Entrevistas

09-06-2020

Archivo AISGE (2017)


Nely Reguera

 

“Me cansa que lo femenino se utilice como una etiqueta”

 

La directora de la sorprendente ‘María (y los demás)’ se propone rodar su segunda película. Entretanto se expresa en alguna serie y en las aulas. Donde la dejan


JAVIER OLIVARES

FOTO: PAU FABREGAT

Si la sonrisa consiguiese nominaciones, la barcelonesa Nely Reguera coparía muchas quinielas. Mientras da forma a su nuevo proyecto de largometraje, aún en la libreta, disemina su talento entre la docencia y la tele. Ha pasado un otoño frenético con la grabación de Benvinguts a la família, una serie para TV3 que ha contado con varios realizadores. “Es un ritmo muy diferente al del cine, vertiginoso, ruedas muchas páginas diariamente”, explica esta cineasta de 39 años. “Es nuevo para mí dirigir lo que escriben otros. No deja de ser un producto de encargo”. Pero para el gran público sigue siendo la directora de María (y los demás), con Bárbara Lennie en la piel de una novelista que se desvela por su padre viudo… hasta que él se echa novia. 

 

– Ha pasado un año y se sigue hablando de la cinta.

 Continúa yendo a sitios. Acaba de viajar con el Instituto Cervantes a Palermo y Tetuán. Me satisface que vayan también los coguionistas: Valentina Viso y Edu Sola. Y hemos inaugurado el Cinespaña de Toulouse. Cualquiera quiere que su peli se vea.


– ¿Y en el cine se vio?

– Me habría gustado que hubiera ido más gente. Pero así estamos.


– ¿Qué tal se escribe un guion entre tantos?

– Lo hicimos sobre todo entre Valentina, Edu y yo. Somos cinco porque fue un proceso que se alargó mucho. Roger Sogues y Diego Ameixeiras también colaboraron, pero el tono, la esencia, vino marcada por nosotros.


– Ha obtenido muchos premios…

– Algunos. Un Premio Feroz a Bárbara Lennie, que me hizo mucha ilusión. Ganamos el galardón a la mejor película iberoamericana en el Miami Film Festival, otro en Toledo y cinco Mestre Mateo en Galicia.



– ¿Qué parte de culpa tiene Bárbara Lennie en el éxito de María (y los demás)?

– Tiene mucha responsabilidad. Bárbara cuenta con un talento impresionante, tiene mucha verdad. Y es muy magnética. Entendió el personaje y estoy encantada con cómo lo interpretó. Supo dotarle de la ternura necesaria. 


– ¿Dudó al elegir a la protagonista?

– Yo sí, pero la productora no. Aunque sabía que Bárbara tenía una fuerza indudable, me costaba un poco verla como María: nunca la había visto en registro cómico. Hicimos dos castings y, sobre todo, hablamos. Terminó por convencerme. Fue muy bonito verla transformarse en el personaje.


– Han transcurrido seis años y pico desde que empezó a trabajar en la idea. ¿Se parece el resultado?

– Estoy muy contenta. Se parece mucho a la peli que yo tenía en la cabeza cuando fui a rodar. De la idea inicial quedaron cosas, claro, pero también hubo muchos cambios. Cinco años son muchos: surgen cosas con el tiempo, tú cambias, cambias el guion. En este país cuesta tanto levantar una peli…


– ¿Tiene muchas cosas a la espera de apoyo?

– Con Edu Sola y Valentina Viso estoy escribiendo el guion de la siguiente. Esperemos que esta nos sea más fácil levantarla. 


– Mar Coll, una de sus referentes, también está haciendo series. ¿No es fácil expresarse en largo?

– Expresarse en largo es maravilloso, lo que es difícil es levantarlo. Sin embargo, el caso de Mar es diferente, ella está haciendo una miniserie [Matar al padre] porque era el formato adecuado para la historia que querían contar. En mi caso, me ofrecieron trabajar en una serie [Heavies tendres] como realizadora. Es un encargo, no un proyecto propio. Estoy aprendiendo mucho, me lo estoy pasando bien, pero al principio me costó acostumbrarme al ritmo de rodaje.


– ¿Da dinero la tele?

– El suficiente para sentarse luego un tiempo a escribir.



Nely Reguera estudió dirección en la prestigiosa Escola Superior de Cinema i Audiovisuals de Catalunya (ESCAC). Sus padres, profesor él y médico ella, asumieron con naturalidad la decisión, aunque fuera una carrera 'rara'. “Si lo tienes claro, adelante, pero esfuérzate’, me dijeron. Económicamente también era asumible para una familia de clase media; en la actualidad es más caro”, comenta. A sus padres les gustaba el cine, pero tampoco tenían especial afición. Decidió matricularse en la ESCAC en el último minuto. Antes dudaba entre Periodismo, Comunicación Audiovisual o Filología Hispánica. Para el proyecto final de carrera hizo el corto AusenciasY al ser hija de gallego, se expresó sobre la tragedia medioambiental del Prestige con el documental Muxía, a ferida.


– ¿Por qué sale tanta gente buena de la Escac?

– Justo me lo comentaba un amigo ayer. Está saliendo gente muy buena de la ESCAC y también de otras escuelas. Se han dado cuenta de que deben implicarse más en la salida al terreno profesional, ayudar a los alumnos a realizar sus primeros proyectos. España es un país en el que todavía se confía poco en el joven que empieza. La ESCAC fomenta mucho la práctica, que ruedes, que te equivoques, que rueda de nuevo. Y eso es muy bueno. Hay buen profesorado y un nivel de exigencia alto. A veces los alumnos se frustran pronto ante el error. Me parece importante que en la escuela te ayuden a aprender a gestionar la frustración, pues va a ser una constante en mayor o menor medida. 


– ¿Qué relación tiene con los compañeros de su promoción?

– Muy buena. Es una de las cosas más bonitas que tiene la escuela, que incide en fomentar el cine como trabajo en equipo. Yo sigo siendo amiga y trabajando con gente con la que estudié. El director de fotografía [Aitor Echeverría], la script [Belén Funes] o la montadora [Arina Calleja] son amigos míos. Y entre todos participamos en nuestros trabajos. Yo fui script de Belén Funes, ayudante de Mar Coll. Estoy encantada con el equipo que tuve.


– ¿Hay público y dinero para tanta película, para tanto proyecto de jóvenes?

– Creo que público hay. Y tenemos que asumir que el cine no se ve solo en cine. Existen muchos soportes. Y aunque me gusta más ir a la sala, existen opciones como Filmin, que está muy bien. Existe una oferta mayor que las salas de cine y hay que aprender a utilizarla


– ¿Qué falla, entonces?

– Varias cosas. Una de ellas es el escaso interés del Gobierno en que se produzca cine de calidad. No les interesa, pueden decir misa. Mientras estén estos, poco podemos hacer. En los debates políticos de las últimas elecciones [las de junio de 2016] ningún candidato apenas le dedicaba unos minutos a la cultura. Y lo que no puede ser es que haya solo un tipo de cine, eso empobrece la cultura y nos empobrece como sociedad.


– ¿Las propuestas tienden a uniformarse?

– En general sí. Parece que solo pueden hacerse comedias del mismo tipo. Y si se opta por hacer una comedia más inteligente, se recibe y se fomenta regular. Con lo que ha sido este país, ¡el país de Berlanga!



– ¿Qué tal fueron sus cortos?
– Pablo fue bien, sobre todo en España. También fuimos a algunos festivales internacionales.


– Al pensar, ¿lo hace en corto o en largo?

– Siempre en largo. Hay cosas que no caben en un corto. Por ejemplo, Pablo habría sido otra cosa. No puedes desarrollarlo de la misma manera. María (y los demás) necesita otro desarrollo, por supuesto.


– ¿Tiene más pendientes?

– Tengo ideas, pero a veces se quedan en lo anecdótico, me da pena. Otras veces pueden convertirse en una serie, y hasta que eso suceda duermen en el ordenador. Para una de ellas tenía incluso tres amigos actores dispuestos. Lo mismo acabo por hacerlo.


– ¿Le han surgido muchas propuestas a raíz de la peli?

– Han salido cosas. Este trabajo en la serie [Heavies tendres] no me habría salido de no ser por la película. 


– ¿Y parabienes?

– Le gustó a David Trueba, porque le conozco, y a su sobrino Jonás [también realizador]. Jota [Bayona] me felicitó. Y Penélope Cruz, por cierto.


– Sonó fuerte para el Goya a la dirección novel, que finalmente ganó Raúl Arévalo. ¿Pergeñó el discurso?

– Claro. En los agradecimientos habrían salido mis padres. De hecho, aparecen en la peli como público de la librería en primera fila, cuando María/Bárbara presenta el libro. Y mi hermana, y mi tía. Y Mar [Coll], y Neus… varios amigos. Necesitábamos extras y no teníamos dinero [risas].


– ¿Hace usted un cine femenino o feminista?

– Esa pregunta no acabo de entenderla…  El feminismo es algo necesario, no una etiqueta. Supongo que hago un cine femenino. Hablo sobre aquello que me apetece, que tiene que ver conmigo. Soy mujer, pero también soy de Barcelona, de una clase social... y he tenido unas vivencias. Mi mirada viene marcada por todo eso. Me cansa que lo femenino se utilice como una etiqueta. No va de eso. 


– Pero estamos en una sociedad marcada por hombres y mujeres.

– Sí, pero tengo la sensación de que el discurso se simplifica mucho últimamente. Si eres mujer, parece que debas escribir historias de mujeres que interesarán a las mujeres. No se trata de eso, sino de que las mujeres podamos escribir, dirigir, hacer lo que queramos, al igual que hacen los hombres. Y claro que nuestro cine va a interesar tanto a unos como a otros. ¿A los hombres se les pregunta si su mirada es masculina? Lo dudo mucho. Mar Coll está haciendo una serie con un hombre como protagonista y no por eso deja de tener mirada femenina, ¿no? 


– ¿Todos deberíamos ser feministas?

– Todo nos iría mejor. El feminismo pasa por la igualdad, no por ser más que nada. Igualdad de oportunidades y ante la ley… no tenemos las mismas y debemos tenerlas.



– ¿Qué le gustaría hacer este 2018, en el que va a cumplir los 40?

– Que se resuelva la situación que vivimos en Cataluña, me encantaría que la serie funcionase. Y estar trabajando en la siguiente película con protagonista femenina [risas].


– ¿En qué idioma la rodará?

– Seguramente en castellano y catalán. Todavía no sé quién conformará el reparto.


– ¿Será otro retrato generacional?

– No creo, en este caso la protagonista tiene 65 años, es mucho mayor que yo.  María… no ha sido autobiográfica, aunque tenga que ver conmigo: yo tengo madre y mi padre no está enfermo. Hay muchas cosas con las que conecto, por supuesto. En la búsqueda de la verosimilitud es bueno tener referentes cercanos, reales. Es una pauta lógica. Pasa en el día a día. 


– ¿De quién aprende?

– De muchos. El otro día me fui a ver a Una mujer fantástica, de Sebastián Leilo. Y tengo ganas de ver la última de Jon Garaño y Aitor Arregi, Handia, que ganó un premio en el Festival de San Sebastián. Y la serie de Mar Coll. Y Las distancias, la película de Elena Trapé. Veo todo tipo de cine. Me gustan Jonás Trueba, Mar Coll. De los consagrados, me parece interesantísimo lo que hace Carlos Saura. Como Iciar Bollain, Pedro Almodóvar, Cesc Gay. 


– ¿Lo último que recomienda?

– Tony Erdmann, de Maren Ade. Cuenta muy bien la historia, la relación entre padre e hija. Narrativa, puesta en escena... todo. Me parece muy completa, muy especial. 


– ¿Con quién le gustaría trabajar?

– Con Isabelle Hupert, Eduard Fernández, Javier CámaraAl crear historias no pienso mucho en actores, pienso más en la historia, y ya le pondremos cara. Admiraba mucho a Philip Seymour Hoffmann, por ejemplo.


Niños locos por el cine

Nely Reguera no solo da clase en la ESCAC a estudiantes que algún día se dedicarán al séptimo arte. También imparte talleres a niños de 11 años en Cine en Curso, un proyecto muy reconfortante para ella. “Al terminar el curso los chicos crean un corto desde el guion. Deciden los planos, realizamos, montamos. Todo entre todos. Uno es el cámara, otro hace de sonidista…”, detalla. En clase ven películas de Aki Kaurismäki, François Truffaut, Hirokazu Koreeda, de algunos autores españoles. La intención es introducir a los pequeños en el cine de una forma no tan narrativa. Ese precioso material está en la web, y al final de año los alumnos lo explican en la Filmoteca. “Toman fotos de su barrio para apreciar la diferencia de luz que existe entre los días con sol y los días en que llueve. Se les insta a hacer travelling en los viajes con sus padres…”. La mayoría de los chicos se conectan, y eso les sube la autoestima, comenta la directora. Sobre si los chavales conocen su película, ella responde: “A los de 11 les suena. Y me cuentan que los compañeros de la clase de 15 o 16 años sí hablan de ella”.

Contenidos Relacionados

www.aisge.es :: 2020