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12-03-2013

Eduardo Rodríguez, Fernando Marín, Pedro Olea, Jaime de Armiñán, Julia Gutiérrez Caba y Víctor Zarza

Eduardo Rodríguez, Fernando Marín, Pedro Olea, Jaime de Armiñán, Julia Gutiérrez Caba y Víctor Zarza

 
López Vázquez, el pintor que actuaba
La Fundación AISGE muestra durante un mes los figurines y escenografías que el actor dibujó al comienzo de su carrera
 

ANTONIO FRAGUAS
Reportaje gráfico: Enrique Cidoncha
Era parte del paisaje, tan familiar por estos lares como el toro de Osborne. Por eso cuesta creer que sea algo más que una anécdota la faceta de pintor, diseñador y figurinista del actor José Luis López Vázquez. Y es mucho más que una anécdota. “No me esperaba esto. Cuando vi las obras me di cuenta de que me encontraba ante el trabajo de un gran diseñador. Un profesional consumado en este campo”. Director del departamento de pintura y restauración de la Facultad de Bellas Artes en la Universidad Complutense de Madrid, Víctor Zarza fue categórico la noche de este 11 de marzo en la inauguración de la exposición José Luis López Vázquez. Arte en papel, que hasta el 15 de abril, acoge en Madrid la Fundación AISGE (calle Ruiz de Alarcón, 11; metro Banco de España). 

Una panorámica de la exposición

Una panorámica de la exposición

 
  Durante 18 años “muy intensos”, señaló Fernando Marín, vicepresidente de AISGE, López Vázquez (1922-2009) dibujó vestuario, decorados, cubiertas de libros, carteles, felicitaciones... “Esta faceta era un misterio para la mayoría de cinéfilos, aficionados y compañeros, pero no por poco conocida es menos importante”. En una sala abarrotada por más de cien personas, algunas de pie, Marín recordó que López Vázquez era el socio número 102 de AISGE y que habría cumplido 91 años el día de la inauguración.

   En la muestra se exponen 65 trabajos, la mayoría provenientes de las colecciones de su última compañera, la actriz Carmen de la Maza, y de su hijo mayor, José Luiz López Magerus, ambos presentes en la inauguración. Las obras abarcan desde los años cuarenta hasta casi los sesenta. Los primeros son dibujos a lápiz, con una fuerte impronta de José Caballero, el pintor de la compañía La Barraca, de García Lorca. “Él fue mi maestro en la plástica, como Modesto Higueras, director del TEU (Teatro Español Universitario), lo fue en la dicción. Todo lo que sé se lo debo a ellos”, declararía en 2001 el actor en una entrevista para el diario El Mundo.

Julia Gutiérrez Caba, actriz

Julia Gutiérrez Caba, actriz


   No fue Caballero su única influencia plástica. Víctor Zarza enumeró unas cuantas: Le Corbusier en los diseños de escenarios para el Tenorio y La vida es sueño; Jean Cocteau en los dibujos más personales y libres; la ilustración de moda de la época –la madre de López Vázquez era costurera– en sus figurines para Alhucemas; Giorgio de Chirico y Dalí, sin duda, en la aguada La Espera, que no ha sido posible datar y que Zarza considera “la joya de una exposición llena de piezas notables” y, por último, Max Ernst en los trabajos de cartelería y en las felicitaciones navideñas. 

Víctor Zarza, profesor de Bellas Artes

Víctor Zarza, profesor de Bellas Artes


   “Era un artista que estaba muy al corriente de lo que se estaba haciendo en España y fuera de España. No estamos hablando de alguien que tuviera buen gusto o habilidad, sino de alguien con una auténtica vocación. López Vázquez estaba en su tiempo y en lo mejor de su tiempo”, apuntó Zarza.
 
   Las citadas felicitaciones navideñas –algunas recuerdan a Saul Bass, otras a los collages de Terry Gilliam– marcaron época en casa de Julia Gutiérrez Caba, gran amiga de López Vázquez. “Un año nos dijo que ya no podía mandarnos más, que no estaba bien, y desde entonces las Navidades ya no fueron lo mismo”, relató la actriz en la presentación.
  
   “Yo presencié su ascenso a la fama”, dijo Julia Gutiérrez Caba. Quizá fue esa carrera fulgurante la que llevó al actor a dejar de lado el dibujo y la pintura. “En 1958 empezó a abandonar esta faceta artística, no sabemos muy bien el porqué”, contó Eduardo Rodríguez, catedrático de Historia del Cine Español en la Complutense y autor de la biografía de López Vázquez Los disfraces de la melancolía (editado por la Semana Internacional de Cine de Valladolid, Seminci, en 1989). En una entrevista concedida a El País en 2005, el actor desveló alguna clave de su abandono de la carrera pictórica: “Era muy exigente, no me gustaba nada de lo que hacía, me torturaba, y lo fui dejando. Y ahora me sigue gustando la pintura, pero me falla la vista, no tengo paciencia”. Ese esmero y esa exigencia que López Vázquez volcaba en sus obras pictóricas hacen recomendable que la exposición se vea “con mucho detenimiento”, recomendó Fernando Marín: “Ninguna de nuestras muestras resulta tan insólita como esta”. 

Eduardo Rodríguez, biógrafo, junto a Fernando Marín (AISGE)

Eduardo Rodríguez, biógrafo, junto a Fernando Marín (AISGE)



Administrativo de farmacia
Siempre fue un misterio, incluso para él, de dónde le vino la vena artística. “Me cayó del cielo; no tengo antecedentes, es algo muy extraño. De pronto yo estaba entre dos aguas: pintaba y me decían que no lo hacía mal, pero me costaba mucho trabajo; e interpretaba, y esto me fluía de una manera más normal y más espontánea”, contaba el actor en El País. “Era autodidacta”, señaló Eduardo Rodríguez. Apremiado por las necesidades económicas de su familia, a los 13 años dejó los estudios. Su padre les había abandonado y el futuro actor vivía con su madre, su abuela y un tío. La primera incursión profesional de López Vázquez fue como administrativo en una farmacia militar.

José Luis López Magerus, hijo de López Vázquez

José Luis López Magerus, hijo de López Vázquez

  
   En los años cuarenta el pintor José Caballero comenzaría a hacerle encargos; pero el personaje fundamental en el desarrollo artístico de López Vázquez, según su biógrafo, fue José López Rubio. Miembro junto a Mihura, Jardiel Poncela y Tono de la otra Generación del 27, López Rubio –cineasta, guionista y humorista– vuelve de su aventura en Hollywood en 1940 y lo contrata de figurinista para sus películas Sucedió en Damasco (1943), Eugenia de Montijo (1944) y Alhucemas (1948).
 
   A partir de entonces López Vázquez podrá vivir del arte. “La interpretación no es solo una cuestión de figuraciones aparentes, es algo más intenso”, recordó Víctor Zafra, y concluyó: “Porque los actores, como se decía en mi casa, eran artistas. Artistas de cine”.
 

Carmen de la Maza, entre Jaime de Armiñán y Pedro Olea

Carmen de la Maza, entre Jaime de Armiñán y Pedro Olea

 

ANECDOTARIO
La religión de Olea y la abuela de Armiñán
 
Pedro Olea y Jaime de Armiñán echaron mano de anecdotario en la presentación de la muestra para salpicar al respetable con un toque cómico y afectivo. “Yo soy devoto de José Luis. Yo soy de la religión de López Vázquez”, dijo Olea, quien dirigió al actor, entre otras películas, en El bosque del lobo (1971). “Se hizo unos dientes, una peluca… Y qué ojos tenía. Los ojos de López Vázquez eran como los de Bette Davis”.

Jaime de Armiñán estuvo socarrón para deleite del respetable: “En los homenajes hay que hablar del homenajeado, pero en realidad todo el mundo quiere hablar de sí mismo. Bueno, pues yo quiero hablar de mi abuela. Ya veré dónde meto a López Vázquez”. Tras hablar de su abuela, la actriz Carmen Cobeña, Armiñán contó alguna anécdota de Mi querida señorita (1971), obra cumbre de López Vázquez en la que da vida a Adela Castro. Primero narró Armiñán las largas que dio al actor para que no abandonara el proyecto. Porque López Vázquez intentó zafarse del papel protagonista una vez que ya lo había aceptado.

El cineasta relató luego el efecto que le causó ver en su propia película la escena en que Adela Castro visita al médico. “Esa transición cuando no es ni hombre ni mujer… esa mirada enamoró a George Cuckor. ¿Y a quién se debe eso? A José Luis López Vázquez. ¡Y además era pintor!”.
 
 

Descargar'>Jaime de Armiñán, director de 'Mi querida señorita'

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El director y guionista Pedro Olea

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