Mucha vida que contar

            

#MuchaVidaQueContar

Los minidocumentales de la Fundación AISGE

 

Emilio Linder, el eterno disfrutador de las sorpresas que nos da la vida

 

El hispanoargentino se había consagrado en la música y el rugby en su país, pero tomó un barco para ver a los Rolling Stones en Italia… y ya no volvió. Un periplo de película: de Fernando Colomo y Peter O’Toole a las pelis eróticas de ‘serie S’, una gira por medio mundo con Lindsay Kemp o sus pinitos como exitoso presentador televisivo

 





            

 

ASIA MARTÍN / Vídeo

FERNANDO NEIRA (@fneirad) / Entrevista

Al principio fue la música. Desde muy pequeñito, cuando con apenas seis años le compraron la primera flauta de pico. El papá era “melómano compulsivo” y la música, sobre todo la de Beethoven, nunca dejaba de sonar en el salón. Pero el gusanillo de la interpretación siempre estuvo presente en el estómago de Emilio Linder. Y cuando la fortuna parecía sonreírle en su Argentina natal, aquel muchacho talentoso que cantaba y tocaba con éxito, tenía una novia linda y un pie dentro de la selección nacional de rugby, pegó un volantazo al rumbo de su vida y puso rumbo a la vieja Europa.

 

Pero por un motivo justificado, sin duda. La culpa la tuvieron los mismísimos Rolling Stones.

 

Corría el año 1973 cuando a Linder y un amigo les regalaron un par de boletos para ver a Jagger, Richards y demás satánica comitiva en Génova. No se lo pensaron: sacaron los billetes de barco y dejaron atrás el Río de la Plata. “El mundo estaba en Europa, la tierra del mayo de 1968, los hippies, los Beatles y los Stones”, reflexiona el polifacético intérprete hispanoargentino en esta nueva entrega de #MuchaVidaQueContar, la colección de minidocumentales con los que la Fundación AISGE honra el trabajo y las vivencias de nuestros socios y socias más longevos.

 

En esta séptima entrega de nuestra serie de documentales, Linder retrata el ambiente del Madrid tardofranquista en pleno Primero de Mayo. “Nos vimos rodeados de gente que gritaba ‘Franco, hijo de…’, pero la situación era muy acogedora. Al día siguiente nos fuimos a vivir a Ibiza, que no era España sino un paraíso”. Por entonces Emilio aún seguía ligado al circuito musical (“con lo que más dinero ganabas, ¡y con lo que más ligabas!, era con la canción protesta”), pero pronto llegarían sus primeras incursiones en pantalla y escenario: El juglar y la reina, su primer personaje, o La mano negra, “un peliculón en el que Fernando Colomo demostraba que ya era un genio”.

 

 

Las peripecias que Linder desvela en el minidocumental no tienen desperdicio. No escatima detalles ni sonrisas cuando recuerda su etapa como actor de películas de temática erótica, las que entonces se conocían como “cine S”. “La mejor del género”, explica, “era Sumisión, un peliculón sobre un millonario sádico que tenía a todas sus sirvientas sometidas. Solo que el distribuidor insistió en que había que cambiarla de título, y se optó por… Mi conejo es el mejor. Con eso creo que lo digo todo…”.

 

Mejor aún es cómo se produce su gran giro de guion vital, el golpe (nunca mejor dicho) de fortuna que el destino le tenía reservado mientras representaba en el desaparecido Teatro Arniches de Madrid una obra también del destape junto a Marisa Medina, El satán azul. “A veces, al salir del teatro por la parte trasera, le pegabas sin querer un portazo a alguien que iba andando por la acera. Una noche escuché ‘Shit!’, y el hombre al que había golpeado resultó ser… ¡Rudolf Nureyev!, que salía de ensayar en la Zarzuela. “Tras mis disculpas, me presentó a Lindsay Kemp, que me invitó a sus clases. Al mes me dijo que yo encajaba con su perfil y estuve un año girando con la compañía...”. Él fue también quien le transmitió una de las enseñanzas más impactantes que ha recibido en este casi medio siglo de oficio: “Mientras te dediques a esto no tienes vida profesional y personal. Tienes solo vida”.

 

Habla también Emilio Linder sobre sus experiencias como compañero de reparto de Donald Sutherland o Peter O’Toole. Con este último, he aquí otro episodio inimaginable. “Un día, rodando Wings of fame, se acercó y me dijo: ‘Me parece que lo he hecho fatal. ¿Le decimos al director si podemos rodar la escena otra vez?’. ¡Peter O’Toole diciéndole algo así a un chaval inexperto de treinta y tantos”.

 

Llegarían westerns y spaguetti westerns, aquellos rodajes en Almería que Emilio disfrutaba como un chiquillo porque le recordaban a su infancia austral (“Jugar a los vaqueros era lo más importante de niño en Argentina”). Y otra era para él gloriosa, la de presentador de espacios televisivos como De película, La cesta de la compra y Olé tus vídeos, este último en un mano a mano con Rosa María Sardà. “Para ser un buen presentador tienes que ser un buen actor. Hay que creer lo que estás diciendo”, exclama antes de rememorar sus reiterados viajes a Estados Unidos con De película. “Había medios. Business class, dieta de 22.000 pesetas al día… Nos dijo Woody Allen que la nuestra era la mejor entrevista que le habían hecho en su vida”.

 

La película de la trayectoria profesional de Emilio Linder acaba de conocer una nueva secuencia con la grabación junto a Paco León de Besos al aire, una miniserie sobre la covid para Disney +. Linder nos confiesa: “Ganarte la vida con lo que te gusta es un privilegio, la mejor decisión que puedes tomar en tu vida. Aunque tenga momentos difíciles, estoy muy satisfecho. De hecho…, ¡me gustaría vivir 71 años más!”.

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