ni sueñan con conocer a sus semejantes en un bar”, apunta el intérprete.
 
 


   En este montaje el juego del deseo se desarrolla esencialmente a través de la palabra. Y muy pocas veces se sube el tono. “Estamos muy cerca del público y hay cosas que podrían sacar al espectador de la historia”, cuenta Ocio. Él y Albarracín niegan que hubieran recreado el sexo de una forma más explícita si se tratara de una historia entre un hombre y una mujer. De momento, ningún observador se ha llevado las manos a la cabeza. Ni siquiera ante la inmediatez con la que, gracias a los teléfonos móviles, los personajes se conocen en la ficción. “Quizá las primeras aplicaciones de contactos unían solo a chicos, pero hoy ya pertenecen a todo el mundo”, reitera el actor. Algo similar ocurre con el fútbol: algo que creíamos patrimonio exclusivo de los hombres heterosexuales aparece aquí en manos de quienes no lo son. “Lo ideal es que no nos importe a quién le ocurran las cosas, y hay que caminar hacia ahí”, siente Ocio.

   Según Albarracín, el gremio de la interpretación está a salvo de la homofobia y el machismo que existen en el deporte. “Somos muy abiertos de mente. ¡Incluso de cuerpo! Vamos más allá que los profesionales de las ciencias. Nos entregamos a los sentimientos, a las emociones, investigamos sobre la mente”, reflexiona. Para cumplir su sueño de la ficción viajó hasta Madrid y dio un disgusto a un padre y una madre que le imaginaban de ingeniero de telecomunicaciones. Ocio comparte su opinión, pero matiza: “Si una gran estrella, acostumbrada a llegar al público a través del deseo, cuenta que es gay, no sé qué ocurriría. La productora hasta invitará a su novio a los rodajes, pero la cadena de televisión, los directivos, quizá no lo tengan tan claro”. Uno y otro permanecen durante un rato en silencio, tratando de mentar a algún galán de la pantalla que haya salido del armario. A sus cabezas acuden cómicos y grandes secundarios, pero ni rastro de los héroes habituales. A no ser que nos alejemos de los focos y acudamos a las tablas. Siempre queda el teatro. 

Alejandro Albarracín

Alejandro Albarracín

 
 
Alejandro Albarracín (Jerez de la Frontera, 1982) se curtió en la Real Escuela Superior de Arte Dramático y cató las series con un papel episódico en Periodistas. Más tarde llegarían personajes de recorrido en Gavilanes, Amar es para siempre o Tierra de lobos. Gracias a Borgia conoció los abruptos paisajes de Praga y la producción extranjera. Después de reclamarle en sus cortometrajes, Roberto Pérez Toledo le confío la gran pantalla en Al final todos mueren (2013). Pero el artista anota que en el teatro está aprendiendo como nunca. También, al frente del Tartufo de Molière: “El trabajo más valioso no es el que trae más dinero o más público”.
 
 

Pepe Ocio

Pepe Ocio

 
 
Pepe Ocio (Madrid, 1976) dejó atrás su consulta de odontólogo cuando hubo ahorrado lo suficiente para estudiar Arte Dramático. Dio sus primeros pasos en el cine gracias a la acción de La caja Kovak (2006) y el drama de Camino (2008), pero este año saborea el tono cómico de Como la espuma y Selfie. Cuenta que la apuesta le salió bien y jamás le ha faltado trabajo. “Me encanta cumplir años. Por mi gesto y mi rostro, siempre entendí que me saldrían más papeles a medida que fuera envejeciendo. Nunca me he planteado volver a trabajar como dentista”, relata.
 

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