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27-08-2020


Javier Olivares

 

“A un actor debes respetarlo, no le puedes poner jamás una tontería en la boca”


Ocupa un puesto destacado en el podio de los ‘showrunners’ españoles. Este historiador que siempre quiso escribir para televisión celebra que ambas facetas se fundieran con éxito. Recorre las entrañas de ‘El Ministerio del Tiempo’, la serie que justifica su vida, cuya andadura da por finiquitada tras cuatro temporadas. Aunque nunca se sabe. Sus próximos proyectos tienen superhéroes de por medio, pero sueña con una adaptación de Jardiel Poncela


ALOÑA FERNÁNDEZ LARRECHI (@Anade)

Reportaje gráfico: Enrique Cidoncha (@enriquecidoncha)

Había transcurrido apenas un mes desde el desenlace de la cuarta temporada de El Ministerio del Tiempo cuando aprovechamos para pasear por uno de sus escenarios más recientes, el Real Jardín Botánico de Madrid, con su creador y guionista, Javier Olivares. Tras trabajar de guionista en Los Serrano o Los hombres de Paco pudo llevar a la pantalla creaciones propias como Isabel o Infídels. Pero ha sido la serie protagonizada por Rodolfo Sancho, Nacho Fresneda y Hugo Silva la que le ha convertido en un personaje público al que, incluso con mascarilla, reconocen a menudo por la calle. A pesar de que el sofocante calor veraniego en la capital no concede un respiro, Olivares comparte con detalle sus reflexiones sobre la producción que le ha permitido soltar “muchas cosas que llevaba dentro”, sus próximos proyectos o el mundo de la televisión.

 

- ¿Cómo lleva la resaca de la cuarta temporada de su producción estrella?

- Por un lado, orgulloso de lo que se ha conseguido: creo que hemos hecho otra temporada distinta que me parece la más completa. Aunque ha habido capítulos como los de El Cid o Lorca, que son bastante fuertes, creo que esta temporada es uniforme. Es como si narráramos una continuidad de situaciones; hacemos desaparecer tramas que luego vuelven a aparecer. Como conjunto, y también en cuanto a recursos seriales, creo que es la más completa. Y estoy muy contento además por el impacto en prensa y la suma de audiencias en diferido, esas de las que nadie habla. Lo que pasa es que ahora haces una serie y hay tantas… Mira que El Ministerio… sí es un evento en redes sociales, pero todo va tan rápido y existen tantas producciones que tienes esa sensación de “Vale, ya está”. 

 

- Entonces echa de menos que gozara de más eco al terminar…

- No. Ha tenido eco, hasta hace nada había noticias. Me quejo de la sensación como espectador, una sensación de vorágine serial de la que tú formas parte pero en la que El Ministerio… sí deja huella, en el sentido de que es trending topic tanto nacional como en el extranjero. Fíjate en la escena de Camarón con Lorca: eso ya forma parte, más allá del capítulo, de un icono cultural de este país. También ha ayudado mucho el hecho de estrenarse en unos tiempos complicadísimos en los que la gente estaba en casa, y ojalá haya contribuido a que el público pudiera pasar un poco mejor el confinamiento. Nosotros estrenamos confinados, lo cual es una sensación extraña: era un momento muy raro, muy de ciencia ficción a nivel mundial. Pero si me ves con esta cara, es porque estamos a 42 grados en el Botánico y puedo desfallecer, no por otra cosa [risas].


- ¿Cree que la ficción española se verá afectada por el Covid?

- La española y la internacional. Los proyectos van a depender de lo que la gente quiera apostar. Estoy leyendo a mucho ejecutivo americano que habla sobre la búsqueda de historias más cercanas que plantean otro tipo de producción. Yo lo entiendo: rodar con Covid sube el coste un 20 o un 30 por ciento. Pero creo que en situaciones así lo que la gente quiere es ver más grandeza, aunque la industria da para lo que da. Hay muchas empresas pasándolo mal y espero que no se hundan. A la ficción española le ha afectado la pandemia porque lo que se necesitaba en este momento era precisamente una subida de caché. Junto a Argentina y México, somos los mejores al producir a un precio barato en relación a la calidad. Pero llega un punto en el que, si te ciñes a ese precio barato, no puedes competir con los grandes. Y nuestra ficción merece competir con ellos, hay talento suficiente para hacerlo. En ese sentido, Movistar+ ha hecho una labor muy interesante de apuesta e inversión.


- ¿Se ha quedado con ganas de contar algún pasaje de la historia de España en El Ministerio...?

- Sí. Hay temas como el Motín de Esquilache. O el de la primera matemática española, que en el siglo XVIII escribió con apenas 20 años un libro en Aragón y lo firmó con seudónimo masculino. O el del Niño de La Guardia. Ha habido muchos temas que intentábamos desarrollar y que no acababan de encajar en el conjunto de la serie.

 

- ¿Qué debían tener los personajes históricos para poder pasar su criba?

- No se trata solo del personaje, porque hemos llegado a hacer capítulos basados en conceptos artísticos. En el de Bécquer el tema era el Romanticismo, el de Goya abordaba la Ilustración. Si hablamos de los personajes, intentábamos encontrar a aquellos que tuviesen vínculos con una situación clave en nuestra Historia o que generasen un punto de vista distinto en el espectador. Le debíamos una a la ciencia. En el caso del científico que hemos tratado, Emilio Herrera, no me podía creer que no lo hubiera conocido antes. Buscamos la sorpresa, presentar a gente muy importantes, pero que nadie conoce. Este año también hemos hecho algo muy especial: hablar como hecho histórico de alguien que aún está vivo, de Pedro Almodóvar. Siempre vamos al pasado, pero tenemos personalidades históricas todavía vivas a nuestro lado, con las que aún te cruzas en un café. Y forman parte de la Historia.



- Lo revolucionario de la serie trasciende historias y personajes…

- Es una serie diferente, la primera que planteó un diseño de producción distinto. Pese a haber tenido un showrunner muy concreto, muy apegado al guion, los directores han aportado una enorme creatividad y han alumbrado capítulos casi diseñados estéticamente por ellos. Hemos tenido directores invitados, hemos visto el crecimiento de debutantes en televisión como Jorge Dorado; Marc Virgil ha llegado al máximo de lo que se puede hacer detrás de una cámara. Y además hemos realizado mucho casting para la elección de personajes. La gracia no está solo en las historias; también en cómo se produce cada capítulo y toda la serie.

 

- ¿Por qué esta cuarta tanda ha sido la mejor?

- Porque tiene un discurso de temporada completo, no capítulo a capítulo. Porque hemos llevado a los personajes a un fin de ciclo, exprimiéndoles mucho emocionalmente y rematando sus historias. Quienes hacemos series cometemos muchas veces el error de que a nuestro personaje siempre le estén pasando cosas: que le pase de todo y que en la siguiente temporada le pase de todo otra vez. Y llega un momento en que eso no es creíble. En ese sentido, hemos explotado al máximo las emociones de todos nuestros personajes y han tenido un final, lo que le ha dado a esta temporada un plus. 


- A la hora de valorar los géneros presentes en la temporada, ¿influyó el presupuesto?

- Al saber lo que tienes, te acoplas a lo que hay. Una decisión importante fue que descartábamos la construcción de decorados nuevos. Pero aparecieron Marc Vigil y Jorge Fernández de Soto, el director de arte, y nos llevaron al edificio de Radio Nacional. En mi opinión, la cosa quedó mejor que con decorados porque era un espacio real. Y eso no influye en los géneros: cualquier situación te la llevas al drama o a la comedia. Yo lo escribo todo muy serio para que la gente actúe de verdad. Que luego termine fluyendo hacia un drama o una comedia depende de hacer clic en un determinado momento

 

- Si TVE se animase a renovarla, ¿cómo afrontaría usted el reto, teniendo en cuenta que ya lo asume como un desenlace?

- Ni idea. Yo ya no me planteo nada si no hay… Bueno, a veces sí me planteo: a los tres meses de cerrar la tercera temporada salió en YouTube un trap con el título Velaske, yo soi guapa? Decidí guardármelo y lo he sacado ahora. O la idea de Lorca con Camarón, que siempre la he tenido en mi cabeza y no la pude hacer por no poder disponer de Rodolfo en la tercera temporada. Hay cosas que te guardas, y estoy encantado porque las he soltado todas. O casi todas. Pero no pensaré en nada si no hay un planteamiento de vuelta, porque si volvemos, es para contar otras historias.

 

- ¿Otras historias con otros personajes?

- O con estos. O mezcla. He esperado tanto con El Ministerio del Tiempo, entre la primera y la segunda, entre la segunda y la tercera, entre la tercera y la cuarta, que cuando venga, vendrá. Aunque no estaré esperándolo. Al cerrar este ciclo, ya no tengo esa sensación de espera. Y si viene, yo estaré encantado: es la serie que probablemente justifica mi vida profesional, e incluso mi vida en general, por temas de mi hermano… He creado otras ficciones que han tenido impacto, como Isabel en toda España o Infídels en Cataluña. He estado en Los Hombres de Paco o Los Serrano. Pero en El Ministerio del Tiempo me he permitido soltar muchas cosas que llevaba dentro.



- ¿Cómo afronta el desarrollo de Antihéroes, un proyecto que cuenta con tantos seguidores en el universo de la ciencia ficción?

- Esperando que haya luz verde por parte de alguna pantalla o cadena. Me parece una historia muy interesante, contada por Iria [G. Parente] y Selene [M. Pascual], que son muy jóvenes. Tienen una visión distinta a la que yo tengo sobre muchas cosas, y quizá por eso me parezca tan interesante, porque cuentan cosas que me obligan a reciclarme para poder plantearlas siendo fiel a su espíritu. Es un espíritu muy potente, ético a nivel social; ellas toman partido, no son tibias. Es un proyecto para jóvenes contado por jóvenes en el que se replantean cosas de la vida actual.

 

- ¿Lo considera una apuesta arriesgada por el auge del género de superhéroes en los últimos años?

- No. Es muy distinta. Cuando leí la novela, si hubiera visto algo que se empastara con lo que hay ahora, no habría tenido interés en decirle a mi empresa que comprara los derechos. Aunque el mainstream y el mercado no me marquen a la hora de hacer las cosas, si ves que vas a ofrecer un producto que ya está hecho, no lo haces. Esta es una serie juvenil como en su día lo fue Misfits, protagonizada por críos, muy emotiva pero también dura, no es un caramelo. También tengo los derechos de Hoy me ha pasado algo muy bestia, de Daniel Estorach, sobre la conversión de alguien en superhéroe por algo que lleva dentro. No es porque toque una piedra que llega de Marte o algo así. Tiene mucho que ver con Un día de furia y puede permitirme que cuente una historia de España al revés. Antihéroes es la historia de dos chavales que son diferentes y a los que persiguen por el hecho de serlo. En Hoy me ha pasado algo muy bestia, que yo quiero titular Yo fui un superhéroe, alguien entrevista en el año 2060 a un superhéroe que empezó su aventura en 2020. Pretendo contar el devenir de España en ese periodo a través de los ojos de alguien que se levantó una mañana siendo un superhéroe. Siempre quise contar cosas del futuro, incluso en el teatro.


- El año pasado adaptó el clásico Atrapa un ladrón. ¿Qué otra adaptación le gustaría hacer?

- Estoy muy contento con Atrapa un ladrón, sobre todo por el trabajo con el equipo argentino de Telefe. Surgió de algo muy ilusionante: que te llamen de Los Ángeles para que adaptes a Hitchcock. Y tengo el sueño de adaptar La tourneé de Dios, de Jardiel Poncela, quien me parece Dios escribiendo. Es uno de mis referentes desde niño.



- ¿Ha pensado alguna vez en pasarse a dirigir?

Teatro, sí, pero audiovisual, no. De hecho, en cine no me planteo ni escribir. Mi hermano Pablo y yo nos dimos cuenta de que aquello era pa ná, porque si no dirigías, no se contaban tus historias. Y si en series soy productor ejecutivo, ¿para qué necesito dirigir? Si soy showrunner, yo mando. Pero una serie es muy complicada, y si te quieres dedicar a todo, no llegas. Igual que tampoco llega el director que quiere ser creador. Es muy necesario tener un director a tu lado que te frene o te lance, y tú a él. Es mi caso con Marc Vigil o Anaïs Schaaff. La mirada de un director es muy distinta a la de un guionista, y es muy importante tener ambas miradas en el mismo producto. Me rodeo de un equipo que sabe cosas que yo no, entre ellas, saber cómo funciona un día de grabación. Yo durante el rodaje prefiero estar en otras. 

 

- Otra pieza esencial del producto son los actores.

- He trabajado mucho con ellos. Empecé a hacer teatro desde los 13 o los 14 años. A los 18 fui alumno de William Layton durante dos años. Y sin saberlo, él fue quien me enseñó a escribir, me enseñó dramaturgia y algo importantísimo: a un actor debes respetarlo, nunca le puedes poner una tontería en la boca. Que un actor diga algo encima de un escenario o delante de una cámara y que lo vea mucha gente es tan maravilloso que merece muchísimo respeto. Debes cuidar que lo que escribas no sea horroroso ni carezca sentido, intención o emoción.


- ¿Cómo es el Javier Olivares espectador? 

- Probablemente pueda definirme como espectador a través de mis creaciones. El Ministerio… la creamos Pablo y yo para tener una serie que nos gustara ver, y así salió, porque no la pensábamos vender en nuestra vida. Me gusta el concepto pop de las series, la emotividad, pero luego me gusta de The wire a Allo, Allo. Me trago todo lo que sea de ciencia ficción. Me encantan Line of dutyThe boysEl colapso. Las últimas series que me han parecido maravillosas han sido la belga De dag, la italiana Il miracoloKalifat me parece una serie estupenda, Baghdad Central… También revisito series no tan nuevas, pero las que siempre estudio y con las que aprendo son The good wife y The good fight, porque más allá de lo que cuentan y de lo divertidas que son, tienen un trabajo de estructura narrativa que es un máster. Primero las disfruto como espectador, luego las analizo, veo cómo conjugan personajes, cómo sumergen tramas. Gran parte de cómo se sumergen tramas en esta temporada de El Ministerio… lo he aprendido a base de ver The good wife. Sus creadores que impresionantes, como lo es el de The crown, Peter Morgan.

 

- Trabajó en el mundo del arte como profesor, es historiador… ¿Cómo acabó en la televisión?

- Estudié Historia porque mis padres me dijeron: “Hijo mío, tú haz lo que quieras, pero estudia una carrera”. Querían que hiciera Derecho, quizá Medicina, pero opté por cursar Historia. Igual que aprendí catalán porque me encantaba Serrat con 16 años. A los 17, mientras iba a clases en la universidad, quería ser actor, pero me di cuenta de que me gustaba escribir. Luego fui crítico de arte en revistas porque no entré en el mundo de la televisión. Con mi hermano luché por contar nuestras historias y llegamos a conseguirlo. Lo más maravilloso de mi vida es que todas esas cosas que eliges al final acaban juntándose: he trabajado en catalán para TV3 gracias a Serrat y he trabajado en proyectos de Historia… He tenido mucha suerte. 

 

- ¿Qué opina del regreso de Los hombres de Paco?

- Me alegro de que vuelvan. Es una serie especial en mi vida porque yo había dejado de escribir porque no me gustaba el entorno. Podía ganarme la vida con guiones, pero no disfrutaba haciéndolo para las series de aquella época. No le veía la gracia, no me interesaba. Y de repente llegó Álex Pina y me dijo: “¡A escribir otra vez!”. Con Los hombres de Paco me recuperó para el mundo del guion tras más de un año ejerciendo solo como profesor de arte. Así que me encantará todo lo bueno que le pase a esa serie.

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