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29-06-2020


Un instante de la recogida del galardón. Foto: Casa de Fieras


Dos tablas, una pasión y el “disparate” interior que rejuvenecen a El Brujo


El Premio Fuente de Castalia del festival de teatro clásico de Alcalá de Henares reactiva a Rafael Álvarez, uno de los colosos de la interpretación en España, que sale del confinamiento en plenitud de condiciones


 

PEDRO PÉREZ HINOJOS

Algo hace rejuvenecer a Rafael Álvarez ‘El Brujo’ (Lucena, Córdoba, 1950). Y no son la meditación o el yoga, que marcan el ritmo de su vida cotidiana y de su preparación. Como tampoco lo son su perpetuo movimiento mental y corporal al trabajar y la permanente búsqueda de textos y autores a los que darles su voz y vestirlos con su carne. Ni un buen sorbo de agua de la mitológica fuente de Castalia, aquella que otorgaba vigor e inspiración a los poetas, podría explicar la fuerza arrolladora de este actor inigualable y enganchado al universo clásico, que con su energía del más deslumbrante bululú hace saltar hoy los plomos de la era digital. 

 

   Ha sido precisamente en la entrega de un premio que lleva el nombre de la acuática musa y que concede cada año el festival Clásicos en Alcalá donde 'El Brujo' ha revelado su secreto. Y no, no fue cosa de que cayera de cabeza en la fuente de pequeño, como le sucedió al célebre Obélix en la marmita del druida.

 

   Antes de recibir su galardón en el coqueto Teatro Salón Cervantes de la ciudad madrileña, exhibió su plenitud de condiciones marcándose la hora y media larga de monólogo de su última función: Dos tablas y una pasión. Versos y parrafadas de Lope de Vega, Shakespeare, San Juan de la Cruz, Teresa de Jesús, San Francisco de Asís,  Quevedo o el mismo Cervantes, entre otros compañeros de viaje ya habituales en su repertorio, que defendió con derroche de brío y versatilidad ante apenas un centenar de privilegiados espectadores, el limitado aforo impuesto por la pandemia de coronavirus.

 

   “Estamos tan necesitados de trabajar que no podemos mirar el público que nos dejan tener”, explicó en las vísperas de su reencuentro con unas tablas que conoce como si él mismo las hubiera cortado y ensamblado. Fue en este Teatro Salón Cervantes donde hace 29 años, con el estreno de la brillante versión que Fernando Fernán Gómez hizo de El lazarillo de Tormes, nació el intérprete incomparable que todavía es. “Aún puedo ver a Fernando caminando por ese pasillo entre las butacas para subir a saludar al público tras terminar la primera función”, recordó desde la centenaria escena del coliseo alcalaíno.

 

   Con el inolvidable Fernán Gómez llevó la historia del pícaro Lázaro también al cine unos años después, en una de sus escasas incursiones en el audiovisual. No obstante, una docena de películas acumula el artista, al que hicieron popular sus apariciones en las célebres series Brigada central y Juncal, donde encarnó al inolvidable Búfalo, admirador perpetuo del maestro Paco Rabal.

 

   Pero han sido el teatro y los clásicos quienes han convertido a Rafael Álvarez en uno de los colosos de la interpretación española. Dedicar su vida a pulir ese inmenso tesoro es, según reconoció con su premio entre las manos durante la velada complutense, el mayor orgullo que posee. Y lo que le queda por disfrutarlo, pues soplará las 70 velas al final de este verano presentando su nuevo espectáculo, El alma de Valle Inclán.

 

   Contó el actor que “cuando uno viaja por ahí” se da cuenta de “la fuerza y la importancia que se da a este legado artístico; a su ‘solera’, como diría mi padre”. A ese orgullo ha unido, además, el orgullo de patria tras la dura prueba a la que nos ha sometido la crisis del Covid-19. “A veces los españoles no tenemos la suficiente confianza en nosotros mismos, pero con esta catástrofe que tanto dolor y trauma ha causado hemos tirado por la borda todos los tópicos: no somos un país indisciplinado, como dicen, somos muy fuertes”, ensalzó.

 

   Celebró que para entregarle el trofeo se hubieran dado cita en el acto políticos “de varios colores”. Ese fue el motivo para recordar que la cultura nos proporciona “la capacidad de ser receptivos y sensibles. Hay que recordar que el adversario es una prolongación de ti mismo. Lo diferente, aunque te toque las narices, es un misterio que descifrar”, una extensión “del alma propia”.

 

   Y mientras hablaba de los políticos se percató de la juventud de los que estaban en el teatro y entonces soltó su secreto. “Ellos son mucho más jóvenes que yo y los veo ahí tan formales… Es el disparate tan grande que yo llevo dentro lo que a mí me hace joven”, confesó, entre las carcajadas del reducido y entregado público.




Espert, Portillo y la ninfa que huía de Apolo

 

El festival Clásicos en Alcalá, promovido por el Ayuntamiento de Alcalá de Henares y la Consejería de Cultura de la Comunidad de Madrid, celebraría este año su vigésima edición, sus dos décadas abriendo la fecunda temporada de festivales de verano en España. Pero la pandemia ha truncado este aniversario redondo tan esperado. Las 40 compañías que integraban el programa diseñado por el tándem que dirige la muestra, Ernesto Arias y Darío Facal, han quedado emplazadas para 2021. Se quiso respetar al menos la entrega del premio del certamen, el Fuente de Castalia, casi como un signo de resistencia. Rafael Álvarez ‘El Brujo’ era en esta ocasión el destinatario del galardón, que generalmente recae sobre directores escénicos y dramaturgos. Al fin y al cabo, las aguas que impregnó de inspiración aquella ninfa que huía de Apolo y que se metamorfoseó en musa al zambullirse en la fuente estaban destinadas a los poetas. De ahí que solo otras dos grandes de nuestra interpretación, Núria Espert y Blanca Portillo, hubieran puesto antes que 'El Brujo' el contrapunto actoral en la historia de esta distinción.

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