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09-03-2021

#LeerSientaDeCine

 ‘Rodaje’, el regreso al cine (sobre el papel) de Manuel Gutiérrez Aragón

El realizador cántabro recrea en su nueva novela el Madrid de 1963 y los secretos del oficio con el que nos proporcionó tantos momentos de felicidad

ANTONIO ROJAS (@mapadeutopias)

Allá por 2008, Manuel Gutiérrez Aragón (Torrelavega, 1942) decidió que había llegado el momento de orillar el vértigo que produce mirar a través del visor de una cámara. Pero no por ello aplacó su deseo ni su necesidad de crear ficciones, algo a lo que desde entonces se aplica con éxito a través de la escritura. En esta nueva novela –y suma ya unas cuantas– retorna a un territorio muy querido y que conoce a la perfección: aquel en el que maquinistas, ayudantes, iluminadores, técnicos e intérpretes esperan el chasquido de la claqueta y las palabras mágicas del director: “¡Motor! ¡Acción!”.


Y también se retrotrae a un tiempo, el de los años sesenta, en el que un joven cántabro llegado a la capital aspiraba a cumplir su sueño de convertirse en cineasta. Mucho de aquel muchacho de provincias hay en Pelayo Pelayo, el personaje principal y alter ego del autor de Rodaje, un relato en el que se entremezclan sin chirridos ficción y realidad. Y en el que conviven el plano de la literatura y el de la escritura cinematográfica.


Las aventuras de este soñador –cuyo bien más preciado resulta ser un guion, La estrategia del amor, al que se agarra como única tabla de salvación– transcurren en un momento en el que el régimen franquista se empeñaba en mantener vivo el espíritu de la Guerra Civil: sangre y muerte. Y eso que 1939 quedaba ya lejos y la población se esforzaba por pasar página.


Pelayo Pelayo, su novia (Laura), su compañero de piso (Gran Manitú), el guionista Mutante, el actor Juan Luis Mañara, la periodista Miriam Monjas o el acomodador Virginio, seres de ficción, comparten protagonismo con personas reales, como los directores Juan Antonio Bardem y Luis García Berlanga o el torturador Roberto Conesa, convertidos en personajes literarios. Son días convulsos en los que en Madrid coinciden en el tiempo el rodaje de El verdugo, obra maestra berlanguiana, con la detención, consejo de guerra y  ejecución del dirigente comunista Julián Grimau.


También desempeña un papel destacado la propia capital de España, por cuyas calles transita nuestro protagonista en esas fechas de abril de 1963. Su deambular casi galdosiano lo lleva por lugares como la Cuesta de Moyano, la estación de Atocha, el gimnasio Moscardó o el Círculo de Bellas Artes, o por locales como El Brillante, La Mallorquina, el Café Gijón, el Café Comercial o la cafetería California, muchos de los cuales sobreviven hoy pese al tiempo transcurrido y los vaivenes inmobiliarios.


Pero no es en las escenas callejeras donde Rodaje adquiere su mayor tensión narrativa. Es en los interiores donde Gutiérrez Aragón se recrea con maestría y alcanza momentos sublimes. Como cuando describe el sórdido mundo del cine Carretas, en la calle del mismo nombre, un lugar al que nadie acudía a ver las películas, sino a llevar consigo sus propias fantasías y, si era posible, verlas satisfechas gracias a la intervención de alguno de los muchos personajes que pululaban en la oscuridad de la sala de butacas o el paraíso: felatrices, masturbadores…


No tiene desperdicio la conversación de Pelayo Pelayo con Berlanga en el baño de mujeres de los Estudios CEA, que concluye con la siguiente pregunta del realizador levantino: “¿Tú crees que el pis de mujer huele igual que el pis de hombre?”. Como tampoco las horas que el guionista pasa en una casa de citas propiedad de un expolicía, mientras pone el broche final a un texto al que no conseguía hacer avanzar de la página 43.


El libro rezuma cinematografía por todas sus páginas, y no sería extraño que alguien que no fuera su autor se atreviera a llevarlo al fotograma. Tendría mucho trabajo adelantado.

Foto: Alicia Gómez-Navarro


‘Rodaje. (Anagrama, febrero de 2021). 218 páginas. 17,90 euros.

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