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27-01-2014

 
 
José Luis Gómez, “cómico a secas”, ingresa en la RAE 
 

 
Después de perder a Fernán-Gómez, la Academia vuelve a tener un actor entre sus miembros. Ocupará el sillón Z, vacante desde 2009 tras la muerte de Francisco Ayala


 
EDUARDO VALLEJO
Reportaje gráfico: Real Academia Española
Cualquier aficionado al arte de Talía firmaría que cada año hubiera 52 semanas como esta. El jueves 23 se confirmaba oficialmente el inopinado hallazgo de un manuscrito de Mujeres y criados, comedia de Lope que se creía extraviada para siempre y que dormía el sueño de los justos en un anaquel de la Biblioteca Nacional. Y este domingo 26 de enero el mundo de las tablas, tan zarandeado por la crisis, la subida del IVA cultural y otras tempestades, se tomaba un respiro para celebrar otro venturoso acontecimiento: la toma de posesión como miembro de la Real Academia Española del actor José Luis Gómez (Huelva, 1940), que de este modo toma simbólicamente el relevo de Fernando Fernán-Gómez, el primer cómico que, entre 2000 y 2007, tuvo plaza en la Academia.
 
   Gómez ocupará el sillón Z, vacante desde el fallecimiento en 2009 de su anterior titular, el escritor Francisco Ayala. El nuevo académico fue propuesto en su día, según marca el ritual, por tres miembros de la institución, el filósofo Emilio Lledó, el escenógrafo y dramaturgo Francisco Nieva y el periodista Juan Luis Cebrián. El pleno académico lo eligió por amplia mayoría el 1 de diciembre de 2011.
 
 

Gómez, junto a los compañeros de profesión que le acompañaron en esta tarde inolvidable: Julia Gutiérrez Caba, Lluís Pasqual, Núria Espert, Carmen Machi y Pilar Bardem, presidenta de AISGE. Foto: AISGE

Gómez, junto a los compañeros de profesión que le acompañaron en esta tarde inolvidable: Julia Gutiérrez Caba, Lluís Pasqual, Núria Espert, Carmen Machi y Pilar Bardem, presidenta de AISGE. Foto: AISGE

 
 
   En estos dos años el actor ha colaborado con la Academia, actualmente inmersa en la celebración de su tercer centenario; primero participando a finales de 2011 en la presentación del tercer volumen de la Nueva Gramática con la lectura del soneto de Quevedo Amor constante, más allá de la muerte, y en 2013 poniendo voz al vídeo institucional de su flamante portal en Internet. Pero ha habido que esperar hasta ahora para verlo subirse al estrado del imponente salón de actos de la sede académica y tomar posesión de su plaza con el tradicional discurso de ingreso.
 
Como la función de las siete
Al esperado acto acudieron un buen número de académicos y muchas caras conocidas, en gran medida procedentes del colectivo de actores, representado oficialmente por Pilar Bardem y Abel Martín, presidenta y director general de AISGE. En la misma zona de asientos se veía a reconocidos intérpretes, como Nuria Espert, José Sacristán, Julia Gutiérrez Caba o Carmen Machi, discípula de Gómez en los inicios del Teatro de la Abadía, y tampoco faltaban autores y directores teatrales, como Lluís Pasqual, Álex Rigola, Alfredo Sanzol o Miguel del Arco. Sin embargo, el tirón del actor onubense también atrajo a personalidades de otros ámbitos, como el jurista Antonio Garrigues Walker, el político Jaime Lissavetzky o el cineasta y ahora también novelista Manuel Gutiérrez Aragón.
 
 

José Luis Gómez, durante la lectura de su discurso

José Luis Gómez, durante la lectura de su discurso

 
 
   A las siete de la tarde, coincidiendo con la hora de la función de domingo en los teatros, José Luis Gómez, flanqueado por los académicos Carme Riera y Miguel Sáenz, hizo su entrada por el pasillo central del auditorio y procedió a leer su discurso de ingreso: Breviario de teatro para espectadores activos, una disertación de sesenta minutos cabales, ni uno más ni uno menos, a la que dio contestación –otro ritual de la ceremonia académica– uno de sus mentores, el periodista y presidente de PRISA Juan Luis Cebrián.
 
   Siguiendo una tradición acrisolada desde mediados del XIX, la alocución del actor dio comienzo con un exordio compuesto por un agradecimiento a la institución y un elogio a su predecesor, el escritor Francisco Ayala. El orador pronto arrancó la sonrisa del público mostrando fingida incredulidad ante el hecho de que la Academia opte por un cómico “a secas” (sin obra escrita): “Mi presencia aquí y ahora puede deberse a un error y en ese caso, que puedo imaginar, no sabría bien dónde meterme [...] Puede que la Real Academia Española haya dejado un resquicio por el que se pueda colar un cómico a secas. A ver qué pasa”.
 
 

El desde ahora nuevo académico, acompañado por Carmen Riera y  Miguel Sáenz

El desde ahora nuevo académico, acompañado por Carmen Riera y Miguel Sáenz

 
 
   Seguidamente rememoró los tiempos en que asaeteaba a preguntas a Camilo José Cela para preparar su Pascual Duarte, pertinacia que el sin par novelista combatía llamando al actor “mosca borriquera”. Y por último se lamentó (“Conservo los recuerdos y me intrigan los olvidos”) de no haber conocido más a fondo a su predecesor Francisco Ayala, a quien encargó una traducción del Woyzeck de Büchner que finalmente no llegó a buen puerto.
 
Excelentísimos académicos
Llegados a este punto, Gómez abordó el grueso de su discurso, y lo hizo levantando a más de uno de su asiento con un estentóreo y teatral “¡Excelentísimos señores académicooos!” que remedaba el inicio del Informe para una academia de Kafka, con el que el actor volvió a España a principios de los setenta, tras un largo período de aprendizaje en Alemania, Polonia y Francia. Pasado el susto y el pícaro paralelismo, Gómez desarrolló una serie de ideas bien trabadas sobre la experiencia teatral: el papel del actor como mediador entre la palabra escrita y el espectador; el hecho teatral como vuelta a la oralidad primigenia previa a la alfabetización y a la imprenta; la función del director de escena que “debería ser el mejor lector posible de la obra del autor, su interrogador más testarudo”; la importancia de los ensayos, donde “los personajes se van haciendo personas”, la falsa concepción del teatro como mero entretenimiento...
 
   De nuevo arrancó el actor las risas del público con la advertencia de que la imaginación del intérprete es como una liebre asustadiza a la que los impacientes resoplidos del director (cazador) hacen que “se repliegue en su madriguera y no asome sus orejas”.
 
 

En la entrada al magno salón de actos

En la entrada al magno salón de actos

 
 
   Para finalizar, culminó con una lectura dramatizada, en perfecto acento andaluz, de la confesión del Sordo de Triana, extracto de la obra Sacrilegio de Valle-Inclán, parte a su vez del Retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte, un montaje con el que Gómez puso en marcha el Teatro de la Abadía en 1995. En la obra, el Sordo muere de un trabucazo que Gómez dramatizó con el gesto de un disparo en la sien y con esto terminó su intervención, dando paso a una estruendosa ovación tan calurosa como la del público del teatro, aunque las de este escenario fueran otras tablas.
 
Entre compañeros
Tras el discurso de contestación de Juan Luis Cebrián, que aunó semblanza biográfica y humana del actor con admoniciones a las autoridades educativas por el menosprecio de la oratoria y el arte dramático, el director de la Academia, José Manuel Blecua, hizo entrega al nuevo académico de su medalla y diploma, y pronunció la última frase del ceremonial: “Don José Luis Gómez, puede sentarse entre sus compañeros”. Y así lo hizo.
 
 

En el momento de la recepción del diploma académico

En el momento de la recepción del diploma académico

 
 
   Terminado el acto, el vestíbulo de la Docta Casa era un hervidero de gente donde se mezclaban académicos con admiradores, adustos chaqués con fulares de colores. Entre ellos estaba Natalia Menéndez, actriz y directora del Festival de Teatro Clásico de Almagro, que aplaudió el discurso de José Luis Gómez “por su defensa de la oralidad, que ha quedado muy explícita al elegir un texto de Valle, algo muy significativo”. Asimismo, le pareció muy oportuna su actuación “porque es de nuestros mejores intérpretes y por eso está aquí”. Finalmente, con respecto a las expectativas generadas entre el colectivo teatral, Menéndez cree que contribuirá “a dar a los cómicos esa cuota de respeto que tanto se les niega en este país”.
 
   A las puertas del auditorio pudimos también recabar la opinión del académico Pedro Álvarez de Miranda, director de la nueva edición del Diccionario de la Lengua y buen conocedor de los discursos académicos a través de la historia de la institución, ya que sobre ellos versó el suyo propio. Resaltó la belleza de este en particular y el hecho de que “dentro de la tipología de rarezas, es el único que contiene un fragmento teatral”. Y concluyó: “Parecía difícil innovar en el género, pero José Luis lo ha conseguido”.
 
 

Gómez, al finalizar el acto

Gómez, al finalizar el acto

 
 
   Está previsto que con motivo de las conmemoraciones del tricentenario de la RAE, José Luis Gómez dirija en 2014 el proyecto Cómicos de la Lengua, una serie de lecturas representadas por destacados nombres de nuestra escena y cuya finalidad es la recopilación oral de algunos de los textos más significativos de la historia de nuestra literatura hasta el siglo XX.

Portada del libro editado por la RAE con el discurso de Gómez y la respuesta de Cebrián

Portada del libro editado por la RAE con el discurso de Gómez y la respuesta de Cebrián

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