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25-06-2020

#LecturasDesescaladas


El impío abuso de los vencedores


Pere Cervantes rinde un sentido homenaje al cine en ‘El chico de las bobinas’, un ‘thriller’ ambientado en la Barcelona de posguerra

 

 

ANTONIO ROJAS (@mapadeutopias)

La posguerra española fue un tiempo oscuro, teñido por el color del hambre, la represión, la miseria, el estraperlo, las delaciones, las injusticias, el miedo y demás condicionantes impuestos por los triunfadores de la contienda civil frente a la otra mitad de la población, la de los derrotados. Es en esa época, cuando siempre salía airoso el impío abuso de los vencedores, en la que se desarrolla la trama del último libro de  Pere Cervantes (Barcelona, 1971), El chico de las bobinas. La novela relata la historia de Nil Roig, un muchacho al que la guerra robó una hermana pequeña, muerta en un bombardeo, y un padre (huido a Francia e integrante del maquis). Y también su propio brazo izquierdo, una carencia física que no le impide contribuir a la mísera economía familiar que sostiene su madre, Soledad, con el sueldo que obtiene como ciclista de cines: repartidor de bobinas de películas entre las salas de barrio. 


El chico de las bobinas encuentra su escenario en la Barcelona de los años 40, una ciudad que trata de sobreponerse a la derrota, y cede el protagonismo a un ramillete de antihéroes maltratados por un destino que les resulta canalla y esquivo; atrapados por un pasado cuyas garras los arrastra al infierno y les recuerda que, cuando las heridas de antaño siguen doliendo, solo generan infelicidad, amargura. Pero ¿acaso es posible huir de un tiempo que se empeña en no marcharse, en regresar una y otra vez?


Este thriller, que se desencadena a partir de un asesinato acaecido en el portal de la casa de Nil, radiografía aquella España en la que, según el poeta León Felipe, la justicia valía menos que el orín de los perros y, al decir de Pere Cervantes, la vida tenía menos valor que un paquete de tabaco de estraperlo. Para que el lector no olvide el clima de terror en el que vivía la población, el régimen franquista está personalizado en Víctor Valiente, un ser abyecto que bien podría ser la representación literaria del recientemente fallecido Juan Antonio González Pacheco,​ más conocido como “Billy el Niño”, tristemente famoso por sus torturas a  los opositores a Franco. Miembro de la Brigada Político-Social, Valiente es corrupto, rencoroso, mezquino, de fantasías retorcidas; una bestia que disfruta (junto a su subalterno, Espinosa) golpeando, vejando e, incluso, matando a sus víctimas. Es la degradación del ser humano, el contrapunto a la inocencia de Nil. 


El libro se convierte en un sentido homenaje al cine, la más grande y bella mentira; a las salas en las que los ciudadanos se refugiaban para evadirse del desgraciado presente y a unos actores que hacían soñar con otra realidad. Como curiosidad, un cameo literario de un jovencísimo Fernando Fernán Gómez. 


Y El chico... se erige también en homenaje a todas aquellas mujeres que, con fuerza envidiable, consiguieron el respeto y la admiración de una sociedad en la que les había tocado ser víctimas por partida doble. Por una guerra que no habían elegido emprender y que las hizo sufrir como mujeres, madres y esposas. Y por la mediocridad, mezquindad y machismo exacerbado de una sociedad patriarcal que se empeñó en reducirlas a la mínima expresión social.


La atractiva trama de El chico de las bobinas se resuelve y cierra en tres partes, las que corresponden a los años 1945, 1947 y 1949.  Sin embargo, Cervantes (La mirada de Chapman, Tres minutos de color o Golpes en su bibliografía) regala una cuarta, que fecha en febrero de 2021. Tranquilos: no es este el lugar para destriparla. Ni siquiera para "hacer un spoiler", como diría algún pretendido moderno.

 ‘El chico de las bobinas' (Destino, 2020). 544 páginas. 20,90 euros


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