Javier Ruiz Caldera
"No soporto cuando un actor se pone en modo comedia"
Se maneja en la comedia como su inventor, pero le gusta mezclar en sus repartos a actores que hacen reír y dramáticos. Responsable de taquillazos como 'Spanish movie', 'Superlópez' o 'Wolfgang', ya prepara su siguiente largo, escrito por Berto Romero
Javier Olivares León
Reportaje gráfico: Enrique Cidoncha
Nacieron tantos Javieres en los años 70 que en su entorno le conocen desde pequeño como El Caldera. También podrían llamarle El comedias, el género donde mejor se expresa. Barcelonés de Viladecans, a sus 49 años puede presumir de haber debutado en el cine con el mismísimo Leslie Nielsen, icono de la risa floja estadounidense. Aquel Spanish movie estuvo varias semanas en el número 1 de la taquilla. Como su segunda película, Tres bodas de más. Y Anacleto, agente secreto. Y Superlópez. Tras el éxito de Wolfgang, la historia de un niño autista con altas capacidades que decide ser el mejor pianista del mundo, rodará en los próximos meses Cinco minutos más, el debut de su amigo Berto Romero como guionista de cine. Un asiduo en su filmografía, como Miki Esparbé.
De los 700 niños del castin, ¿a cuántos niños vio para Wolfgang?
En vídeo, unos 60, 50. En presencial, unos… 15, 20. Y finalistas, unos 3 o 4. Desarrollando secuencias y probando también si aguantaban el ritmo, la repetición, si eran capaces de cambiar de registro, de improvisar. Jordi Catalán lo bordó. Pero el gran mérito es de Mireia Juárez, la directora del castin.
¿Sabía mucho usted de autismo?
Obviamente, muchísimo menos que ahora. Sí conocía algún caso, incluso tengo algún amigo. Pero no sabía que había tantos tipos. Ni que no hay manera de establecer un estereotipo. Cada niño, cada caso, es diferente. Y hemos aprendido mucho. En la Asociación de Asperger de Barcelona nos asesoraron, para modificar detalles, en todos los sentidos.
¿Le reclaman como experto en el asunto?
Pues… tuve hace poco en Tarragona un pase silencioso, para niños con TEA (Trastorno de Espectro del autismo). Se trata de una sala de cine con el volumen bajo, por la hipersensibilidad auditiva. Con una sala al lado, por si, de repente, no quieren entrar. Son pases especiales de películas. Escogieron Wolfgang porque la ven muy adecuada, y porque se habla de ellos de manera muy tierna, respetuosa y divertida. Lo que se pretende es normalizar las cosas, que te las puedas tomar con humor, sin ponerlas tampoco en el foco de atención. La película no va de eso, es una capa más que está ahí.
Para la parte musical del genio, ¿tuvo que revisar Amadeus, la célebre peli de Mozart?
No, no tiene nada que ver. El niño se llama Wolfgang por un homenaje de su madre, pero incluso se bromea con ello. El personaje de Berto Romero bromea: "Pues a mí me gustaba mucho la ópera y nunca le pondría a mi hijo Pavarotti".
Es una responsabilidad ponerle a un hijo Wolfgang.
Le estás exigiendo, claro. Pones expectativas… que a saber dónde acaban [risas].
Después de tantas películas juntos, con Miki Esparbé no necesita ni ensayar, ¿no?
La verdad es que hablamos mucho. Una de las cosas más bonitas que me llevo de esta profesión es haberme hecho amigo de personas a las que he admirado y admiro. Con algunas conectas más allá de lo profesional y se establece una relación personal. He tenido mucha suerte. Es el caso de Miki Esparbé, de Berto Romero, ambos en Wolfgang. Suelo repetir.
Con Alexandra Jiménez, por ejemplo.
Sí, sí, mi filmografía delata mis afinidades.
¿Los amigos siempre se ven en el papel?
Bueno, mirarán mis peticiones con cariño. Y como dicen ellos, "sabemos que estamos en buenas manos". Yo no les contradigo, no me interesa [risas]. En el caso de Wolfgang, todo el trabajo de castin se volcó en el niño, Jordi Catalán. El resto de los actores han sido los que imaginé en el guion. Una llamada y, por fortuna, ahí están Miki, Berto, Anna Castillo, con la que también he vuelto a trabajar.
No debe de ser fácil la agenda de Anna.
Ningún intérprete con agenda es fácil de cuadrar. Pero si se hace el esfuerzo por ambos lados, se intenta encontrar el hueco. Ha sido un reencuentro muy bonito. Habíamos hecho Promoción fantasma [2012], y un capítulo en El ministerio del tiempo. Ver cómo ha crecido Anna a nivel profesional… Es que Promoción fantasma fue su segunda película [tras Blog, de Elena Trapé]... Ella ha ido para arriba, y yo para abajo [risas]. Pero Miki va para arriba también.
Cada vez es más creíble.
Está muy bien. Tiene esta cosa de actor de corte clásico que te puede hacer de galán o de héroe, como hizo Malnazidos [2021].
O de vecino, o de amigo, o de vecino.
Sí, sí. Tiene esos registros, mucha comedia, y también la verdad que exige hacer drama. Y creo que, en Wolfgang, y no es por vender la película, hace un despliegue de talento.
La escena del puente sobre el Sena es dura.
Representaba el clímax de la película, la secuencia donde explota todo: los personajes se transforman en un puente de París. Y fue difícil de rodar por imperativos olímpicas: se acercaban los Juegos y en el río había pruebas de natación. Tuvimos que hacerlo al principio de la peli, en el hueco que nos dieron. A mí me habría encantado rodar esa secuencia al final del proceso de rodaje, cuando ya teníamos todo el tono pillado… Por si fuera poco, en el rato de rodaje se levantaron una tormenta y unos vientos tremendos. Pero, de repente, por estas cosas que pasan en el cine y no dejan de sorprenderte, se abrió el cielo un momento.
"Venga, vamos a rodar".
Exacto. Con estrés, pones la cámara, la secuencia más complicada de la película… y sucede ese milagro con los actores en estado de gracia. La tormenta deja una luz eléctrica preciosa y todo funciona. Y volvimos al hotel en París, esa noche, con esa incertidumbre tan caótica de que no hay posibilidad ni tiempo de revisar, valorar y repetir. Si hubiera que repetir algo, se haría en Barcelona ya, con croma. Pero no hizo falta repetir nada. En montaje, lo teníamos.
¿Puede haber segunda parte? ¿El niño ya mayor, en el conservatorio, en una orquesta?
No, no, la verdad es que no. De hecho, la novela en la que se basa [Wolfgang, de Laia Aguilar], tuvo tanto éxito que hay una segunda parte, El secreto del padre. Pero no me interesa, sinceramente. No he hecho nunca ninguna secuela de ninguna de mis películas, ni siquiera de las que, por suerte, han tenido éxito. No hago remakes. A mí una de las cosas que me gusta de hacer películas es descubrir cómo se cuenta esa historia. Y una vez lo descubro ⎯que es tarde, porque ya he hecho la película⎯ pierdo el interés. Repetir la experiencia no me interesa. Me interesa más buscar un reto nuevo y diferente.
Y ahora, ¿el reto cuál sería? Ya ha hecho cómic, superhéroes, acción, un capítulo en una serie de culto, un niño de características especiales…
Pues el primer guion de Berto Romero, Cinco minutos más. Me lo enseñó, así, por amistad, y se lo quité de las manos: lo vamos a rodar a finales de año con Movistar. Es una película fantástica, de bucles temporales, con una premisa increíble, divertidísima y trepidante.
¿Se exige Berto a sí mismo como protagonista?
De hecho, él me preguntaba: "¿Pero a mí me ves como actor en la película?". Y dije: "Por supuesto. Si me has ofrecido tú el guion, inmediatamente te imagino como actor". Y él reconocía: "Es verdad que yo también cuando escribo me imagino a mí mismo".
¿No le apetecía dirigirlo a él?
Sí, al principio manejó la opción, pero yo se la quité, en la misma conversación. "Pues va a ser mejor esto que tú dices. Me voy a divertir más, va a quedar mejor", me dijo. O sea, se lo quité de las manos. Lo haremos con Movistar.
¿Le gusta estrenar directamente en plataforma?
Un hombre de acción, con Juanjo Ballesta, se estrenó directamente en Netflix. Fue mi película de presupuesto mayor: la historia de Lucio Urtubia, un albañil que falsificó unos cheques de viaje en los años 70 y consiguió poner en jaque al First National City Bank. Una película ambiciosa de un género que no había hecho nunca, un biopic de época. Y la sensación que tuve... El rodaje, bien. El protagonista, bien. Pero, si soy sincero, eché de menos la experiencia de compartir la película con el público.
Al sofá, directo.
Para mí es importante ver, al menos alguna vez, al público. Cómo reacciona con la película, cómo genera conversación. Se aprende muchísimo escuchando los aciertos y los fallos. Me encanta compartir la experiencia de cine. Quizás soy un nostálgico. Después de Un hombre de acción me quedé con la sensación de "tanto esfuerzo, tanto trabajo, y no siento de una manera completa la recompensa".
¿Suele pagar entrada para ir a sus estrenos?
Lo hice en las dos primeras, pero por acompañar a mis padres o a alguien. He visto tantas veces la película durante el proceso que luego me cuesta verlas.
¿No le tienta husmear, ver qué se dice?
Las primeras veces, sí, pero eso lo vivo más en los festivales. Y más que en el pase, lo percibo en los coloquios posteriores. Un estreno es una visión un poco distorsionada de la percepción, porque hay amigos y familiares. Pero en los coloquios, la gente te pregunta. Incluso algunos buscan las cosquillas a las películas que le relacionan, me parece muy interesante. Si me pusieran una pantalla enfocada al público, sí que lo haría.
¿Ve defectos?
Todo el rato. Lo único que veo. ¿Te imaginas un director que solo vea los aciertos de sus películas? Y te hablo desde el punto de vista de que estoy muy orgulloso de las que he hecho, porque no soy un tipo que se tortura. Pero, aun así, las veo como un proceso de aprendizaje. Cada película es un camino a hacia una... no voy a decir incontestable, pero al menos una buena película.
La inmensa mayoría de sus películas son muy corales, con intérpretes populares. Gente seria, como Pedro Casablanc, Luis Callejo o Luis Zahera, ¿acude condicionada por su fama de comediante?
Es que para mí el texto es el que manda, en ese sentido. Yo no soporto cuando un actor se pone en modo comedia. Que intente hacerme reír con su manera de actuar. Yo hago lo que me gusta, y por eso escojo los actores, porque transmiten verdad. Y si el texto o la situación en la que están metidos en las películas que yo hago es divertido, lo va a decidir el espectador, no el actor haciendo de más.
Pero hay momentos de mucha sátira en su filmografía.
Es verdad que hay algunos momentos en los que sí se puede apretar algo más, pero siempre hablo antes con los actores. Desde Spanish movie. Le decía a Silvia Abril, por ejemplo: "actúa como si estuvieras realmente en El orfanato o en Mar adentro. Créete que estás ahí, y ese contraste va a ser mucho más divertido". Me gusta que transmitan verdad, y por eso escojo a buenos actores. Y creo que ellos también agradecen no elevar el tono, por lo que veo. O sea, ponen ellos el contrapunto intencionado. Creo que es lo que buscan todos los actores: intentar creerse y meterse en el personaje. ¿Que luego lo que dicen son locuras absurdas? Pues perfecto, vamos a disfrutarlo. Pero les pido que actúen como si estuvieran en una película real de Amenábar.
¿Qué recuerda del rodaje de Spanish movie, con Leslie Nielsen?
Leslie Nielsen ha sido para mí una compañía de la vida. De sus pelis me sabía los gags de memoria. Vino bastante mayor, ya. Con 82 años, creo recordar. Me da casi pena que en mi primera película haya conseguido trabajar con una de las personas que he idolatrado, que no son tantas. Él estaba ilusionado de que le llamaran desde España, donde le sorprendió el icono que es, que le quisiéramos tanto. Debutar con él fue asistir a una lección de profesionalidad. Se le notaba cansado, pero desde "acción" al "corten" lo daba todo. Con el "corten" descansaba y volvía a tener su edad. Pero con el "acción" rejuvenecía veinte años. Regresó aquí con su mujer seis o siete meses más tarde, para promocionar la película, porque le apetecía estar en ese proceso. Y ya se le notaba que se estaba haciendo mayor, más cansado. Aun así, tenía un sentido del humor espectacular. Iba con una bolsa de pedos que hacía ruidos [risas].
¿Qué me dice? ¿Y cómo se entendían?
Como no sabía español, se desvivía por hacer reír a la gente. Y le preguntabas algo y hacía como si se tirara un pedo. Yo lo sabía... De hecho, te avisaban, como cuando compras un Gremlin. El representante decía: "Hay tres cosas que tienes que saber: una, que lleva siempre encima una máquina de pedos. Dos, que no escucha por nada. Y la tercera…" ya ni me acuerdo. Pero era maravilloso.
Gente de cierta edad se engancha a cualquier película suya: Aterriza… Agárralo… Espía...
Justamente en estas pelis aprendí que la actuación más seria del mundo es la más graciosa. El icono de eso es Leslie Nielsen. De policía, de médico, de todo.
¿Accedieron a él por el apellido de la película? Nielsen estuvo en varias Scary movie.
No, no. Cuando decidimos hacer una película de parodias en España, medio en broma, surgió su nombre en una reunión: "¿Te imaginas que llamamos a Leslie Nielsen para que haga una secuencia?". Y contactamos a través de un amigo de Los Ángeles, representante. Se le pagó lo que pedía, que no era tanto para lo que vale: no hay precio para pagar eso, tira muchísimo de la taquilla. Y bueno, fue facilísimo. Estas cosas que a veces no propones… por utópicas, pero las pruebas y solo es intentarlo. Milagros como el rodaje del puente, cuando paró la lluvia en Wolfgang.
Después de Anacleto, agente secreto [2015] y Superlópez [2018], ¿tiene más iconos de la infancia?
Sí, tengo muchos. Pero como hice dos seguidas, me tomé yo mismo un descanso, porque la industria es como es y te ofrecen más de lo mismo. Y yo siempre intento hacer justamente lo contrario. Ya han pasado unos años y... podría volver, pero de momento no tengo en la cabeza ningún proyecto. Con Superlópez cumplí el sueño vital de llevar a la pantalla una de mis referencias educativas.
¿Quedó contento con la encarnación de Dani Rovira, no?
Tengo buenísimos recuerdos. O he tenido mucha suerte. Por forma de ser de la gente, por forma de trabajar... También es verdad que yo pregunto antes. Entre los directores, como harán los actores, nos preguntamos "¿qué tal es este?", "¿qué tal es aquella otra?". E intento formar un grupo con cero personas conflictivas. Trabajar con gente profesional buenísima, que hay mucha, con muchísimo talento, como Dani. Si puedes coger gente que haga un rodaje agradable, para un trabajo de muchas horas, mejor que haya buen ambiente. Siempre hay conflictos, momentos de tensión, porque es un trabajo intenso. Pero intento trabajar desde... Lo personal. Crear un ambiente de confianza para que la persona se sienta cómoda a la hora de crear. Y desde el cariño y desde la comunicación: y así creo que nace el entendimiento.
Ha contado con todos los buenos comediantes: Dani Rovira, los chanantes (Joaquín Reyes, Carlos Areces…), los sánchezarévalos (Quim Gutiérrez, Raúl Arévalo…).
Gente buena y a la que admiro. Insisto en que he tenido suerte. Se crea una sinergia interesante cuando mezclas cómicos con actores de tradición más clásica o dramática. De repente, poner a Berto Romero con Inma Cuesta [Tres bodas de más]. Este choque de escuelas de interpretación genera algo tan divertido como real, para que la película no sea uniforme. Siempre me ha funcionado bien, me estimula mucho. Creo que esa mezcla es fresca, novedosa. Imanol Arias, con Quim Gutiérrez o con Areces en Anacleto, por ejemplo.
Hay cómicos con un solo registro, más limitado.
Pero en muchos detecto que pueden cambiar, meterse en un personaje de una manera que aprecio cuando hacen un gag. Digo, por ejemplo: "Ahora está haciendo de doctor chiflado, y se lo está creyendo realmente, porque cambia su mirada". Ahí me parece intuir un actor, y me gusta probarlo. Y van aprendiendo. Por ejemplo, en Julián López intuía eso y mira, con los años se ha convertido en un actor. Ahí está, con Antonio de la Torre y Patricia López Arnáiz, en Los destellos [de Pilar Palomero]. O Berto Romero, que amplía sus registros de manera espectacular en la serie El otro lado. O Areces, que participó en Spanish movie, y luego en Promoción fantasma y en Anacleto.




