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07-05-2014

Fernando Marín, María Luisa San José, Víctor Zarza, José Sacristán y José Luis Piqueras

Fernando Marín, María Luisa San José, Víctor Zarza, José Sacristán y José Luis Piqueras

 
Jano, el retratista de otros mundos posibles


José Sacristán y María Luisa San José inauguran en la Fundación AISGE una exposición con las mejores obras del genial cartelista
 
 
ANTONIO FRAGUAS
Reportaje gráfico: Enrique Cidoncha
A veces surgen personas únicas que nos recuerdan que todos tenemos derecho a soñar. Hubo un tiempo en España en que parecía insalvable la distancia entre la realidad gris de la posguerra y la ficción luminosa del cine. Para el mozo de cuerda, el limpiabotas, la fregona y la costurera, las estrellas del celuloide vivían en una constelación a miles de años luz. En ese universo, tan irreal como el de los cuentos de hadas o los mitos de la antigüedad, los buenos ganaban, el amor triunfaba, el pato se convertía en cisne y el caballo del vaquero siempre corría más que el del sanguinario piel roja. Si alguien contribuyó en España a crear la ilusión de que esa realidad sobrenatural del cine podía estar al alcance de cualquiera y de que todo el mundo tenía derecho a soñar, fue sin duda Francisco Fernández-Zarza Pérez, alias Jano, autor de miles de legendarios carteles de cine, una selección de los cuales se expone hasta el 5 de junio en la sede de la Fundación AISGE.
 
 

José Sacristán

José Sacristán

 
 
   “Entrar en un cine tenía mucho de religioso, algo de místico”, contó este martes, 6 de mayo, en la presentación de la muestra el actor José Sacristán, retratado en varias ocasiones por Jano. Hay que imaginar a un José Sacristán niño, en pantalones cortos, ahorrando con disciplina una peseta para conseguir entrar en “el templo” de la sala de proyecciones. Cuando terminaba la sesión, la vuelta a la cruda realidad: “En ese periodo de tiempo entre que te echaban a la puta calle y lograbas ahorrar de nuevo para volver al estado de gracia de la proyección, los carteles de Jano conseguían prolongar el milagro. Eran una forma de llevarse a casa el gesto de Greta Garbo o la arrogancia de Errol Flynn”.
 
 

Fernando Marín

Fernando Marín

 
 
   Jano confeccionó a lo largo de su carrera cerca de 2.300 afiches, tanto de películas extranjeras como españolas, entre otras Surcos, ¡Bienvenido, Mr Marshall!, Calle Mayor, Atraco a las 3, Historias de la radio, Un rayo de luz y El extraño viaje. La selección que ofrece la Fundación AISGE se centra en los trabajos elaborados entre 1947 y 1979 para productoras como Hispamex, Mercurio, Radio Films, CEA o Ízaro. Tal y como recalcó Fernando Marín, vicepresidente de AISGE, algunos de esos carteles son lo primero que viene a la mente del público cuando se piensa en determinados títulos.
 
 

Víctor Zarza

Víctor Zarza

 
 
   Es el caso, por ejemplo, de La ciudad no es para mí (1966), la película de Pedro Lazaga protagonizada por Paco Martínez Soria. El retrato de ese Agustín Valverde, natural de Calacierva, desbordado por las amplias avenidas y los usos urbanitas mientras se aferra a una cesta de mimbre con una gallina muerta y a una caja de galletas atada por un cordel es un buen resumen de la capacidad estética de Jano. Su hijo, Víctor Zarza, director del departamento de Pintura y Restauración de la Universidad Complutense de Madrid, ofreció algunas de las claves del trabajo del artista: “No se quedaba solo en el retrato, sino que buscaba la caracterización. La cuestión no era sacar el parecido sino dar con el rasgo que definía una personalidad”. La caricatura fue una de las grandes habilidades de Jano, hasta el punto de que algunos actores, como José Luis López Vázquez, José Isbert o Fernando Fernán Gómez, se convirtieron casi en personajes suyos, como puede apreciarse en los carteles de Historias de la radio y Atraco a las 3.
 
   El centenar de asistentes que acudieron a la presentación, entre otros el cineasta Jaime de Armiñán y las actrices Julia Gutiérrez Caba y Asunción Balaguer, rieron cuando Zarza contó algunas anécdotas del artista. Como cuando Alfredo Landa en una ocasión le dijo: “Me veo más parecido en tus carteles que cuando me miro al espejo”. O esa otra del escritor cinéfilo Terenci Moix, que al conocer a Jano lo tomó de las manos y le dijo: “cuántos petardos me he tenido que tragar por culpa de tus carteles”.
 
 

Descargar'>Lola Flores, en el cartel de 'La danza de los deseos'

Lola Flores, en el cartel de 'La danza de los deseos'

 
 
Como un artista del medievo
La tarea del cartelista –“el retratista del star-system nacional”, en palabras de Zarza– era parecida a la de los artistas religiosos en la Edad Media: tenían que comunicar de manera directa y sencilla al pueblo llano la realidad de un mundo sobrenatural. Algunos carteles, como el de La danza de los deseos, película de Florián Rey de 1954 protagonizada por Lola Flores, se acercan mucho a la estética de una estampa religiosa. Hoy es el tráiler de una película lo que nos seduce, pero en aquel tiempo los carteles eran la única herramienta de seducción para que el público entrara en el cine. En algunos de la veintena que se exponen en la Fundación AISGE se pueden apreciar todavía los orificios de las chinchetas que un día los sujetaron en el vestíbulo de algún cine, o la doblez realizada por algún coleccionista apresurado que lo despegó de una tapia. Porque los carteles eran para eso, para estar en la calle: obras de arte efímero que en algunos casos se han “arrancado a la destrucción”, en palabras de Zarza, gracias a los aficionados. Los carteles, además, no hablan solo de una película: “También mostraban qué cosas gustaban al público, cómo nos veíamos a nosotros mismos”, contó el hijo del artista.
 
   De familia modesta, Jano nace en Madrid en 1922. Su madre es una portera viuda. Sus primeros dibujos, que publicó con solo cinco años en la revista Macaco, ya fueron caras de actores. Su pasión por el cine y el dibujo iban de la mano, y de esa pasión hizo su profesión. “Era un niño que se compraba la revista Cinegramas, que era carísima”, apunta Zarza. María Luisa San José, retratada en varios carteles (en la exposición puede verse el de la película Mis relaciones con Ana, de 1979, en el que la actriz aparece desnuda), leyó un testimonio del artista que da una idea de su vocación profunda: “No sirvo para jubilado. Yo solo sé pintar y me divierto haciéndolo. Pintar es mi hobby”. Zarza contó incluso que su padre los llevaba de vacaciones con su caballete, sus pinceles “y a veces con sus colaboradores”.
 
 

José Luis Piqueras

José Luis Piqueras

 
 
   Porque Jano no trabajaba solo. Disponía de un taller en un enorme piso de la calle Bordadores, donde vivía su familia, y por allí desfilaban decenas de colaboradores que se encargaban de las tareas que menos le gustaban (por ejemplo, las tipografías). Transitó por todos los estilos y técnicas que fueron marcando tendencia a lo largo de las décadas en las que trabajó. Empieza con la litografía, pasa al aerógrafo –que tampoco le gustaba– y siempre, siempre, permanece fiel a los pinceles. Color y carácter fueron las dos palabras clave en su labor. No vio, era imposible, las más de 2.000 películas de las que hizo carteles (trabajaba con sinopsis y fotos promocionales), pero su intuición publicitaria le hacía dar en el clavo. José Luis Piqueras, cinematografista que distribuía sus carteles, lo definió ayer así: “Jano era un explicador de películas”. En una ocasión Piqueras se encontró a Jano y sus colaboradores sentados de madrugada en un bordillo de la Gran Vía. “Estamos esperando para ver amanecer”, le dijeron. Ver amanecer era precisamente lo que esperaba el público de aquella España. Un público al que Jano, a través de sus carteles, le otorgó el derecho a soñar. Y soñar, ya se sabe, es el primer paso para empezar cambiar las cosas.
 
 

María Luisa San José

María Luisa San José

 
 
Sensualidad y ‘destape’
 
En el tórrido cartel de Mis relaciones con Ana, María Luisa San José aparece desnuda. Es una película de 1979. “Entonces nos desnudaban a todas, menos a Rafaela Aparicio”, relató la actriz. Pero la sensualidad, más sutil y contenida, estaba en los retratos femeninos de Jano mucho antes del llamado destape. Las curvas de Sara Montiel, Marilyn Monroe o Joan Crawford, entre muchas otras, pasaron por los pinceles de Jano. Su hijo, Víctor Zarza, cuenta que su padre compraba “de extranjis” ejemplares de la edición americana de la revista Playboy en la plaza del Campillo del Mundo Nuevo, en pleno Rastro madrileño. “En mi casa veías muchas más cosas que otra gente de tu generación”, cuenta Zarza entre risas. Qué duda cabe de que esos carteles y esas estampitas que se repartían en forma de programa de mano y que se coleccionaban con celo por los chavales nutrieron buena parte del imaginario erótico de varias generaciones. “Yo no hubiese sobrevivido sin aquello de lo que me nutría en la sala de cine y que quedaba en la memoria y en el bajo vientre”, apuntó José Sacristán
 
 

 
 
Los otros Jano
 
Jano no llegó a conocer en persona al otro gran cartelista de su generación, Macario Gómez, alias Mac, quien recientemente acaba de recibir la Cruz de Sant Jordi que otorga la Generalitat de Cataluña. Se conocían y admiraban mutuamente. El hijo de Jano, Víctor Zarza, relata que con motivo de una exposición póstuma de su padre conoció a Mac y, cuando este supo que estaba ante el hijo de Jano, se emocionó: “Me dijo lo mismo que siempre me decía mi padre: ‘Me quedé con ganas de conocerlo”. De una generación anterior fueron “los tres Joseps” (Josep Renau, Josep Morell y Josep Soligó), Emilio Chapí, Raga, Piñana, Peris Aragó… A todos ellos, “a los otros Jano”, hizo extensivo su agradecimiento el actor José Sacristán: “Ellos lograban que el milagro del cine se prolongara fuera de las salas, ante esto el agradecimiento no tiene palabras”.
 

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