Entrevistas

23-03-2022

La silla del director



Vicente Villanueva

“Mis comedias son serias, sutiles. Siempre voy por el camino de en medio”


El director de ‘Toc Toc’ y ‘Sevillanas de Brooklyn’ comienza un año frenético. Actor de vocación y de formación, combina con soltura las series y los largometrajes. En la comedia está en su salsa, y tira de ella incluso para hablar en serio. Como ahora



JAVIER OLIVARES

FOTOGRAFÍAS: ENRIQUE CIDONCHA

El mundo del cine ha cambiado tanto que la imagen del realizador infiltrado entre las butacas de la sesión de las 20.00 para comprobar las reacciones del público ya es una especie de recuerdo en sepia. Al valenciano Vicente Villanueva no le dio tiempo a sentarse ‘de oyente’ para palpar la acogida de Sevillanas de Brooklyn porque apenas estuvo una semana en cartel. Pero gracias al respaldo de Movistar+ y TVE, “la gente la ha ido descubriendo”, asegura. Como “un verdadero placer” recuerda el rodaje: “Todo como la seda. Recién salidos del confinamiento, allí estábamos, en Sevilla, con el calor de las localizaciones y el climatológico. Realmente la preparamos en cuatro semanas, pues había mucho avanzado”. Este 2022 se barrunta intenso: va a hacer la segunda temporada de Supernormal, en primavera estará listo el largo El juego de las llaves y en el segundo semestre del año quiere hacer otro. A sus 51 años, Villanueva está en un momento muy dulce.


– ¿Cada estreno es hoy una peripecia?

– Bueno, Sevillanas… ha funcionado como todas las películas. Querían estrenarla en agosto, pero se retrasó, algo habitual en los últimos años. El problema es que la gente no siempre se entera de que las cosas existen. Y la culpa no es de la pandemia. Lees cualquier texto de años atrás, y siempre hubo “tiempos difíciles”. En el fondo, nada ha cambiado. Me quedo con que la película fue bien recibida por la gente, y espero que se prolongue en las plataformas.



– Los protagonistas, Carolina Yuste y Sergio Momo, ¿llegaron directos al proyecto?

– Espera que me acuerde… [piensa unos segundos]. Carolina surgió a propuesta del productor, y enseguida lo tuvimos claro. Por su carisma, porque es buena actriz y porque le gustó mucho la propuesta. En cambio, Sergio apareció y fue un descubrimiento. Hizo la prueba en inglés y hablaba ‘de p. m.’, con acento americano, muy creíble. Me encantó la pareja que hacen ambos. Él es muy buen actor y, aunque puede pasar desapercibido, borda un trabajo triplemente difícil: simula un acento inglés y parece un actor americano.


– Vienen por rutas distintas: ella ganó un Goya por Carmen y Lola y él procede del universo de series como Élite o Bienvenidos a Edén.

– Independientemente eran perfectos, así que hicimos una prueba conjunta, y la química entre ambos también funcionó.


– ¿Qué opina del resto del reparto?

Lo que hace Estefanía de los Santos es sobrenatural. Es una Anna Magnani actualizada, algo entre Lola flores y una mamma italiana. Como persona, es extraordinaria, y como actriz, el doble. El papel de Carmen era el mejor escrito del guion. Y lo que ella hace es virtuosismo. Se luce en las escenas de drama y de comedia, y en ninguno de esos registros yendo a favor, siempre quedándose en el término medio. Ni de cómica se pasa.


– ¿Hay que domarla en algún momento?

– No. Les dije a los actores que era una comedia desde el guion, que la gracia estaba implícita, quería que huyéramos del toniquete televisivo. Siempre lo he trabajado con los actores: deben saber diferenciar lo que hacen, lo que dicen y lo que sienten. No me gusta que los intérpretes intencionen sobre lo escrito. Hay que trabajar a la contra, como lo ha hecho Fani en su papel. Por eso es tan rico y tan bonito. No nos suena a algo que ya vimos, sino a verdad. Su papel de pilla adorable le iba como un guante.


– Ya que ha mencionado la tele, se diría que usted tiene su cantera en ella. Miren Ibarguren viene en la siguiente película, El juego de las llaves.

– Y lo borda. Pero que provengan de la tele no es una decisión mía. Forma parte de las decisiones de la puesta en marcha de los proyectos. Es buena esa popularidad, pero yo solo pido que sean los mejores actores, y sí lo son. La tele da un oficio que, si te dedicas solo al cine, es fantástico. En [la serie] Señoras del (h)AMPA hice ocho capítulos con Marta Belenguer, Toni Acosta, Malena Alterio… Una experiencia increíble y, para mí, un máster de dirección pagado. Era una oportunidad de grabar cosas que no puedes grabar en otras circunstancias. El tono era divertido y surreal. Un placer. Y eso te da oficio para ponerte las pilas, resolver rápido y quitarte importancia, como suelo decir yo.



– Le gusta a usted la comedia. ¿Tanto como para condicionarle?

– No. Estoy a gusto en ella, pero mis comedias son serias [risas]. Yo siempre voy por el camino de en medio, son muy sutiles. La de Móstoles [así se refiere siempre así a su película Nacida para ganar], está rodada y dirigida como un drama muy divertido.


– Y Toc Toc, en el fondo, es una pesadilla humana.

– Claro. Pero todo forma parte de mi manera de ser. Se pueden contar cosas importantes desde el sentido del humor. Si la historia se da importancia a sí misma, estamos ante algo antiguo: “Mira qué importante soy”. Se celebra, pero no es bueno que se note que te estoy contando cosas importantes. Las grandes comedias de la historia del cine necesitan tiempo para ser valoradas. Es una forma de ver las cosas.


– En su nómina de repartos hay más mujeres que hombres.

– Las mujeres encierran o aportan historias más interesantes como personajes de drama. También me sucedió en los relatos cortos [Villanueva rodó ocho]. No era algo intencionado. Estoy convencido de que en ellas está el drama, la comedia y el alma humana. Los hombres son menos interesantes. Esto solo lo puedo decir a posteriori, pero es cierto. Nacida para ganar es una película de mujeres. Y Lo contrario al amor. Y Toc Toc… Bueno, Toc Toc es más coral. El juego de las llaves es femenina, y Sevillanas de Brooklyn presenta un matriarcado: madre e hija.


– ¿Qué puede contar de El juego de las llaves?

– El rodaje ha estado genial. Es la adaptación de una serie mexicana. Se trata de concentrar en una hora y media una serie de ocho capítulos. Estoy contento. En este momento trabajamos en la posproducción. El resultado es muy elegante.


– Todo el mundo habla bien de Tamar Novas, con quien trabaja en El juego de las llaves.

– Es increíble. Entró en esta peli de carambola, a última hora. Es muy buena gente. Miren [Ibarguren] y él eran los consentidos [sonríe], opinaban de todo. Tenían una química extraordinaria. Ha sido una sorpresa y un descubrimiento para mí. Con Luis Callejo, el otro protagonista, ya había trabajado en mi debut [Lo contrario al amor].



– ¿Su formación como actor le ayuda en la relación con el gremio?

Me entiendo bien con ellos. En un rodaje hay prisas, tensión, mucha psicología. Dirigir es tan fácil y tan difícil que, o manejas eso… o muy mal lo llevas. Es un circo de siete pistas que me encanta. En las relaciones con actores es una maravilla cuando notas que confían en ti, que te entienden, que están preocupados, que están a gusto, que lo intentan y lo clavan.


– ¿Diría que suele lograrlo?

– A ver… Entre las actrices, de las más importantes para mí es Alexandra Jiménez, con la que llevo ya dos películas, y con ella puedes intentar lo que quieras, puedes pedirle lo que sea. Todo lo hace bien, jamás se enfrasca en el “no sé por qué hago esto”: directamente lo hace. Y otra que me encanta es Toni Acosta. O María Castro, que me ha flipado en El juego de las llaves.


– ¿Qué recuerdo guarda del rodaje con Victoria Abril en Nacida para ganar?

– Maravilloso. Para mí, su presencia en la peli era y es un regalazo. Verla tan entregada a lo que le pedía, que era básicamente hacer de ella misma, que consultara conmigo si me gustaba tal o cual toma… Atendía a todas mis pautas con mucho interés y complicidad. El día que vi a Victoria al otro lado del combo me dije: “No me lo puedo creer”. Miraba una y otra vez al monitor. Me había costado cinco años sacar adelante aquella segunda película. El guion fue cambiando: al principio el personaje era una americana, que luego no pudo ser, pero se precisaba dicho carisma.


– Y se fue a por ella.

– Literalmente. Me desplacé a París y le pregunté: “¿Qué te parece si cambio el papel y, en lugar del regreso de una americana, sea la propia Victoria Abril la que vuelve reinventada a España?”. Y como en Estados Unidos eso de las estafas piramidales acaba enganchando a actores en decadencia para vender productos y darles credibilidad, nos parecía un chiste divertido el hecho de que Victoria regresara después de (supuestamente) haber dejado el cine, que antaño le había dado mucho dinero. Una especie de cuento cruel, surreal. Le encantó y lo hizo genial.



– Después de Supernormal y El juego de las llaves, ¿le cabe algo en 2022?

– Tengo otra peli con TVE para el segundo semestre del año. He hecho con ellos Sevillanas y Móstoles (sigo sin llamarla Nacida para ganar). Y con Atresmedia hice Lo contrario al amor, Toc Toc El juego de las llaves. Se está produciendo muchísimo, el público está consumiendo ficción. Ahora para coger proyectos tienes que ir con mucha antelación porque las agendas se solapan. Los intérpretes del momento no paran de trabajar.


– Al crear, ¿piensa usted en corto o en largo?

– Cuando hacía cortos solo se me ocurrían cortos. Digamos que era otra década. Eran relatos de una forma y un desarrollo. Momentos, personajes, psicologías, antes de recrear lo demás. El largometraje es más difícil: necesita estructura, duración, normalización…


 ¿A qué aspira en 10 años?

– Me encantaría hacer una película cada uno de esos 10 años [risas]. Creo que en mí se mezcla mi relación con los actores: consigo que hagan algo más que un ejercicio de naturalidad. Y consigo que mis pelis tengan una propuesta visual, pues no me limito simplemente a cubrir la historia, sino que también pretendo ofrecer cierta elegancia. Tampoco sé por qué le digo esto…


– Queda claro que Móstoles (como él suele aludir a Nacida para ganar) le cambiaría el nombre.

– Sin duda. Estaba previsto titularla Móstoles no es lo que parece o La importancia de llamarse Encarna, mucho más acertados. Y me sentaría a montarla otra vez.

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