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13-07-2021


Foto de familia. De izquierda a derecha: Sergi Mateu, Joan Faneca, Maribel Altés, Carles Arquimbau, Lita Claver, Teresa Urroz, Toni Sevilla y Araceli Bruch 


Los recuerdos entrañables de una irrepetible generación de cómicos de Barcelona


Lita Claver ‘La Maña’, Carles Arquimbau, Teresa Urroz, Toni Sevilla, Joan Faneca y Maribel Altés presentan en el teatro Romea sus autobiografías para la sexta edición barcelonesa del Taller de la Memoria


JAVIER BLÁNQUEZ

FOTOS: INMA MARTÍN CASTILLO

Hace más de un año que tenían que haberse presentado los nuevos volúmenes que pasan a engrosar ahora el valioso Taller de la Memoria, nuevas crónicas de vida que documentan en primera persona el trabajo, las impresiones y los recuerdos de seis figuras principales de la escena en Cataluña. La fecha prevista, como recordó Sergi Mateu, vicepresidente y delegado de AISGE en Barcelona, era el 20 de abril de 2020, pero sucedió lo que ya conocemos. Mateu se refirió a la pandemia en términos teatrales y trágicos: aludió al maldito virus como el Rey de la Corona, algo así como un nefasto villano shakesperiano, y lamentó su efecto terrible en el mundo de la cultura. “Somos los que más hemos salido perjudicados”, remarcó. “Nos ha borrado la sonrisa, nos ha callado, nos ha provocado incertezas de futuro, y a muchos se los ha llevado sin compasión y sin la dignidad de poder despedirse de sus seres queridos”.

 

   Por eso, el acto del 12 de julio en el teatro Romea era mucho más que una presentación colectiva de libros: era una reunión familiar en la que las gentes del teatro en Barcelona se reencontraban tras tiempo sin verse, y con el miedo acumulado de quizá no volverse a ver. El Romea, que ahora mismo tiene un aforo permitido ligeramente superior a 400 personas, apareció bajo los focos todo lo lleno que se podía. No solo había ganas de honrar a esos compañeros devenidos en escritores, sino de volver a sentirse una familia. Ganas de que regresara, en definitiva, esa sonrisa que se borró.



Sergi Mateu, vicepresidente y delegado de AISGE en Barcelona


   “Un año y medio después de la pesadilla estamos aquí para compartir este momento. Y aunque haya la amenaza de nuevas variantes de cepas con letras griegas, la venceremos, porque nuestra fuerza para defender la profesión es una de las mejores vacunas”, aseguró Mateu, que también hablaba en nombre de Emilio Gutiérrez Caba, presidente de AISGE, y de Fernando Marín, vicepresidente y delegado en Madrid, presentes entre el público. Mateu destacó el compromiso de la entidad “durante este annus y picus horribilis” de pandemia. “La función de AISGE es asistencial”, recordó. “Se vuelca para que ningún socio sufra precariedad económica. La pandemia nos ha puesto a prueba y lo hemos solucionado. Los socios podemos estar orgullosos”.

 

   Antes de Sergi Mateu tomó la palabra Fèlix Riera, director de la Fundació Romea, que cedía amablemente las instalaciones del teatro para la presentación de las autobiografías. Riera planteó el encuentro también como un homenaje a la profesión y citó el trabajo del filósofo y dramaturgo francés Alain Badiou en su ensayo Elogio del teatro: “El teatro es un arte colectivo, una experiencia que no se puede entender sin la colaboración de todos, que va del escenario al público y del público al teatro. Una vibración viva que sentimos con nuestros invitados de hoy”.



La actriz Araceli Bruch ejerció de maestra de ceremonias durante la presentación de esta sexta entrega del Taller de la Memoria gestada en Barcelona


   Esos invitados, los protagonistas, son seis cómicos de larga carrera, voces queridas que han volcado sus recuerdos en libros de diferentes extensiones y tonos, pero igualmente valiosos en su función de recordar cómo fue el arte de hacer reír en el siglo XX. Los fue presentando la también actriz Araceli Bruch, quien recordó cómo se gestó la participación de Toni Sevilla, Teresa Urroz, Carles Arquimbau, Joan Faneca, Maribel Altés y Lita Claver, ‘La Maña’ en el Taller de la Memoria. “Alguno mostró reticencias por pudor, por pereza o por creer que su historia no era importante. Pero se dieron cuenta de que su contribución era muy necesaria”. Una vez por semana quedaban para compartir recuerdos. Y así avanzaban en sus historias.



Toni Sevilla abrió las presentaciones de los nuevos volúmenes del Taller de la Memoria con su Variacions de la vida d'un actor


   Toni Sevilla ha escrito Variacions de la vida d’un actor [Variaciones de la vida de un actor]. “Tengo mucho respeto por la gente que escribe, pinta o hace música. Pero me fui animando y ha quedado un libro cortito, una especie de pasada por encima de las cosas a vista de pájaro, o a vista de dron, y como me he dejado mucho material, quizá me anime a escribir otro”. Sevilla recordó lo duro de dedicarse al teatro en Barcelona durante el final de la dictadura. “Casi todo el trabajo estaba en Madrid, así que era muy difícil. Sobre todo para la familia, que no comprendía. Le comenté a mi madre mi intención de dedicarme a la danza, me miró y me dijo: ‘Bailarás’. Me metió en un esbart [agrupación de danza tradicional]… y lo dejé pronto”. Al concluir la intervención definió su volumen como una aventura, un recorrido fugaz y veloz por episodios intensos de una vida.



   Teresa Urroz apenas habló de su criatura literaria, Trencant la quarta paret [Rompiendo la cuarta pared], pues encima el escenario ofreció un número de comedia. “Me lo planteé como un viaje”, dijo sobre su intervención en el Taller de la Memoria, antes de meterse en la piel de uno de sus personajes, la cantante de ópera Margarida Penyaforta. “De ese viaje volví entera y con ganas de salir otra vez, porque me he dejado cosas en el tintero”. Urroz continuó con su espectáculo poniéndose en la piel de la señora Dorita -una empresaria repelente- y de la cubana Mariquita. Así volvió a sentirse actriz e hizo reír al público desde un escenario.



Carles Arquimbau, representando un fragmento de la obra 'Montag 451'


   La de Carles Arquimbau fue una intervención más sobria, pues él es otro tipo de actor, también de comedia, pero a la vez con experiencia en papeles trágicos. Y de eso tratan las páginas de Faig d’actor [Hago de actor]. “A los 15 años quería ser actor, no escritor. Pensaba que la escritura era difícil, hasta que descubrí que era posible. En el libro trazo una biografía de la Barcelona de mi tiempo, lo cual lo hace ameno, ya que se habla de teatro, pero también de otras cosas, de la situación política del momento… Hablo de cosas más íntimas”. Hecha la broma, procedió con un breve monólogo de la obra Montag 451, una especie de continuación de la historia de Fahrenheit 451 escrita por la compañía La Niña Bonita. El protagonista de Montag 451, la obra que Arquimbau representaba en Barcelona hasta la irrupción de la pandemia, es el bombero de la novela Fahrenheit 451 a los 80 años, en un pabellón psiquiátrico.



Joan Faneca conmovió con un número de mímica en el que interactuó con su autobiografía 


   El mimo Joan Faneca es uno de los fundadores de la mítica compañía Vol Ras. “Llevo mucho tiempo haciendo gestos, muecas y posturitas [de ahí el título de su libro, Gestos, ganyotes i posturetes], así que será mejor que hoy no hable”. Y cuando iba a marcharse, el ejemplar que llevaba en la mano se quedó encallado en el aire. No había manera de moverlo, lo que le permitió a Faneca a ofrecer una ocurrencia mímica de desenlace enternecedor. Tras dirigirle unas palabras al oído, se entendió el por qué del estatismo del libro: “No quiere dejar los escenarios”.



Maribel Altés regresaba al escenario que tanto marcó su vida


   Maribel Altés no hizo ningún número, simplemente comentó algunos detalles de Memòries d’una còmica [Memorias de una cómica] y de su relación con el Romea. Dicho vínculo ha sido intenso, pues su marido, Adrià Gual, fallecido en julio de 1986, protagonizó a principios de los ochenta un enfrentamiento con la Generalitat de Catalunya para garantizar la continuidad del teatro, amenazado por la gestión política de entonces. “Él nos dijo, a mí y a nuestros hijos: ‘Yo al Romea no volveré si no es bajo palio. Pero vosotros no dejéis de ir’. De no ser por él, esto ahora sería una sala de fiestas”, explicó Altés. También anunció que pisaba el escenario del Romea por última vez, y confesó finalmente que la escritura de su libro fue para ella tan terapéutica como dañina. “Escribía una hora al día, y cuando el corazón me decía que no podía más, paraba. Me ha ido bien el recuerdo de mis seres queridos, pero también me ha dolido, lo he pasado mal”.



'La Maña' cerró el acto a base de carcajadas y reivindicación 


   La velada, sin embargo, iba a terminar con alegría, porque la última en presentar su volumen fue la vedete Lita Claver, ‘La Maña’, la reina del Paralelo, que ha volcado sus vivencias en Història d’una star [Historia de una star]. Apareció, cómo no, con un vestido de lentejuelas, cantando A quién le importa, de Alaska y Dinarama. Y recurrió a su repertorio clásico de conexión con el público: “¿Os creíais que veríais a una Maña chocha, renqueando y meándose la pata abajo? ¿Pero de qué vais? Yo paseo por la calle y salen chispas del suelo. Tengo 76 años y no llevo ni medias. ¡Mirad qué arte!”. Bromeó con que prepara nuevo espectáculo junto a María Teresa Campos, Mercedes Milá e Isabel Preysler, con Mario Vargas Llosa de guionista y José Luis Moreno de empresario (“qué chorradas hay que decir para comer…”).


   La artista se quitó la máscara de ‘La Maña’ para que emergiera la Lita Claver real. “Dicen que el music hall no le interesa a nadie”, lamentó, “pero son los altos cargos los que lo dicen. Es la Administración, que ayuda a quien no debe y debe a quien no ayuda”. Y tiró de su experiencia para reivindicar el oficio: “Este trabajo no es cultura, pero por mi espectáculo se interesaron incluso Salvador Dalí, Federico Fellini o Manuel Vázquez Montalbán. Venían en busca de una sonrisa y un poco de ternura. Me gusta mi trabajo porque cuando estoy en él noto el calor del público y puedo ver a través de sus ojos y llegar hasta el fondo de su alma. Vivimos un tiempo en el que solo le damos valor al maldito dinero, y lo que realmente merece la pena al final de la vida es haber sido buena gente. Si con mi trabajo os he arrancado una risa, puedo darme por satisfecha”. Y el coliseo se vino abajo.

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