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03-06-2020


“Sigo siendo ese chaval que se sube al escenario a jugar” 


Su debut profesional encima del escenario fue en 1988 y en 1999 ya tenía compañía propia. Durante esa década la televisión le brindó una popularidad que le empujaría hacia su objetivo: ofrecer buenas comedias al gran público. 3.000 funciones de 20 obras confirman que lo logró



JUAN FERNÁNDEZ

FOTOGRAFÍA: ENRIQUE CIDONCHA

El vocabulario actoral está falto de una palabra que defina al intérprete que decide agarrar las riendas de su carrera y se pone a producir los títulos que sueña con llevar a escena. Valdría como anillo al dedo para definir la trayectoria y aspiraciones de Jesús Cisneros (Talavera de la Reina, Toledo, 1962). Hace 21 años, el actor de las exitosas series Lleno, por favor o Al salir de clase, de películas como La Lola se va a los puertos o El amor perjudica seriamente la salud y obras teatrales como Calígula o La dama duende, observó que había un público ávido de vodeviles bien facturados, deseoso de divertirse en los teatros pero sin verle las costuras a las funciones. Y decidió atenderlo. Desde entonces, con Descalzos, su productora, ha paseado por todo el país una veintena de títulos que han llenado de risas y aplausos los patios de butacas. Con una de esas obras, Mentiras inteligentes, andaba de gira cuando el coronavirus paró el planeta. 

 

– ¿Cuándo empezó lo suyo con este oficio?

– Me considero un profesional desde el 30 de noviembre del 88. Ese día estrené Con la mosca en la oreja en el teatro Albéniz y desde ese momento viví única y exclusivamente de la interpretación. 

 

– Enhorabuena.

– He tenido la suerte de confiar en mí y de que me ofrecieran oportunidades para probarme. Estudié en el Laboratorio de William Layton, pero por poco tiempo, porque enseguida empecé con obras. Durante algunos meses puse en práctica en los ensayos lo que aprendía en la escuela, hasta que me vi obligado a elegir. Mar, mi profesora de interpretación, fue clara conmigo y me dijo: dedícate a trabajar, evolucionar y definir tu propio método.

 

– Y es lo que hizo.

– Tras La mosca…, Ángel F. Montesinos me propuso protagonizar La Mamma junto a Florinda Chico en una gira reveladora que me permitió conocer por dentro el teatro y descubrir lo que el público quiere. Ojo, públicos hay muchos. Está el de las salas oficiales, el que prefiere el teatro culto y vanguardista, y luego está ese gran público que busca diversión con obras bien escritas y perfectamente representadas. Al acabar aquella gira me enteré de que Nieves Herrero estaba montando su equipo para la tele, y como yo también canto, me planté delante de ella para decirle: “Hola, soy el cantante de su programa”.



– ¿Cantante de televisión?

– Pasé la prueba para cantar, pero me pusieron a presentar. Era el primer magacín matutino que se hacía en España: Tú a tú, en Antena 3, año 1990. A partir de ahí me tuvieron de comodín. Tras Nieves llegó Consuelo Berlanga y luego me pusieron a mí. Más tarde me ofrecieron hacer la Teletienda, un programa que funcionaba bien pero que no me apetecía, así que dejé la tele. Tuve la suerte de que me llamaran para varias series y películas y también obras de teatro.

 

– En 1999 decidió crear Descalzos Producciones. ¿Qué le animó a montar su propia compañía?

– La necesidad. Después de estar una temporada en Al salir de clase me ofrecieron Ada Madrina, con Carmen Sevilla y Jesús Puente. Mi mujer, la actriz Yolanda Arestegui, renunció a varios proyectos porque se quedó embarazada de nuestra segunda hija y pensábamos que podíamos vivir de mi trabajo. En el último momento Antena 3 decidió que mi papel lo hacía otro. Imagínese: dos niñas, la hipoteca, los gastos… Me preocupé mucho. Tanto que me ofrecieron una pasta por ir a Tómbola y acabé aceptando. Ese dinero me arregló la vida varios meses.

 

– ¿Cómo se pone en pie una productora partiendo de cero?

– Sobre todo en esos tiempos: no había redes sociales y el uso de Internet no era habitual, así que había que hacerlo todo de forma artesanal. Agarré el coche y me fui por los pueblos de Madrid, Castilla y León y La Mancha a vender mi obra como un viajante, puerta a puerta. Siempre he sido muy buen vendedor. En aquella ocasión pude beneficiarme de la popularidad que había alcanzado en la tele. Acababan de ser las elecciones y a los concejales que me recibían, muchos recién llegados al cargo, les costaba decirle no a un actor que conocían de la tele

 

– No les ofrecía teatro sofisticado, precisamente.

Desde el primer momento tuve claro que quería hacer comedias para todo el mundo. El teatro cumple varias funciones. Para hacer vanguardia o productos arriesgados están los teatros nacionales o La Abadía. Yo arriesgaba mi dinero con el objetivo de llegar a ese sector más amplio del público que pide diversión con buenas obras bien hechas. Por eso debutamos con Descalzos en el parque, de Neil Simon, el padre de la comedia de situación americana.



– ¿Diría que ha acertado?

– Llevamos hechas más de 3.000 representaciones de 20 producciones distintas. Eso significa algo. Cada año me llaman de muchos ayuntamientos para preguntarme: “Oye, Jesús, de eso que tú haces, ¿qué me puedes ofrecer?”. Me piden teatro popular que llegue a todo el mundo, que sirva para las fiestas, pero hecho con mucha calidad.

 

– ¿Ha llegado a plantearse la posibilidad de dedicarse en exclusiva a la producción?

– Muchas veces, pero nunca he dado ese paso porque en realidad hago todo esto para divertirme en el escenario. Durante ese rato en el que estás ahí arriba metido en el personaje se te olvida todo. Hasta los dolores. Es psicosomático, un puro disfrute, y no voy a renunciar a él, me da igual donde lo haga. Desde que creé Descalzos no me ha faltado trabajo, porque yo mismo me lo he creado, pero siempre he aceptado lo que me propusieran.



– ¿Qué siente cuando vuelve la mirada atrás?

– Que no he parado de aprender. También veo que podría haber aprovechado mejor algunos personajes. La culpa fue mía por meterme en tantos charcos. Cuando mi carrera estaba afianzada saqué dos discos y participé incluso en el Festival de Benidorm, donde estuve a punto de ganar, por cierto.

 

– ¿Qué buscaba?

– Seguir sintiéndome ese chico que quiere hacer cosas. Es que yo, en mi fuero interno, pensaba que podía vender 100.000 discos y hacer conciertos a lo bestia. Me hice adulto muy tarde, diría que pasados los 50.

 

– ¿Y ahora?

– Ahora solo sé que soy un actor en activo que trabaja muchísimos días al año y que se cuida la voz, hace deporte, estudia y se prepara a diario para ese personaje que está por llegar. Me ha preguntado qué veo cuando echo la mirada atrás. Veo a ese chaval que quería ser actor. En 1987, cuando era industrial de la confección en Talavera de la Reina y traspasé el negocio, una persona me preguntó: “¿Por qué lo haces, si te va bien?”. Y le contesté: “Porque en 1990 va a llegar la tele privada y quiero estar preparado”. Tres años después esa persona alucinó al verme en una serie. Sigo siendo ese chaval que se sube al escenario a jugar.



– Solo le oigo hablar de teatro.

– Me gustaría hablar también de cine o televisión, pero es lo que hay en mi vida. Desde 1999 no he protagonizado ninguna serie. Cuando te tiras tanto tiempo alejado de ese medio, te quedas fuera del circuito, dejan de pensar en ti para papeles que, por edad, podrías hacer. Por mí que no quede: soy un tipo que no le dice que no a nada. Cada vez que me llama mi repre para hacer una prueba, voy.

 

– Cuénteme algo que haya aprendido del oficio en este tiempo.

– Nunca montaría una obra sin contar con un buen coach. Confío mucho en esa figura. Es el secreto de numerosos actores de primera línea, de aquí y de fuera. El trabajo que han hecho conmigo personas como Pilar Massa, Raquel Pérez o Yolanda, mi mujer, me ha ayudado muchísimo.

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